Por qué los incendios forestales de Canadá ahora tiñen de naranja los cielos de Estados Unidos
El humo de más de 800 incendios forestales activos en la provincia canadiense de Ontario y en otras regiones del país se está desplazando hacia el sur
Una densa nube de humo procedente de los incendios forestales cubre actualmente amplias zonas de Canadá, el Medio Oeste y la costa este de Estados Unidos.
En Toronto, el cielo adquirió desde la mañana del miércoles un tono anaranjado, mientras que ciudades como Nueva York, Detroit y Minneapolis también enfrentaban alertas por la mala calidad del aire.
Más de 800 incendios forestales activos en Ontario y otras regiones de Canadá han consumido cerca de 2 millones de hectáreas y provocado evacuaciones masivas, incluso en el vecino estado de Minnesota, mientras el humo se extiende hacia el sur.
Para millones de personas en Norteamérica, los cielos cubiertos por el humo de los incendios se están convirtiendo en una escena cada vez más frecuente durante los meses cálidos. En 2023, ciudades como Nueva York y San Francisco fueron comparadas con la estética de Blade Runner, debido al intenso color naranja del cielo que llegó a ocultar el sol.
Hace apenas una década, este tipo de episodios era mucho menos común. ¿Qué está provocando que estas escenas se repitan con tanta frecuencia?

Un análisis de USA Today basado en datos de incendios forestales de las últimas tres décadas concluyó que la superficie quemada cada año sigue aumentando. En otras palabras, los incendios forestales son cada vez más extensos y destructivos, aunque detrás de esta tendencia confluyen varios factores.
Los científicos señalan que la principal causa es el cambio climático, impulsado por la quema de combustibles fósiles y el consecuente aumento de la temperatura global.
El calentamiento del planeta está favoreciendo olas de calor más frecuentes e intensas, además de sequías prolongadas en distintas regiones. Estas condiciones resecan la vegetación y crean un entorno propicio para que los incendios se propaguen con mayor rapidez, alcanzando una intensidad y un comportamiento cada vez más difíciles de controlar.

Según la química atmosférica Loretta Mickley, investigadora de la Universidad de Harvard, cerca de la mitad del humo generado por los incendios forestales entre 1997 y 2020 puede atribuirse al cambio climático.
"Si nos concentramos en el período más reciente, entre 2010 y 2020, esa proporción es aún mayor", declaró a USA Today.
El humo de estos incendios puede desplazarse cientos o incluso miles de kilómetros y permanecer en la atmósfera durante varios días, lo que representa un riesgo para la salud.
El jueves, Detroit, una ciudad de unos 650.000 habitantes, registró la peor calidad del aire del mundo, según el sitio especializado iQAir. Toronto ocupó el segundo lugar, mientras que Minneapolis y Chicago se situaron en la tercera y cuarta posición, respectivamente.
En Michigan, el humo redujo tanto la visibilidad que el puente Mackinac, de unos 8 kilómetros de longitud, era casi imposible de ver, lo que obligó a los conductores a disminuir la velocidad, informó UpNorthLive.
En todas estas ciudades, la calidad del aire alcanzó niveles considerados perjudiciales para la salud, y se prevé que las condiciones persistan al menos hasta el viernes.
El humo de los incendios forestales contiene partículas finas contaminantes que pueden afectar la salud del corazón, el cerebro y los pulmones.
"Después de un gran incendio forestal, observamos un aumento en las muertes por enfermedades cardíacas, lo cual es muy preocupante. También vemos un mayor número de consultas de urgencia por problemas respiratorios y un incremento general de personas que acuden al médico por síntomas sin una causa aparente", explicó la neumóloga Erika Moseson a la Asociación Estadounidense del Pulmón.
Según la Universidad de Stanford, permanecer varios días expuesto al aire contaminado por el humo de los incendios puede equivaler a fumar alrededor de siete cigarrillos diarios si la persona permanece al aire libre durante todo ese tiempo.
Los efectos sobre la salud tampoco siempre son inmediatos. Diversos estudios indican que las consecuencias de la exposición al humo pueden prolongarse durante años y que el aumento de la mortalidad asociado a estos episodios puede registrarse incluso hasta tres años después de que los incendios hayan sido extinguidos.

Los niños, los adultos mayores, las personas con sistemas inmunológicos debilitados y las mujeres embarazadas son los grupos más vulnerables a los efectos del humo de los incendios forestales.
Sin embargo, existen medidas que pueden ayudar a reducir la exposición. Entre ellas se encuentran el uso de mascarillas de alta filtración, consultar con frecuencia los índices de calidad del aire y mantener puertas y ventanas bien cerradas para evitar que el humo ingrese a los espacios interiores.
"Cuando la calidad del aire es mala, limite el tiempo que pasa al aire libre, evite realizar actividades físicas intensas en exteriores, considere hacer ejercicio bajo techo y, cuando sea posible, posponga o reprograme las actividades al aire libre", recomendó el doctor Farhan M. Asrar, de la Universidad de Toronto, en un artículo publicado el miércoles en The Conversation.
Traducción de Leticia Zampedri







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