¿Qué tan cercanos eran la princesa Diana y su hermano Charles? Un repaso de su compleja relación familiar
Mientras el hermano menor de Diana libra una batalla contra el palacio por las escandalosas revelaciones de su nuevo libro sobre su hermana, Katie Rosseinsky examina más de cerca su relación fraternal, desde la profunda conexión que tuvieron en la infancia hasta la fricción y el distanciamiento que enfrentaron en la adultez
Cuando Charles, el noveno conde de Spencer, pronunció su mordaz elegía en el funeral de su hermana Diana, pareció el primer ataque en una guerra de palabras con los Windsor. Tras describir intencionalmente a los Spencer como “familia de sangre”, aseguró que harían todo lo posible para evitar que William y Harry se vieran “simplemente absorbidos por el deber y la tradición”, una clara crítica a la sofocante cultura palaciega con la que tanto batalló su hermana. Al finalizar el discurso se produjo un silencio sepulcral, hasta que una ola de aplausos estalló entre la multitud reunida a las afueras de la Abadía de Westminster.
Treinta años después, el hermano menor de Diana lanzó otra bomba verbal contra la familia real. En su próximo libro, Swan Song: Diana, My Sister, el hombre de 62 años alega que pocos días después de la prematura muerte de la princesa de Gales en 1997, su exmarido Carlos le dijo: “¡No te preocupes, la olvidaremos muy pronto!”.
La afirmación resulta tan sorprendente que provocó que el palacio manifestara una inusual refutación. “Si bien, por principio, no hacemos comentarios sobre libros, su majestad es consciente de que el dolor del duelo fraterno puede nublar la razón, afectar el juicio y teñir la memoria de maneras que otros no reconocen, incluso muchos años después de tal pérdida”, declaró un portavoz de la realeza en respuesta.
Quizás sea la versión del rey Carlos de la famosa frase, tan sobria, de su madre: “Los recuerdos pueden variar”. Pero seguramente esta no será la única revelación impactante con la que los Windsor tendrán que lidiar cuando se publique Swan Song el 22 de septiembre. El libro marca “la primera vez que el conde de Spencer habla abierta y extensamente sobre su hermana”, según declaraciones de sus editores.

Él mismo admite que su objetivo era “contar la verdad sobre Diana” desde su perspectiva como hermano, tal como intentó “hacer al hablar en su funeral”. Y al igual que en el discurso fúnebre, quiere “hablar en nombre de Diana y hacerlo de una manera abiertamente positiva”. El énfasis en el “discurso fúnebre” probablemente bastaron para poner en alerta máxima al equipo de prensa del palacio cuando se anunció el libro hace apenas un mes.
Por supuesto, existen innumerables libros, películas, documentales y programas de televisión, tanto reales como de ficción, que han intentado retratar a la “verdadera” princesa Diana. Pero su hermano, su compañero inseparable durante su complicada infancia y quien se ha erigido como defensor del legado de Diana en los años posteriores a su muerte, se encuentra en una posición privilegiada para hacerlo. Su vínculo se forjó en la tristeza y el aislamiento de su turbulenta educación aristocrática, pero se puso a prueba a medida que la vida pública y privada de la princesa se volvía cada vez más compleja.

Diana era la tercera hija de John, quien se convertiría en el octavo conde de Spencer, y de su esposa Frances. Nació en 1961, poco después de que muriera su primogénito. Sin embargo, la pareja se sentía abrumada por la presión de tener otro heredero varón para heredar la finca de Althorp, y este impulso era evidente incluso para la joven Diana, quien durante toda su infancia estuvo atormentada por la sensación de no haber sido deseada.
Diana alguna vez contó que llegó a escuchar a su hermano menor llorando en la noche por la ausencia de su madre, pero le daba mucho miedo la oscuridad para salir de su recámara a consolarlo
Pero cuando llegó un niño unos años después, en 1964, para gran alivio de sus padres, ella no sintió resentimiento hacia el nuevo miembro la familia. Al contrario, ella y Charles no tardaron en forjar una amistad; Diana caminaba junto con la niñera cuando paseaba a Charles en su cochecito, y a veces los dos pequeños se cruzaban con la reina Isabel II mientras recorrían el parque de la finca de Sandringham, donde vivían. “Lo que hacía que fuera una verdadera alegría estar con ellos era la magnífica hermana mayor que era”, le contaría más tarde su primo Robert a la biógrafa Tina Brown.
En cuanto a John y Frances, tuvieron un matrimonio infeliz sin poder resolver los estragos causados por su búsqueda de un heredero. Cuando Diana tenía seis años y Charles tres, Frances dejó a su marido por Peter Shand Kydd, heredero de una fortuna de un negocio familiar de papel tapiz; nadie ofreció una explicación adecuada a los niños, quienes no entendían por qué su madre parecía haberse marchado de manera tan abrupta.
Diana alguna vez contó que llegó a escuchar a su hermano menor llorando en la noche por la ausencia de su madre, pero le daba mucho miedo la oscuridad para salir de su recámara a consolarlo, y se sentía culpable por haberlo abandonado dos veces. Finalmente, John obtuvo la custodia de sus cuatro hijos, y mientras sus hermanas mayores, Sarah y Jane, estaban en un internado, los pequeños Spencer pasaban los fines de semana yendo y viniendo entre la casa familiar y el apartamento de su madre en Londres.
La experiencia fue tan significativa para ambos que Charles la recordaría más tarde en su homenaje fúnebre. “No había cambiado en absoluto; seguía siendo la misma hermana mayor que me cuidó de bebé, discutía conmigo en el colegio y soportaba conmigo esos largos viajes en tren entre las casas de nuestros padres los fines de semana”, recordó.

Su padre tampoco era precisamente un progenitor muy presente, ni siquiera para los estándares de la época. Los niños comían en su habitación con la niñera, mientras que John lo hacía en el opulento comedor. Absorto en las preocupaciones económicas y las consecuencias del divorcio, se mantenía distante, lo que solo hacía que el vínculo entre Carlos y Diana se fortaleciera.
La relación entre ambos era tan estrecha que, el primer día de colegio de Charles en Norfolk, Diana estaba demasiado inquieta y preocupada por cómo se estaba adaptando su hermano. “Se movía inquieta y no prestaba atención”, recordó él. Con el permiso de la profesora, salió del aula para ver cómo estaba, “y al volver le dijo a la directora: ‘¡Está bien!’, y se sentó”.
Cuando John heredó Althorp de su padre en 1975, se mudaron de Norfolk a Northampton, y Diana y Charles "recorrieron los pasillos desconocidos”, escribe Brown; para entonces, sus hermanas mayores se habían mudado a Londres para comenzar sus propias vidas, lo que significaba que fueron los dos Spencer más jóvenes quienes soportaron la peor parte del traslado a esta abrumadora y costosa propiedad.
Charles aún era un estudiante adolescente en Eton cuando Diana se comprometió con el otro Charles, por lo que sus opiniones sobre la vida amorosa de su hermana no eran de dominio público (aunque uno solo puede imaginar lo que pensaba sobre que Diana terminara con alguien que ya había salido con su hermana mayor, Lady Sarah). Para él, “se veía tan feliz como nunca la había visto”, recordó más tarde en conversaciones con Brown. “Era algo sincero, porque nadie con intenciones falsas podría verse tan feliz”.
Cuando Diana se vio expuesta al ojo público, Spencer “rápido entendió” que su papel sería ser franco y directo con ella y seguir tratándola como a una hermana en lugar de como a la princesa de Gales, para intentar mantenerla con los pies en la tierra, cuando otros a su alrededor pudieran convertirse, en esencia, en aduladores y personas que le decían que sí a todo.
Creo que le resultaba difícil oír nada más que lo maravillosa que era la vida, pero yo pensaba que ese era mi deber
“Recuerdo haber ido a una cena poco después de que ella se convirtiera en lo que se convirtió, organizada por una especie de amigos en un salón privado de un restaurante en Fulham”, detalló más tarde en declaraciones a The Times. Y señaló: “Recuerdo haber pensado: ‘Caramba, todos la están adulando como locos’. Me di cuenta de que mi trabajo era ser un hermano incondicional y simplemente seguir siendo el mismo”.
Según admitió, la dinámica a veces podía resultar “difícil”, ya que se veía obligado a “decirle cosas que la gente no le decía de forma cariñosa y constructiva”. Desde su perspectiva, era su “deber” aunque a ella le “resultaba difícil oír otra cosa distinta a lo maravillosa que era la vida”.
En 1992, Charles heredó la propiedad tras la muerte de su padre. Poco después de que John Major anunciara la separación de Diana del príncipe en diciembre de ese año, ella pasó la Navidad en Althorp con su hermano y su primera esposa, Victoria, mientras que sus hijos pequeños se unieron a las celebraciones reales sin ella en Sandringham.
Fue una época de desesperación y dolor. “Se acostaba temprano, cabizbaja y llorando”, según un reportaje del Sunday Mirror, pero pareció despertar en Diana la idea de usar la residencia familiar como un posible refugio. Poco después, consideró mudarse a Garden House, una villa de estilo palladiano en la finca.
Sin embargo, era un lugar demasiado expuesto para que viviera la mujer más fotografiada del mundo. “Diana soñaba con llevar una vida normal después”, declaró Charles más tarde a BBC Radio 4. “Pero la casa que tanto deseaba en el parque tenía tres habitaciones y estaba a cien metros de la carretera. Y simplemente no era posible. La policía sabía que no funcionaría”, planteó.
Su hermano le ofreció entonces “todas las demás propiedades adecuadas de la finca”, incluida la histórica mansión de Wormleighton, y él tenía la convicción de “que era la decisión correcta para ella, aunque no se diera cuenta”.
Se dice que ella rechazó todas sus demás propuestas, y el incidente pareció provocar un distanciamiento en su relación, sin que se dejaran de hablar por completo. De hecho, el desprestigiado periodista Martin Bashir le mostró documentos falsificados a Charles como parte de sus intentos por conseguir la infame entrevista de Panorama de 1995, con la estrategia de ganarse primero la confianza de su familia para obtener acceso a la princesa.
Pero, al parecer, la relación entre los hermanos no era del todo armoniosa. Cuando el mayordomo de Diana, Paul Burrell, incluyó correspondencia privada de su familia y suegros en sus memorias de 2003, A Royal Duty, una de las cartas era una misiva de 1996 de Charles a su hermana mayor.

Según se informa, en la carta afirmó haber aceptado hacía tiempo que él “era una parte secundaria” de la vida de Diana, y que era más fácil para él y su familia “estar en esa posición”, dado “el dolor y la consternación que su amistad voluble había causado a tantos”. También se afirma que escribió que “la manipulación y el engaño formaban parte de la enfermedad”, refiriéndose a su bulimia, y añadió que esperaba que ella “recibiera un tratamiento adecuado y comprensivo para sus problemas mentales”.
Cabe destacar que la relación entre Burrell y los Spencer era tensa; el mayordomo incluso tildó al conde de “hipócrita” tras su discurso fúnebre y sostuvo que escucharlo le había “provocado náuseas”. Por su parte, Spencer describió la carta como “correspondencia privada sacada de contexto y fuera de lugar”. Añadió que todas las amorosas cartes que le envió no tenían “el mismo valor comercial que esta”, a la que calificó como “un intento sincero de ayudarla en su momento más difícil”.
Su discurso fúnebre marcó el inicio de los esfuerzos de Spencer por proteger el legado de su hermana. Como custodio de Althorp, se aseguró de que su hermana fuera enterrada en un lugar privado de la finca familiar, lejos de la mirada pública; según declaró en una entrevista de 2024, aún visita el lugar “prácticamente todos los días”. Ha descrito el dolor de perder a su hermana tan joven como una especie de “amputación”: “Ya no comparto mi infancia con nadie”, explicó, “y esa es una gran pérdida que nunca se puede reparar del todo”.

Aunque fue nombrado tutor de William y Harry en el testamento de Diana, Spencer afirmó en 2002 que los Windsor lo habían excluido. “Lo que puedo decir es que quizás no se les anime a mantener contacto con la familia materna”, declaró a The Guardian. En aquel momento, el palacio afirmó que se trataba de un “asunto familiar privado”.
Sin embargo, cualquier distanciamiento que existió durante su infancia parece haberse reducido, especialmente entre Spencer y su sobrino menor, Harry, quien, al igual que su madre, aparentemente ha adoptado Althorp como refugio, usándolo como base durante sus visitas de California al Reino Unido mientras persiste su distanciamiento de la otra rama de su familia. El año pasado, incluso hubo informes que sugerían que Harry había considerado cambiar su apellido a Spencer.
Podemos imaginar que hubo un intercambio de ideas entre tío y sobrino sobre lo que se necesita para escribir unas memorias que hagan enojar a la realeza. Y, en cierto modo, ¿no encaja también con el legado de Diana?
Traducción de Michelle Padilla






Bookmark popover
Removed from bookmarks