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Una mujer se convierte en la primera persona en Australia en ser enterrada en un ataúd hecho de hongos

El ataúd biodegradable se descompone en la tierra a los 45 días del entierro

Una mujer de Sídney se convierte en la primera persona en Australia en ser enterrada en un ataúd de hongos
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Una mujer de Sídney se convirtió en la primera persona de Australia en ser enterrada en un ataúd cultivado a partir de setas. Según los organizadores, el funeral refleja un cambio más amplio hacia formas de sepultura respetuosas con el medio ambiente.

Carolyn, una mujer de unos 70 años cuyo apellido se omitió a petición de su familia, recibió un servicio fúnebre en Faulconbridge el viernes antes de ser enterrada en el cementerio de Springwood en las Montañas Azules, Nueva Gales del Sur.

El ataúd fue desarrollado por la empresa holandesa Loop Biotech y se cultiva a partir de micelio, la red de raíces de una colonia de hongos, mezclado con fibras de cáñamo obtenidas de residuos agrícolas. El material se compacta alrededor de un molde en una sala con temperatura controlada y tarda aproximadamente una semana en adquirir la forma de un ataúd. Una vez enterrado, tarda unos 45 días en integrarse en la tierra, en comparación con los hasta 50 años que tarda un ataúd de madera tradicional.

“Es muy fiel a su personalidad que, incluso después de su muerte, siga haciendo algo por los demás y, al mismo tiempo, devolviendo algo a la naturaleza”, expresó Donald, el marido de Carolyn.

Bob Hendrikx, el fundador y director ejecutivo de Loop Biotech, de 32 años, explicó que el ataúd fue diseñado para biodegradarse por completo y enriquecer el suelo en lugar de contaminarlo.

“Estamos intentando crear un capullo que sea genuinamente biodegradable”, declaró al Sydney Morning Herald. “Las condiciones ideales permiten que se integre con la tierra en 45 días para enriquecerla en lugar de contaminarla”.

Comentó que empezó a desarrollar la idea como un proyecto universitario en la Universidad Tecnológica de Delft hace cinco años, y que desde el principio había recibido muestras de interés por parte de clientes australianos, aunque tardó en sortear las estrictas normas de bioseguridad del país antes de poder firmar un acuerdo con un distribuidor.

Loop Living Cocoon afirma que su ataúd se cultiva en solo siete días a partir de hongos locales y fibras de cáñamo recicladas, y que se descompone por completo en 45 días
Loop Living Cocoon afirma que su ataúd se cultiva en solo siete días a partir de hongos locales y fibras de cáñamo recicladas, y que se descompone por completo en 45 días (Loop Living Cocoon)

Asha Dooley, directora general de Grace Funerals y presidenta nacional de Funerals Australia, dirigió el funeral de Carolyn. Compartió que, durante sus 15 años en el sector, las familias de sus clientes se han interesado mucho más en la sostenibilidad ambiental, sobre todo en los últimos cuatro o cinco años.

“Muy pocas familias se hacían estas preguntas hace cinco años”, declaró a 1News. “Hoy hablamos con frecuencia con personas que desean una despedida que refleje cómo vivió la persona fallecida”. Asimismo, señaló que podría ser el comienzo de un cambio importante en la profesión funeraria australiana.

Christine, amiga de toda la vida de Carolyn, dijo que le había parecido “casi mágico” verla recostada sobre un lecho de musgo durante el funeral. “Era como si ya se estuviera integrando a la tierra”, declaró al medio.

La doctora Hannah Gould, antropóloga cultural de la Universidad de Melbourne, afirmó que el interés por los funerales ecológicos está creciendo a medida que menos australianos se identifican con la religión organizada.

“A medida que la gente se vuelve menos religiosa, otros valores o grupos comunitarios cobran mayor importancia, y uno de los que hemos observado es la muerte ecológicamente sustentable”, declaró a The Guardian. “Esta idea de que quizás no se va al cielo después de morir, sino que se regresa a la tierra, se ha convertido en una narrativa cada vez más popular en torno a la muerte y el morir”.

En Australia se realizan aproximadamente 200.000 funerales al año, y las cremaciones superan a los entierros en una proporción aproximada de siete a tres, debido principalmente al elevado coste del terreno para cementerios en ciudades como Sídney y Melbourne. Se estima que una cremación típica produce más de 100 kg de dióxido de carbono, aunque las fuentes difieren en cuanto a la cifra exacta.

Otras alternativas emergentes incluyen la hidrólisis alcalina, un proceso similar a la cremación que utiliza agua en lugar de fuego, y el compostaje humano, en el que los restos se descomponen con material orgánico como astillas de madera y paja durante varias semanas.

El diputado independiente de Sídney, Alex Greenwich, presentó en junio un proyecto de ley que legalizaría el compostaje humano en Nueva Gales del Sur, convirtiéndolo en el primer estado australiano en permitir este método.

Traducción de Michelle Padilla

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