Trump y el “nuevo orden mundial”: líderes abandonan a EEUU en alianzas globales

El presidente Donald Trump da. Y también quita.
Ofendido por la postura cada vez más asertiva del primer ministro canadiense, Mark Carney, hacia Estados Unidos, el presidente estadounidense Donald Trump le revocó la invitación para que se uniera a su Junta de Paz. Muchos aliados occidentales desconfían de la organización, presidida por el republicano, que inicialmente se formó para centrarse en mantener el alto al fuego en la guerra de Israel contra Hamás, pero que se ha convertido en algo que los escépticos temen que pueda rivalizar con la Organización de las Naciones Unidas.
En su comparecencia ante el Foro Económico Mundial, Trump habló de cuando impuso aranceles a Suiza —que finalmente redujo— porque la líder del país “me irritó” durante una llamada telefónica. Antes de dejar de lado los aranceles generalizados a varios países europeos, el mandatario presionó a Dinamarca para que “dijera que sí” al intento estadounidense de controlar Groenlandia “y lo agradeceremos mucho. O pueden decir que no y lo recordaremos”, declaró, lo que pondría en peligro la alianza de la OTAN.
A lo largo de sus décadas de vida pública, Trump nunca ha sido muy dado a las cortesías. Pero incluso para sus estándares, el alboroto de la semana pasada destacó porque cristalizó su determinación de borrar el orden basado en normas que ha regido la política exterior estadounidense —y, por extensión, la de la mayor parte del mundo occidental— desde la Segunda Guerra Mundial.
El presidente y sus partidarios han desestimado ese enfoque por considerarlo ineficiente, demasiado centrado en el compromiso y falto de respuesta a las necesidades de quienes se enfrentan a un cambio económico acelerado. Pero, en su lugar, Trump impulsa un sistema poco comprendido y que podría resultar mucho menos estable, impulsado por los caprichos de un solo líder, a menudo voluble, quien demuestra constantemente que la adulación o la animosidad hacia él pueden influir en sus decisiones.
Al regresar a Estados Unidos desde Davos, sede del Foro Económico Mundial, la senadora republicana de Alaska, Lisa Murkowski, comentó que la frase que escuchó “una y otra vez” fue que “estamos entrando en este nuevo orden mundial” al describir la sensación de confusión entre los aliados.
“Podría ser que acabas de tener una mala llamada telefónica con el presidente (estadounidense) y ahora tendrás aranceles en tu contra”, dijo a la prensa. “Creo que esta falta de estabilidad y fiabilidad provoca que los socios comerciales tradicionalmente confiables digan a otros países: ‘Oye, tal vez tú y yo deberíamos hablar porque no estoy seguro de lo que está pasando con Estados Unidos’”.
El enfoque de gobierno centrado en Trump
El enfoque de gobierno centrado en Trump no sorprende de alguien que, cuando aceptó su primera nominación republicana para la presidencia en 2016, declaró que “solo yo puedo solucionar” los problemas de la nación. Mientras se adapta a su segundo mandato con una actitud mucho más segura que la del primero, ha deleitado a sus seguidores con su estilo de que el vencedor se lleva el botín.
Steve Bannon, exasesor de Trump, dijo recientemente a la revista The Atlantic que el mandatario sigue una “estrategia maximalista” y que debe seguir adelante “hasta encontrar resistencia”.
“Y no hemos encontrado ninguna resistencia”, agregó Bannon.
Esto es indudablemente cierto en Washington, donde el Congreso, controlado por los republicanos, ha hecho poco para frenar los impulsos de Trump. Pero los líderes de otros países, quienes han pasado gran parte del gobierno del republicano tratando de encontrar maneras de trabajar con él, se expresan cada vez más.
Carney se perfila rápidamente como líder de un movimiento para que los países encuentren maneras de unirse y contrarrestar a Estados Unidos. En un discurso en Davos antes de la llegada de Trump, Carney declaró: “Las potencias medias deben actuar juntas porque si no estás en la mesa, estás en el menú”.
“En un mundo de gran rivalidad entre potencias, los países intermedios tienen una opción: competir entre sí por favores o combinarse para crear una tercera vía que tenga impacto”, continuó. “No debemos permitir que el auge de las potencias duras nos impida ver que el poder de la legitimidad, la integridad y las normas permanece fuerte si decidimos ejercerlo juntos”.
Trump no recibió con agrado estos comentarios y respondió con amenazas en Davos antes de retirar la invitación a la Junta de la Paz.
“Canadá vive gracias a Estados Unidos”, dijo Trump. “Recuerda eso, Mark, la próxima vez que hagas tus declaraciones”.
Algunos líderes oponen resistencia
Carney, sin embargo, se mantuvo firme y se refirió a Canadá como “un ejemplo para un mundo a la deriva”, mientras creaba un posible modelo para otros líderes mundiales que navegan hacia una nueva era.
“Podemos demostrar que otro camino es posible, que el arco de la historia no está destinado a desviarse hacia el autoritarismo y la exclusión”, dijo en un discurso ante un retiro del gabinete en la ciudad de Quebec.
En Reino Unido, Keir Starmer, el primer ministro británico, criticó duramente a Trump el viernes por sus comentarios “insultantes y francamente atroces”, en los que expresó sus dudas sobre si la OTAN apoyaría a Estados Unidos si se lo solicitara. El presidente aparentemente ignoraba que la única vez que se invocó el Artículo 5 del tratado fundacional de la OTAN —que exige a todos los países miembros ayudar a otro miembro amenazado— fue después de los atentados del 11 de septiembre en Estados Unidos.
Al referirse a las tropas no estadounidenses, Trump declaró al canal por suscripción Fox Business Network: “¿Sabes? Ellos dirán que enviaron algunas tropas a Afganistán, o esto o aquello, y lo hicieron. Se mantuvieron un poco apartados, un poco alejados del frente de combate”.
Starmer, al mencionar a los 457 miembros británicos que murieron y a aquellos con heridas permanentes, dijo que “nunca olvidaré su arrojo, su valentía y el sacrificio que hicieron por su país”.
Dinamarca, a la que Trump ha menospreciado por ser “ingrata” con la protección estadounidense durante la Segunda Guerra Mundial, tuvo la mayor tasa de muertes per cápita entre las fuerzas de la coalición en Afganistán.
Las tácticas de Trump han suscitado temores de que el mandatario pueda perjudicar a largo plazo la posición de Estados Unidos en el mundo y alientan a los países a replantearse sus alianzas y profundizar sus lazos con Beijing. Carney ya viajó a China a principios de este mes para reunirse con el presidente Xi Jinping.
“Los líderes chinos observaron a un presidente estadounidense peleando con aliados, insultando a líderes mundiales y participando en extrañas bufonadas, y pensaron: ‘Esto no puede sino ser bueno para nosotros’”, dijo en un correo electrónico Jake Sullivan, asesor de seguridad nacional del expresidente Joe Biden.
El gobierno no da señales de ceder. El Pentágono publicó el viernes por la noche una estrategia de defensa en la que instó a los aliados a gestionar su propia seguridad. Y el sábado, Trump amenazó con imponer un arancel del 100% a las importaciones de Canadá si el país seguía adelante con su acuerdo comercial con China.
El senador demócrata de Delaware Chris Coons, miembro del Comité de Relaciones Exteriores, estuvo en Davos y participó con Murkowski en una delegación bipartidista en Dinamarca, cuyo objetivo era mostrar unidad ante la propuesta de Trump de apoderarse de Groenlandia. Al recordar sus conversaciones con otros líderes, declaró a la prensa el viernes que Trump ha demostrado que solo cede cuando países como China “muestran firmeza y resiliencia”.
“Quienes se mostraron complacientes y negociaron de buena fe, como la Unión Europea, que no impuso aranceles de represalia, parecen no haberse ganado su respeto”, agregó Coons. “Pueden sacar sus propias conclusiones, pero a mí me parece que intentar encontrar una manera de complacerlo cuando el fundamento de sus exigencias sobre Groenlandia es descabellado... me parece que sugiere un curso de acción”.
___
Los periodistas de The Associated Press Becky Bohrer en Juneau, Alaska, Rob Gillies, en Toronto, y Pan Pylas, en Londres, contribuyeron a este despacho






Bookmark popover
Removed from bookmarks