La verdadera razón por la que Harry y Meghan podrían dejar Hollywood para regresar a Reino Unido
Muchos creen que los duques de Sussex decidieron regresar al Reino Unido porque sus carreras en el mundo del entretenimiento han perdido impulso. Sin embargo, Dan Wakeford, exeditor de la revista People y fundador del sitio Celebrity Intelligence, sostiene que esa explicación no encaja y apunta a un motivo mucho más personal y emocional detrás de la decisión
Los titulares de esta semana han presentado el regreso de Harry y Meghan al Reino Unido como una especie de retirada: una pareja cuya apuesta por Hollywood no salió como esperaba y que ahora vuelve a casa para empezar de nuevo. Es una explicación sencilla y también una narrativa que han impulsado algunos de sus críticos. Sin embargo, la realidad parece ser más compleja.
Durante buena parte de este año he investigado las finanzas y la trayectoria de los duques de Sussex en la industria del entretenimiento para mi boletín Celebrity Intelligence. Para ello, hablé con fuentes del sector, abogados, un consultor de relaciones públicas cercano a su entorno y personas vinculadas tanto a la pareja como a Netflix.
De esas conversaciones surge un panorama mucho más matizado que la idea de que Harry y Meghan regresan porque están “arruinados y desesperados”. Si bien su paso por el mundo del entretenimiento ha tenido éxitos y tropiezos, los indicios apuntan a que esa no es la razón principal de su regreso al Reino Unido. El verdadero motivo parece estar mucho más relacionado con Harry.
Eso no significa, sin embargo, que todo haya salido como Harry y Meghan esperaban en Estados Unidos. Cuando llegaron a Hollywood, lo hicieron con un proyecto ambicioso: crear una productora capaz de desarrollar contenidos que entretuvieran y, al mismo tiempo, generaran algún tipo de impacto social. Para entender qué ocurrió con ese plan, conviene mirar más allá de las grandes cifras que acompañaron sus primeros acuerdos.
Uno de los ejemplos más claros es su contrato con Netflix. Aunque en un principio se informó que alcanzaba los 100 millones de dólares, fuentes cercanas al acuerdo consultadas por Celebrity Intelligence aseguran que su valor real rondaba los 60 millones de dólares, una vez considerados los costos de desarrollo, gastos operativos y pagos sujetos a la entrega de producciones.
Desde el comienzo, además, hubo dudas dentro de la industria sobre cuánto pesaba el vínculo de la pareja con la realeza británica. El abogado especializado en entretenimiento Jonathan Handel sostuvo que parte del atractivo para Netflix era, precisamente, poder trabajar con un miembro de la familia real. A su juicio, un acuerdo de esa magnitud difícilmente se habría concretado sin ese factor.
Con el paso del tiempo, la relación entre los Sussex y Netflix comenzó a perder fuerza. A principios de este año, Matt Donnelly, de Variety, informó sobre un deterioro del vínculo y citó a una fuente que describió el ambiente dentro de la compañía con una frase contundente: “Ya terminamos”.
A esto se sumaron los resultados de With Love, Meghan. Según una fuente de Netflix, la audiencia estuvo “a la par de otras series de estilo de vida”, sin convertirse en el gran éxito que algunos podían esperar. En paralelo, la compañía comenzó a reducir su participación en As Ever, la marca vinculada a Meghan.
Netflix, no obstante, ha rechazado las versiones más negativas sobre el estado de la relación. Bela Bajaria, directora de contenidos de la plataforma, describió a Archewell, el grupo de empresas de la pareja, como un socio “atento y colaborativo”.
Lo cierto es que el acuerdo exclusivo de cinco años terminó siendo reemplazado por un esquema de “primera opción”, mediante el cual Netflix puede evaluar los nuevos proyectos antes de que sean ofrecidos a otras compañías. Para fuentes de la industria, el cambio refleja una relación comercial menos estrecha que la que ambas partes mantuvieron al comienzo.
Pero ese desgaste no significa que la experiencia de Harry y Meghan en el mundo del entretenimiento haya sido un fracaso. La docuserie Harry & Meghan, por ejemplo, logró el mayor estreno de un documental en la historia de Netflix, con 81,55 millones de horas vistas en sus primeros cuatro días. A su vez, las memorias del príncipe, Spare, se convirtieron, según Guinness World Records, en el libro de no ficción de venta más rápida de la historia.
Algo similar ocurre con Cookie Queens, el documental sobre las Girl Scouts del que Harry y Meghan fueron productores ejecutivos. El proyecto fue presentado por algunos como otra señal de sus dificultades en Hollywood después de no conseguir de inmediato distribución comercial tras su paso por Sundance. Sin embargo, fuentes consultadas por Celebrity Intelligence aseguran que su objetivo era competir durante la temporada de premios y no convertirse en un gran estreno de taquilla. Más tarde, la producción ganó el premio del público en SXSW y fue adquirida por Roadside Attractions para su distribución.
En conjunto, la trayectoria de los Sussex en Hollywood muestra un balance desigual: algunos proyectos no alcanzaron las expectativas iniciales y ciertas alianzas perdieron fuerza, pero también hubo éxitos importantes. Por eso, atribuir su regreso al Reino Unido únicamente a un supuesto fracaso profesional deja fuera una parte importante de la historia.

En contraste, Con amor, Meghan recibió críticas y burlas desde su estreno, en particular por la falta de experiencia doméstica que algunos consideraban necesaria para sostener un programa de este tipo. Sin embargo, en julio la producción consiguió su primera nominación al Emmy, al quedar entre las candidatas a Mejor Programa de Estilo de Vida en los Daytime Emmys. El reconocimiento dejó una aparente contradicción: un programa puede convertirse en blanco de críticas y, al mismo tiempo, recibir el respaldo de la industria.
Mientras tanto, otro proyecto de la pareja, un drama sobre el mundo del polo, lleva tres años en desarrollo. Para el abogado especializado en entretenimiento Jonathan Handel, semejante demora representa una señal de alerta. “Si lleva tres años en desarrollo, no es una buena señal”, afirmó. “Netflix no se dedica a aprobar buenos productos y dejarlos olvidados mientras la cultura cambia”.
Mark Borkowski, consultor de relaciones públicas que ha seguido desde fuera la trayectoria de los Sussex en Hollywood, fue más crítico. “Siempre fue una farsa”, sostuvo. A su juicio, el verdadero parámetro para evaluar este tipo de acuerdos es la cantidad y calidad de las producciones que consiguen llegar al público: “Después de conceder unas cuantas entrevistas, no queda mucho más que decir”.
Borkowski considera, además, que parte del problema estuvo en el equipo que Harry y Meghan construyeron a su alrededor. Según su análisis, la pareja no se rodeó de colaboradores dispuestos a cuestionar sus decisiones y terminó creando lo que calificó como una “industria de vanidad”. Como contraste, mencionó a Barack y Michelle Obama, quienes, en su opinión, formaron un equipo sólido y supieron escuchar a sus asesores.
Fuentes cercanas al entorno de los Sussex apuntan a otra dificultad: con el tiempo, se habrían quedado sin suficientes historias propias que quisieran llevar a la pantalla. Harry, en particular, ya no estaría dispuesto a recurrir a sus experiencias dentro de la familia real como fuente de contenido, debido al impacto que sus revelaciones anteriores tuvieron en la relación con sus familiares.
Al descartar ese material, las opciones se redujeron. Y, a diferencia de los Obama, Harry y Meghan no habrían logrado consolidar un equipo creativo interno capaz de desarrollar de forma constante proyectos originales con una identidad propia.
El balance de su etapa en Hollywood, por tanto, está lejos de ser uniforme: incluye grandes éxitos, proyectos que no cumplieron las expectativas, una inesperada nominación al Emmy y varias iniciativas que no terminaron de despegar. En una industria que mide sus apuestas por los resultados comerciales y rara vez tiene paciencia ante tropiezos consecutivos, la trayectoria podría resumirse de una manera más sencilla: hubo aciertos y errores, pero no fue un desastre.

Sin embargo, ninguno de esos altibajos profesionales parece explicar por qué Harry y Meghan decidieron regresar al Reino Unido. Cuando hablé a principios de este año con personas cercanas al príncipe para Celebrity Intelligence, hubo un tema que apareció una y otra vez sin necesidad de preguntarlo: Harry extrañaba su país y su antigua vida, aunque ese sentimiento a veces se presentara como parte de sus nuevas ambiciones.
“No le preocupa aparentar riqueza. Le importa que se vea que está haciendo un buen trabajo”, explicó una fuente, que describió a un Harry que extrañaba a su familia, sus amigos y la vida que dejó atrás. Según esa persona, el príncipe incluso estaría dispuesto a llevar un estilo de vida más modesto si eso le permitiera recuperar parte de lo que perdió. Otra fuente cercana a su entorno fue más tajante y aseguró que la pareja era “profundamente infeliz”.
Una muestra de ese Harry más relajado pudo verse en julio, cuando apareció casi sin previo aviso en el pódcast de rugby Joe Marler Will See You Now. Recibió al conductor con abrazos, habló con franqueza sobre el duelo y los Juegos Invictus y bromeó durante buena parte de la conversación.
La imagen contrastaba con la versión más cuidada del príncipe que suele aparecer en los documentales de Netflix. En el pódcast se mostró espontáneo, bromista y cómodo en un entorno que parecía resultarle familiar. Después de seis años en Estados Unidos, con una vida marcada por acuerdos de producción y compromisos profesionales, fue una de sus apariciones públicas más distendidas de los últimos tiempos.
Ese comportamiento coincide con algo que Celebrity Intelligence ya había señalado semanas antes de conocerse la mudanza. Cuando Harry y Meghan abandonaron sus funciones como miembros activos de la familia real en enero de 2020, el príncipe buscaba conservar cinco elementos: el contacto con su familia, sus patronazgos, la posibilidad de generar ingresos propios, mayor control sobre su agenda y una vida repartida entre el Reino Unido y Norteamérica.
Según el análisis del autor, Harry ya había conseguido buena parte de esos objetivos, aunque con la fórmula invertida: estableció su residencia principal en Estados Unidos y mantuvo los viajes al Reino Unido.
Por eso, el regreso no supondría empezar de cero, sino modificar nuevamente ese equilibrio y dar más peso a su vida en territorio británico. Al mismo tiempo, lo acercaría en la práctica al modelo de vivir entre dos países que Harry y Meghan plantearon en 2020, aunque sin recuperar el esquema de funciones reales a tiempo parcial que la reina Isabel II descartó entonces.
En otras palabras, el detonante del regreso no habría sido Netflix, sino el rey Carlos III. El monarca fue informado el domingo sobre la mudanza y, según trascendió, recibió la noticia con agrado, en lo que representa el paso más cálido hasta ahora en el acercamiento entre padre e hijo.
Ese proceso había comenzado a tomar forma en julio, cuando ambos mantuvieron un encuentro privado durante una de las visitas más importantes de Harry al Reino Unido en los últimos años. Desde esa perspectiva, la posibilidad de recomponer el vínculo con su padre habría pesado más en la decisión de volver que cualquier acuerdo con una plataforma de streaming.
La carrera de Harry y Meghan en el mundo del entretenimiento seguirá siendo objeto de análisis porque es la explicación más fácil de leer desde Hollywood. Sin embargo, para quienes han seguido de cerca a su entorno durante este año, el regreso parecía responder desde hace tiempo a razones mucho más personales que profesionales.
Traducción de Leticia Zampedri





Bookmark popover
Removed from bookmarks