Se avecina el “Súper El Niño” y no estamos preparados en absoluto para el fenómeno
Mientras la ONU advierte que la reciente ola de calor podría ser solo el comienzo, los científicos explican a Helen Coffey por qué temen que uno de los fenómenos meteorológicos más poderosos jamás vistos se acerque pronto a nuestra región
“Sin duda, algo se avecina. Tenemos mucha confianza en ello, y parece que será un gran acontecimiento”.
Adam Scaife, jefe de predicción a largo plazo de la Oficina Meteorológica del Reino Unido, hizo recientemente esta declaración un tanto inquietante. Hablaba del posible fenómeno de El Niño que se aproxima —posiblemente tan intenso que podría clasificarse como un “Súper El Niño”— y advirtió que podría “incluso alcanzar una intensidad récord”.
La ONU acaba de emitir su propia advertencia, anunciando que el mundo debe prepararse para el inminente regreso de El Niño y el consiguiente fenómeno meteorológico extremo.
“El fenómeno de El Niño avivará aún más el fuego del calentamiento global”, declaró António Guterres, secretario general de la ONU. “Las consecuencias serán aún más fuertes, se extenderán a mayores distancias y cruzarán fronteras con una velocidad devastadora”. Añadió que el mundo “debe tomarlo como la urgente advertencia climática que es”.
El fenómeno de El Niño es un patrón climático cíclico natural en el Océano Pacífico, caracterizado por el calentamiento de las temperaturas de la superficie del océano en el Pacífico ecuatorial central y oriental.
En condiciones normales, los vientos alisios soplan hacia el oeste a lo largo del Ecuador, empujando las aguas cálidas de Sudamérica hacia Asia; el agua fría asciende desde abajo para reemplazar estas aguas más cálidas en un proceso conocido como afloramiento. Pero El Niño altera todo esto. Los vientos alisios no son tan fuertes, por lo que las aguas cálidas se dirigen hacia el este, hacia América, forzando a la corriente en chorro del Pacífico a desplazarse al sur de su posición neutral.
El afloramiento se debilita o cesa por completo; sin el transporte de nutrientes desde las profundidades hasta las aguas poco profundas del océano, hay menos fitoplancton en la costa, lo que a su vez afecta a los peces que se alimentan de fitoplancton, y esto a su vez afecta a todos los organismos que se alimentan de peces. Los ecosistemas enteros se ven alterados por este cambio.
Algunas zonas del norte de Estados Unidos y Canadá experimentan temperaturas más altas de lo habitual y sufren sequías; la costa del golfo de Estados Unidos y el sureste experimentan un clima más húmedo de lo normal y un mayor riesgo de inundaciones.
Pero las consecuencias de El Niño van mucho más allá de América: altera el clima a escala global. Países del Pacífico tropical, como Chile e Indonesia, se ven fuertemente afectados; Chile tiene mayor probabilidad de sufrir lluvias intensas e Indonesia, sequías. Podríamos presenciar una temporada de tifones extrema en el Pacífico y una temporada de huracanes más tranquila en el Atlántico, una temporada de monzones en el sur de Asia mucho más variada e impredecible y una Australia más seca de lo normal.
Lo que convierte un El Niño en un fenómeno “súper” tiene que ver con la temperatura del agua. “Si la temperatura de la superficie del mar supera en más de 0,5 °C la temperatura normal para esta época del año, decimos que se trata de condiciones de El Niño”, según Mark Roulston, investigador principal y director de operaciones del Laboratorio de Agregación de Inteligencia Colectiva sobre Riesgos Climáticos e Incertidumbre (Crucial) de Lancaster University.
“Un ‘Súper El Niño’ se define a menudo como un fenómeno en el que las temperaturas superan en más de 2 °C los valores normales para esta época del año, por lo que se trata de una versión más extrema del fenómeno de El Niño”.
El calentamiento de los océanos fue rápido en las últimas semanas y se espera que continúe durante los próximos meses, alcanzando su punto máximo en otoño. Si bien las condiciones de El Niño a veces pueden durar hasta 18 meses, las condiciones más extremas asociadas con un Súper El Niño tienden a ser más cortas, generalmente de dos a cuatro meses.
Las predicciones de Crucial indican actualmente que existe más de un 85 % de probabilidades de que prevalezcan las condiciones de El Niño durante el próximo invierno (diciembre, enero y febrero), y alrededor de un 45 % de probabilidades de que las condiciones sean lo suficientemente extremas como para ser clasificadas como un Súper El Niño.
La Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA), que pronostica que El Niño comenzará este mes, analizó las cifras y le dio un 66 % de probabilidad de que sea fuerte o incluso muy fuerte para este invierno. Por su parte, más de la mitad de los modelos del Centro Europeo de Previsiones Meteorológicas a Medio Plazo (ECMWF) sugieren un posible aumento de la temperatura del océano superior a 2,5 °C para el otoño, lo que lo sitúa dentro del rango de “superintenso”.
Los científicos tienen cada vez más confianza en que este posible fenómeno de El Niño podría ser notablemente intenso.
“En mi opinión, veremos cómo se supera el umbral de los 2,5 °C, e incluso podríamos acercarnos a los 3 °C, desafiando el fenómeno de El Niño más intenso registrado en 1877-78”, advierte el profesor McGuire.

Si bien las organizaciones de todo el mundo tienen sus propias definiciones y umbrales exactos para lo que constituye un fenómeno de El Niño, este será “un evento tan significativo, de ocurrir, que superará todos esos umbrales y no habrá duda de que estamos en un El Niño”, dijo Grahame Madge, comunicador científico climático del Servicio Meteorológico Nacional del Reino Unido. “Los científicos nos dicen que este podría ser el evento de El Niño más fuerte en lo que va del siglo, comparable al notable evento de El Niño de 1998”.
Si bien los fenómenos de El Niño significativos ocurren aproximadamente cada dos a siete años, los Súper El Niño son raros. Solo otros tres superaron el umbral de 2 °C desde el Mega El Niño registrado en 1877-78: 1982-83, 1997-98 y 2015-16. Este último El Niño podría convertir al 2027 en el año más caluroso jamás registrado, elevando permanentemente las temperaturas medias globales por encima del límite de 1,5 °C por encima de los niveles preindustriales establecidos por el Acuerdo de París sobre el clima.
Si bien un verano abrasador puede resultar atractivo para algunos, los fenómenos de El Niño intensos suelen provocar desastres humanitarios y ambientales generalizados: escasez de alimentos y hambruna debido a sequías severas; mayor riesgo de inundaciones e incendios forestales devastadores. El fenómeno de El Niño intenso de 1997-98 causó la muerte de aproximadamente el 16 % de todos los arrecifes de coral del mundo.
“Ya hay más personas viviendo en la pobreza, y si se produce una reducción en el rendimiento de los cultivos debido a la sequía o las inundaciones [provocadas por El Niño], eso hará que los precios suban aún más”, declaró a la BBC Liz Stephens, profesora de riesgo climático y resiliencia en la University of Reading. “Por lo tanto, nos enfrentamos a consecuencias humanitarias potencialmente muy graves este año, especialmente si la crisis en Oriente Medio continúa”.
Los efectos de los fenómenos de El Niño se ven exacerbados por un planeta cada vez más cálido, lo que agrava las implicaciones del cambio climático. Las supervariantes pueden tener un efecto de calentamiento tan grande que las temperaturas durante muchos años posteriores son notablemente más frías. Esto fue utilizado como “prueba” por algunos negacionistas del cambio climático en el pasado; por ejemplo, después del Súper El Niño de 1997-98, las temperaturas globales no alcanzaron el mismo nivel hasta 2014, “lo que llevó a algunas personas a declarar que el calentamiento global había terminado” explica Roulston. Sin embargo, desde 2014, las temperaturas globales siguieron aumentando, superando el récord impulsado por El Niño de 1997-98.
“Si volvemos a tener un Super El Niño, es probable que ocurra lo mismo: los años siguientes serán más fríos que el pico asociado a dicho fenómeno”, añade Roulston. “No me cabe duda de que algunos argumentarán que esto significa que el calentamiento global se detuvo, pero se trata de una ilusión estadística provocada por tomar un año récord como punto de referencia”.
Por eso, según McGuire, adaptarse al fenómeno de El Niño debería formar parte de un programa general de adaptación destinado a limitar las repercusiones de vivir en un mundo mucho más cálido. “La realidad es que nuestro clima va camino de repetir las condiciones del Plioceno, hace 3 millones de años —temperaturas 3 °C o más altas— y, eventualmente, un aumento del nivel del mar de entre 15 y 25 metros”, advierte. “Y ese es el mejor escenario posible”.
Traducción de Olivia Gorsin





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