Jane Doe recuerda el momento de la presunta violación grupal en Cornell: “Eran demasiados”
Documentos obtenidos por ABC News revelan que varios miembros de la fraternidad acusados intentaron contener las denuncias durante las semanas posteriores al presunto ataque

Una exalumna de la Universidad de Cornell que denuncia haber sido violada en grupo durante una fiesta de una fraternidad hace dos años le dijo a uno de los acusados que recordaba haber “levantado la vista y pensado: ‘Son demasiados’”, según nuevos documentos del caso.
Documentos obtenidos por ABC News revelan que varios de los hombres acusados de agredir sexualmente a la mujer, identificada como Jane Doe, habrían intentado contener las acusaciones durante las semanas posteriores al presunto ataque de octubre de 2024. En su demanda, Doe acusa a siete hombres de haberla violado en grupo durante horas mientras se encontraba en estado de embriaguez y también demanda a la universidad. Ninguno de los acusados enfrenta cargos penales, aunque la fiscalía reabrió la investigación después de que se presentara la demanda civil.
De acuerdo con los documentos revisados por ABC News, estudiantes entrevistados después por las autoridades de Cornell aseguraron que algunos miembros de la fraternidad Chi Phi intentaron “controlar los daños” tras lo ocurrido y procuraron que Doe “no estuviera molesta por la situación”.
Uno de los estudiantes declaró a las autoridades universitarias que miembros de la fraternidad “intentaron ponerse en contacto con [Jane Doe] casi todos los días después de lo sucedido, supongo que para mantener una buena relación con ella y evitar que se sintiera mal por la situación”.
Durante los días y semanas siguientes, la percepción de Doe sobre lo que habría ocurrido esa noche comenzó a cambiar, hasta que llegó a la conclusión de que el encuentro no había sido consensuado. Meses más tarde, durante una audiencia de la investigación interna de Cornell, describió lo sucedido después del presunto ataque como “el intento de estos chicos por encubrirlo”.
El 8 de noviembre, Jane Doe denunció lo ocurrido ante el Departamento de Policía de Cornell, lo que llevó a la suspensión de la fraternidad Chi Phi y al inicio de una investigación que se prolongó durante varios meses. Como resultado, dos hombres fueron expulsados y otros recibieron suspensiones.
Un día antes de presentar la denuncia, Doe habló por teléfono con uno de los acusados, Matthew Ingalls, y le explicó que estaba “tratando de reconstruir lo ocurrido”.
Ingalls no fue acusado de ningún delito y hasta el momento no respondió públicamente a las acusaciones. Por su parte, los abogados de al menos tres de los acusados negaron que sus clientes hubieran cometido alguna irregularidad.
Después de denunciar el presunto ataque, Doe volvió a comunicarse con Ingalls para conocer su versión de lo sucedido. También habló con otros dos hombres y grabó las conversaciones, según ABC News, que publicó fragmentos de audio de algunas de esas llamadas.
“¿Recuerdas cómo entraron algunos de esos tipos?”, le preguntó a Ingalls.
Él respondió que la puerta estaba “abierta” y añadió: “La fiesta estaba bastante concurrida y no había otro lugar adonde ir”.
Sin embargo, según ABC News, Ingalls no le mencionó los mensajes que había enviado a miembros de Chi Phi a través de Snapchat, entre ellos uno en el que escribió: “Como si pudieras entrar y sacarlo en cualquier momento”.
En otro momento de la conversación, Doe fue más directa: “Lo que hicieron ustedes se consideraría una violación grupal”.
“Es posible que los dos recordemos esto y que no sea cierto”, respondió Ingalls.
“No creo que no sea cierto. No, no, porque recuerdo haber levantado la vista y haber pensado: ‘Son demasiados’”, le contestó Doe, según ABC News.
Según los documentos, hubo al menos una ocasión en la que Ingalls pareció pedirle a una testigo, amiga de Jane Doe, que “presentara nuevas pruebas” que pudieran exonerarlo, al tiempo que acusaba a la denunciante de mentir.
De acuerdo con los informes, Ingalls le dijo a la testigo, cuya identidad no fue revelada, que podía presentar nuevas pruebas para conseguir que “[nombre omitido] y yo quedemos exonerados de inmediato”. Y añadió: “Incluso si [Jane Doe] se entera, no importa. Si las pruebas son lo bastante convincentes como para que nos dejen ir, entonces demostrarán que mintió”.
No quedó claro a qué pruebas se refería Ingalls, pero la testigo le respondió: “No tengo pruebas”.
“En otros mensajes como este, intentó convencerme de que ella mentía y me decía: ‘Sabes que está mintiendo y sabes que nosotros nunca haríamos algo así’”, declaró la mujer a los investigadores.
El presidente de Cornell, Michael Kotlikoff, se pronunció sobre la controversia durante el fin de semana, después de que el caso provocara una ola de indignación en todo el país.
En un mensaje de video de ocho minutos, Kotlikoff describió la semana anterior como una de las más difíciles en la historia de la universidad y reconoció que el caso planteaba serios interrogantes sobre las investigaciones realizadas tras las acusaciones.
“Me duele pensar en lo que ella vivió”, afirmó Kotlikoff. “Esto plantea cuestiones desgarradoras y preocupantes sobre la agresión sexual, la deshumanización y ciertos aspectos de la cultura en torno a las fiestas, el alcohol y el consumo de drogas”.
Kotlikoff reafirmó su compromiso de apoyar una revisión independiente de la gestión del caso por parte de Cornell, solicitada por la gobernadora de Nueva York, Kathy Hochul, y anunció que el Consejo Directivo de la universidad dará a conocer los detalles la próxima semana. También respaldó la decisión de Hochul de transferir la investigación penal a la fiscalía general del estado.
“Quiero reconocer algo que puede resultar difícil para una institución”, señaló Kotlikoff. “No tenemos todas las respuestas, pero estamos comprometidos a investigar y encontrar las respuestas que nuestra comunidad merece”.
Traducción de Leticia Zampedri




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