El sencillo hábito que podría ayudar a retrasar los efectos del envejecimiento
Un estudio analiza cómo la “capacidad vital” del organismo puede ayudar a comprender el envejecimiento y los beneficios del ejercicio a largo plazo
Un nuevo estudio sugiere que mantener una rutina de actividad física a lo largo de la vida podría ayudar al organismo a responder mejor al estrés y las enfermedades en la vejez, además de favorecer un envejecimiento más saludable.
Hasta ahora, buena parte de los estudios sobre los beneficios de la actividad física en adultos mayores se ha centrado principalmente en su relación con el riesgo de muerte. Esta nueva investigación, en cambio, examinó cómo el ejercicio se relaciona con la llamada “capacidad vital”, un indicador de la reserva fisiológica del organismo, es decir, de su capacidad para responder y adaptarse al estrés y las enfermedades a medida que envejece.
Para analizar esa relación, los investigadores estudiaron a 40 participantes de Niza, Francia, con una edad promedio de 64 años, y los dividieron en dos grupos según sus hábitos de actividad física.
Veinte de los participantes habían practicado ejercicio aeróbico al menos tres veces por semana durante los últimos 30 años, con un mínimo de 2,5 horas semanales de actividad de intensidad moderada. En cambio, los otros 20 no hacían ejercicio ni practicaban deporte de manera habitual y acumulaban como máximo 75 minutos de actividad física por semana.

Para evaluar la llamada “capacidad vital”, los investigadores recopilaron información sobre distintos indicadores, como la frecuencia cardíaca, la fuerza muscular, la función pulmonar y diversos marcadores sanguíneos. Los datos, obtenidos mediante cuestionarios y un sensor portátil, se combinaron en una única puntuación.
Este indicador busca reflejar la reserva fisiológica del organismo, es decir, su capacidad para responder y adaptarse a distintos factores de estrés a medida que envejece. Los investigadores lo utilizaron para analizar posibles diferencias entre un envejecimiento saludable y uno asociado a procesos patológicos.
Al comparar ambos grupos, no encontraron diferencias significativas en los indicadores relacionados con la energía y el metabolismo ni en la función neuromuscular. Tampoco observaron variaciones marcadas en la fuerza de agarre, la fuerza de las rodillas, la función pulmonar o determinados marcadores de inflamación.
Sin embargo, sí detectaron diferencias en otros aspectos de la reserva fisiológica. La saturación media de oxígeno en sangre, por ejemplo, fue del 96,8 % entre quienes habían practicado ejercicio de manera habitual durante décadas, frente al 94,8 % del grupo inactivo.
En términos generales, los participantes que se habían mantenido físicamente activos obtuvieron mejores resultados en la medición. “La capacidad vital fue mayor en los participantes que habían sido activos durante toda su vida”, señalaron los autores del estudio, publicado en la revista GeroScience.
Los investigadores también observaron que la capacidad vital tendía a disminuir con la edad, aunque esa relación variaba según el nivel de actividad física de los participantes.
“La actividad física aeróbica a lo largo de la vida se asocia con una mayor capacidad vital en los adultos mayores, particularmente en lo que respecta a la respuesta inmunitaria y al estrés”, concluyeron los científicos.

Según los investigadores, los hallazgos ponen de relieve la relación entre la actividad física y la reserva fisiológica, y respaldan la necesidad de seguir estudiando cómo el ejercicio aeróbico practicado a lo largo de la vida puede contribuir a un envejecimiento saludable.
No obstante, los autores advirtieron que se trata de un estudio pequeño y exploratorio, realizado en un grupo de participantes de mayor edad, predominantemente sanos y de raza blanca, por lo que los resultados no necesariamente pueden extrapolarse a otras poblaciones.
Además, el estudio no permitió determinar qué tipo de ejercicio, con qué intensidad o en qué cantidad, sería necesario para obtener resultados similares. Por ello, los investigadores señalaron que se necesitan estudios más amplios para confirmar los hallazgos y determinar si la “puntuación de capacidad vital” puede utilizarse como una herramienta fiable en futuras investigaciones clínicas.
Traducción de Leticia Zampedri







Bookmark popover
Removed from bookmarks