Neom: cómo el sueño saudí de una “ciudad del futuro” se convirtió en un desastre de $500.000 millones
Hace casi una década, Mohamed bin Salmán, el príncipe heredero saudí, prometió construir una reluciente utopía en la costa del Mar Rojo que redefiniría la forma de vivir y trabajar de los seres humanos. Pero los expertos dicen que la reciente reducción de su proyecto revela que siempre fue un sueño imposible, informa Alex Croft
“No habrá ni un solo supermercado”, dijo el príncipe heredero saudí, Mohamed bin Salmán, a Bloomberg en 2017. Continuó: “Cero. Nadie irá a comprar cosas para su casa. Todo llegará a tu casa a través de la tecnología”.
El entonces gobernante de 32 años estaba trazando la visión más ambiciosa de una ciudad en la historia de la humanidad. Su megaproyecto, Neom, transformaría a Arabia Saudita de una economía dependiente del petróleo en un centro mundial de innovación y prosperidad.
Pocos meses antes, se había convertido en el mandatario de facto del Reino, y había prometido inaugurar una era de idealismo y revolución tecnológica. Esta era su apuesta más atrevida hasta el momento.
Como parte del proyecto Neom, se invertirían alrededor de 500 millones de dólares en la construcción de una estación de esquí de montaña, varios centros turísticos costeros y una zona industrial a lo largo de la costa del Mar Rojo.

Pero la joya de la corona de Neom era La Línea: una megaciudad de 170 km formada por dos relucientes rascacielos de 500 metros de altura que surcarían el cielo del desierto.
Menos de una década después del anuncio de Neom, el Gobierno saudí parece haber admitido su derrota. Tras una serie de retrasos y costos inflados, el periódico Financial Times informó que el proyecto se reduciría.
Las autoridades saudíes prevén ahora que Neom sea algo “mucho más pequeño” que el diseño original, pero los arquitectos afirman que el proyecto estaba condenado desde el principio.
“Es un excelente ejemplo de un tipo de arquitectura en la que se propone algo provocativo para obtener una reacción. Es un truco publicitario muy utilizado por Arabia Saudita”, afirma el profesor James Campbell, arquitecto e historiador de la arquitectura de la Universidad de Cambridge.
La mayoría de la comunidad arquitectónica comparte su opinión, asegura, y algunos se sienten frustrados por no que no se haya desestimado el plan mucho antes. “[El proyecto] ignoraba todos los problemas [de ingeniería]. Era solo una gran pared brillante”, expresó.

Las limitaciones, dice, no son estructurales. En teoría, sería físicamente posible construir La Línea, pero la ciudad no tiene sentido desde el punto de vista urbanístico ni financiero.
"Como edificio no tiene sentido, y como ciudad tampoco: la forma perfecta para una ciudad es un círculo cerrado”, explica, y añade que el proyecto es “económicamente inviable”.
Riad no niega un inmenso exceso de gasto. “Gastamos demasiado”, dijo un funcionario saudí en un foro de inversión el pasado noviembre, y agregó: “Nos apresuramos demasiado. Ahora estamos en números rojos. Tenemos que cambiar nuestras prioridades”.

Se dice que el príncipe Mohamed fue quien tuvo la idea de crear una ciudad lineal. El diseño original, planteado por el estudio de arquitectura Morphosis de Los Ángeles, EE. UU., proponía una franja de 2 km de ancho desde el mar hasta la montaña, conectada íntegramente por ferrocarril.
Pero la ambición del príncipe heredero no hizo más que crecer. “Le dije al equipo: '¿qué tal si convertimos esos 2 km y en dos torres? ¿Va a funcionar o va a ser demasiado?”, dijo en un documental de Discovery Channel.
El nuevo proyecto preveía una ciudad de 200 m de ancho, que albergaría a 9 millones de personas y funcionaría sin carreteras, automóviles ni emisiones. Según las autoridades, operaría con energía 100 % renovable.

Morphosis, fundada por el arquitecto estrella Thom Mayne, elaboró los diseños iniciales. Otras grandes empresas de arquitectura y planificación se sumaron a la iniciativa, como Adjaye Associates, Peter Cook y OMA.
Desde entonces, varias empresas, entre ellas Morphosis, han abandonado el equipo de Neom al aumentar la preocupación por las limitaciones presupuestarias y las supuestas violaciones de los derechos humanos en la construcción.
El proyecto lo dirigen ahora empresas como Delugan Meissl Associate Architects, Gensler y Mott MacDonald. Aún no está claro qué papel desempeñarán tras la reducción de Neom.
The Independent se ha puesto en contacto con la mayoría de las empresas que cotizan en bolsa implicadas en el proyecto, así como con los representantes del propio proyecto Neom, pero no ha recibido respuesta.

A pesar del escepticismo, el príncipe Mohamed se mostró constantemente despectivo con quienes dudaban del proyecto, afirmando que añadiría $100.000 millones al PIB saudí de aquí a 2030.
Pero el príncipe heredero fue “demasiado ambicioso desde el principio”, según Neil Quilliam, investigador asociado del programa sobre Medio Oriente y Norte de África del laboratorio de ideas británico Chatham House.
Según declaró Quilliam a The Independent, los funcionarios de Riad “se dejaron llevar por el entusiasmo de los cambios que se estaban produciendo”, pero en privado habrían dudado de que pudieran lograrse.

“En aquel momento, Arabia Saudita se convenció de que de repente tenía la energía, el poder y la voluntad suficientes para hacer lo que quisiera, para establecer una agenda completamente nueva”, afirmó.
“Quería mostrar que había una clara voluntad y deseo de cambio en el país. Neom era la máxima expresión de eso”, prosiguió.
Como consecuencia, la importante reducción de escala del proyecto será recibida con un “sentimiento de vergüenza”, continuó Quilliam. El príncipe Mohamed ha pasado por una serie de “dolorosos procesos de aprendizaje” durante su tiempo en el poder y saldrá con un sentido más fuerte de “realismo”, añadió.
En consecuencia, los proyectos futuros de la envergadura de Neom serán mucho menos probables. Por ahora, no habrá torres relucientes en el desierto.
Traducción de Sara Pignatiello







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