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¿Correr es malo para las articulaciones? Una nueva investigación desafía la creencia generalizada

El estudio analizó datos de 17.661 pacientes con osteoartritis de rodilla o cadera

Sam Russell
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Un nuevo estudio sugiere que no se debería desaconsejar sistemáticamente a los corredores con osteoartritis que continúen realizando ejercicios de alto impacto basándose únicamente en el riesgo de necesitar un reemplazo articular.

Algunos investigadores de la Universidad de Essex analizaron datos de 17.661 pacientes con osteoartritis de rodilla o cadera y descubrieron que la participación en actividades físicas de mayor impacto, como correr o jugar al tenis, se asociaba con una probabilidad entre un 36 % y un 48 % menor de necesitar un reemplazo total de cadera en un plazo de 12 meses.

También se constató que participar en actividades de mayor impacto no estaba asociado con una mayor probabilidad de necesitar un reemplazo total de rodilla en un plazo de 12 meses.

Los autores afirman que sus hallazgos “cuestionan la suposición de que la actividad de alto impacto es intrínsecamente perjudicial en la osteoartritis”.

Añadieron que los resultados sugieren que la actividad física de mayor impacto “no debería desaconsejarse sistemáticamente basándose únicamente en el riesgo de reemplazo articular”.

La participación en actividades de mayor impacto no se asoció con un aumento de la probabilidad de necesitar una artroplastia total de rodilla
La participación en actividades de mayor impacto no se asoció con un aumento de la probabilidad de necesitar una artroplastia total de rodilla (PA)

El doctor Bernard Liew, quien dirigió el estudio, dijo: “El mensaje no es que todas las personas con osteoartritis deban empezar a correr de repente”.

“Se trata de apoyar a las personas para que gestionen y adapten su ejercicio en función de sus síntomas, capacidades y objetivos, en lugar de asumir que deben abandonar las actividades de mayor impacto”.

Dijo que alguien que ya practica actividades de alto impacto, como correr o jugar al tenis, no necesariamente tiene que dejar de hacerlo tras un diagnóstico de osteoartritis.

Y añadió: “Habrá momentos en que las personas necesiten un breve período de descanso o modificar su entrenamiento para controlar un brote doloroso, pero eso es muy diferente a abandonar por completo estas actividades”, dijo.

“Existe la percepción generalizada de que las personas con osteoartritis de cadera o rodilla deberían pasar automáticamente a realizar ejercicios de bajo impacto, como caminar o nadar”.

“Nuestros hallazgos ponen en tela de juicio esa suposición”.

“Recomendar de forma generalizada que se abandone todo ejercicio de alto impacto podría significar que las personas pierdan los beneficios físicos, mentales y sociales que obtienen al mantenerse activas”.

Entre las actividades de alto impacto se incluían trotar, el tenis, el esquí, las acrobacias, el ballet, el trabajo físico pesado y el senderismo con mochila
Entre las actividades de alto impacto se incluían trotar, el tenis, el esquí, las acrobacias, el ballet, el trabajo físico pesado y el senderismo con mochila (Getty/iStock)

Los participantes en el conjunto de datos utilizado por los investigadores, procedentes de Dinamarca, informaron ellos mismos sobre su actividad física.

Los investigadores la dividieron en categorías de baja intensidad, intensidad moderada, alta intensidad y alto impacto.

Entre las actividades de alto impacto se incluían trotar, el tenis, el esquí, las acrobacias, el ballet, el trabajo físico pesado y el senderismo con mochila.

Los investigadores hicieron un seguimiento para ver si los participantes informaron haber recibido un reemplazo de cadera o de rodilla durante los siguientes 12 meses.

Las personas que realizaban actividades de alto impacto tenían entre un 36 % y un 48 % menos de probabilidades de recibir un reemplazo total de cadera que las personas que realizaban formas de ejercicio de menor impacto.

Los investigadores advierten que el estudio sugiere una asociación, en lugar de probar que el ejercicio de alto impacto protege directamente contra el reemplazo articular.

La investigación se publicó en la revista British Journal of Sports Medicine.

Traducción de Olivia Gorsin

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