¿Dónde están los mosquitos? Su drástica disminución en zonas de Estados Unidos desconcierta a expertos

La población de mosquitos cayó hasta un 50 % en algunos estados del oeste y el Medio Oeste de Estados Unidos, pero los casos del virus del Nilo Occidental alcanzaron su nivel más alto en 22 años

Julia Musto en Nueva York
Nueva York detecta el virus del Nilo Occidental en 612 grupos de mosquitos
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Los mosquitos suelen ser una presencia casi inevitable durante el verano, pero este año han disminuido de forma notable en algunas regiones de Estados Unidos. En varios estados del oeste y el Medio Oeste, entre ellos Minnesota y Dakota del Norte, sus poblaciones se redujeron hasta un 50 %, mientras que en Colorado la caída podría alcanzar el 70 %.

El cambio es muy llamativo para quienes están acostumbrados a convivir con ellos. “Cuando llegué de otro estado, los mosquitos aquí eran peores que cualquiera que hubiera visto antes”, contó a The Minneapolis Tribune Kahiti Stierley-Nunez, residente de Minnesota que se mudó desde California hace cuatro años. “Pero este año no he tenido que usar repelente ni una sola vez en todo el verano”.

La explicación detrás de esta drástica disminución está en una sequía histórica, intensificada por el cambio climático, que ha reducido los lugares donde los mosquitos pueden reproducirse. Las mismas condiciones de sequedad, sin embargo, también han contribuido a una destructiva temporada de incendios forestales.

Sin embargo, detrás de esta caída en la población de mosquitos persiste un riesgo para la salud. Estos insectos transmiten virus como el zika, el chikunguña y el dengue, pero es el virus del Nilo Occidental el que genera especial preocupación entre los científicos en Estados Unidos, donde los casos han alcanzado su nivel más alto en 22 años.

Una nube de mosquitos sobre el río Colorado, cerca de Page, Arizona, mientras los casos del virus del Nilo Occidental alcanzan un máximo de 22 años en EE. UU.
Una nube de mosquitos sobre el río Colorado, cerca de Page, Arizona, mientras los casos del virus del Nilo Occidental alcanzan un máximo de 22 años en EE. UU. (Getty)

El virus del Nilo Occidental representa un problema de salud pública en Estados Unidos desde su detección en el país en 1999, después de haber circulado en regiones de Oriente Medio. Su expansión fue veloz y, para 2004, ya estaba presente en los 48 estados contiguos.

Desde entonces, se han registrado alrededor de 32.000 casos en el país. La infección se contrae, en la mayoría de los casos, por la picadura de mosquitos infectados y causa más de 130 muertes al año en los estados contiguos.

Aunque muchas personas no presentan síntomas, los casos graves pueden provocar fiebre alta, temblores, pérdida de la visión, parálisis, coma e inflamación del cerebro y la médula espinal, según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC).

“Son síntomas terribles y apenas representan la punta del iceberg en cuanto a la actividad del virus”, explicó a The Independent Kathleen Walker, profesora y especialista de extensión de la Universidad de Arizona.

El virus del Nilo Occidental visto bajo un microscopio. Las infecciones graves pueden provocar parálisis e inflamación del cerebro y la médula espinal
El virus del Nilo Occidental visto bajo un microscopio. Las infecciones graves pueden provocar parálisis e inflamación del cerebro y la médula espinal (CDC)
Mapa de los casos del virus del Nilo Occidental en Estados Unidos: el azul oscuro indica más casos, el turquesa menos y el gris, ninguno
Mapa de los casos del virus del Nilo Occidental en Estados Unidos: el azul oscuro indica más casos, el turquesa menos y el gris, ninguno (CDC)

En lo que va del año, Estados Unidos ha registrado 143 casos del virus del Nilo occidental. Arizona concentra cerca de la mitad y ha reportado cinco muertes, mientras que Colorado y Utah también presentan cifras elevadas.

Aunque pueda parecer contradictorio que los casos aumenten cuando hay menos mosquitos, los expertos explican que la sequía puede favorecer la transmisión del virus. A medida que las fuentes de agua se reducen, mosquitos y aves tienden a concentrarse en los mismos lugares, lo que facilita la circulación del patógeno entre ambos.

“Las condiciones de sequía pueden aumentar la transmisión del virus del Nilo Occidental porque concentran a los mosquitos y las aves —el virus afecta en primer lugar a las aves— alrededor de fuentes de agua cada vez más pequeñas, lo que eleva el riesgo de transmisión”, explicó a The Independent Matthew Aliota, profesor de la Universidad de Minnesota especializado en este tipo de virus.

El aumento de casos también ofrece a los científicos pistas sobre los cambios que atraviesan las poblaciones de mosquitos. Aunque su número ha caído en algunas regiones, se estima que todavía existen billones de estos insectos en Estados Unidos y su capacidad de reproducción es enorme.

“Una sola ingesta de sangre puede permitirles producir más de 180 huevos, por lo que pueden multiplicarse de forma explosiva”, explicó Robert Hancock, profesor de la Universidad Estatal Metropolitana de Denver y especialista en el comportamiento de los mosquitos.

Niños juegan con un aspersor en un campo afectado por la sequía en Vilas, Colorado, en mayo. El estado registra menos mosquitos este año, pero más casos del virus del Nilo Occidental tras la histórica sequía de primavera
Niños juegan con un aspersor en un campo afectado por la sequía en Vilas, Colorado, en mayo. El estado registra menos mosquitos este año, pero más casos del virus del Nilo Occidental tras la histórica sequía de primavera (Getty)

La cantidad de mosquitos, sin embargo, no depende solo de la sequía. La especie también juega un papel clave: en Estados Unidos existen más de 200 tipos y cada uno responde de forma distinta a las condiciones ambientales.

Utah es un ejemplo de esas diferencias. En los alrededores del Gran Lago Salado, las poblaciones de mosquitos se han mantenido abundantes pese a la escasez de nieve acumulada, en parte porque las inundaciones artificiales crearon condiciones favorables para su reproducción.

“Algunas trampas de vigilancia han registrado cerca de 30.000 mosquitos en una sola noche”, explicó a The Independent Neil Vickers, profesor emérito de la Universidad de Utah y especialista en mosquitos y polillas.

A este complejo panorama se suma otro efecto del cambio climático: además de intensificar las sequías en algunas regiones, también favorece episodios de lluvias extremas que pueden crear nuevos hábitats para la reproducción de estos insectos.

Personas ingresan a las aguas rosadas del Gran Lago Salado, en Utah. En los alrededores, algunas trampas han capturado casi 30.000 mosquitos en una noche
Personas ingresan a las aguas rosadas del Gran Lago Salado, en Utah. En los alrededores, algunas trampas han capturado casi 30.000 mosquitos en una noche (AFP/Getty)

Además, la disminución actual podría ser solo temporal. Las poblaciones de mosquitos pueden recuperarse cuando cambian las condiciones e incluso alcanzar niveles superiores a los registrados antes de una sequía.

El aumento de las temperaturas también está ampliando el periodo en el que estos insectos pueden reproducirse. En Estados Unidos hay ahora, en promedio, 18 días más al año con temperaturas favorables para la actividad de los mosquitos que hace cinco décadas, según la organización Climate Central.

Ante este escenario, los científicos buscan nuevas formas de contener futuras proliferaciones. Algunas estrategias apuntan a modificar la capacidad reproductiva de los mosquitos para reducir sus poblaciones, mientras que distintas iniciativas comunitarias recurren a trampas y al tratamiento del agua con insecticidas para impedir que se convierta en un criadero.

Aun así, los mosquitos difícilmente desaparecerán. Estos insectos llevan más de un millón de años alimentándose de seres humanos y, según Hancock, aprender a convivir con ellos será tan importante como intentar mantener sus poblaciones bajo control.

“Creo que lo más importante es tener respeto por los mosquitos, porque no pienso que podamos derrotarlos por completo, pero sin duda podemos seguir intentándolo”, concluyó.

Traducción de Leticia Zampedri

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