Momias perdidas hace mucho y recuperadas revelan que las antiguas princesas egipcias eran hábiles guerreras

Un nuevo estudio muestra que las mujeres de la realeza recibían un extenso entrenamiento en armas, lo que “desafía por completo la visión tradicional" de que llevaban vidas ociosas

Datos esenciales sobre el antiguo Egipto
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Según un nuevo estudio de momias perdidas hace mucho tiempo y recuperadas, las mujeres de la élite del antiguo Egipto eran arqueras expertas y probablemente también estaban entrenadas para manejar dagas y mazas, lo que “desafía por completo la visión tradicional” de que llevaban vidas ociosas.

Se creía ampliamente que las mujeres de la realeza en el antiguo Egipto llevaban vidas pasivas y mimadas en los harenes, atendiendo a las necesidades de la familia.

Pero investigaciones recientes demuestran que fueron líderes activas por derecho propio, desempeñándose como diplomáticas y pilares religiosos. De hecho, probablemente llevaron una vida disciplinada y rigurosa para dominar las armas, comenzando en la infancia o la adolescencia temprana, según declaró el arqueólogo Zeineb Hashesh a The Independent.

Un nuevo estudio de cinco momias de princesas egipcias nacidas hace 4.000 años revela que recibieron un entrenamiento intensivo en el manejo de armas e incluso sufrieron heridas que pusieron en peligro sus vidas.

Las momias reales de Khenmet, Itaweret, Ita, Sathathormeryt y Noub-Hotep fueron descubiertas por primera vez en la década de 1890 en Dahshur, un complejo funerario de pirámides y tumbas de pozo, pero permanecieron perdidas durante años antes de reaparecer en el Museo Egipcio durante un proyecto de conservación en 2020.

La daga de la princesa Ita y las flechas de la princesa Noub-Hotep
La daga de la princesa Ita y las flechas de la princesa Noub-Hotep (Museo Egipcio, Eman Shawky, vía ‘Frontiers in Environmental Archaeology’)

Las mujeres fueron halladas enterradas con arcos, flechas y dagas, pero los arqueólogos no estaban seguros de si las armas eran ceremoniales o si las princesas realmente podían usarlas.

El nuevo estudio identificó signos de inserciones musculares en los huesos de las princesas, compatibles con un entrenamiento intensivo en tiro con arco, así como signos de traumatismos físicos bien tratados.

“Los restos óseos muestran adaptaciones fisiológicas específicas que coinciden con las cargas mecánicas necesarias para usar las armas encontradas en sus tumbas”, dijo Hashesh, autor del estudio publicado en la revista Frontiers in Environmental Archaeology.

Los investigadores examinaron los restos óseos de las miembros de la realeza y observaron características especiales en las zonas donde los tendones y ligamentos se conectaban al hueso. Descubrieron que sus huesos se habían desarrollado para soportar un uso muscular intenso. “Cuando una persona realiza habitualmente tareas físicas de alta intensidad, el hueso en estas zonas se vuelve más robusto o desarrolla crestas y texturas distintivas para soportar la mayor carga mecánica de los músculos”, explicó Hashesh, quien es arqueólogo de la Universidad de Beni-Suef en Egipto.

“En estas princesas, estas marcas estaban significativamente más desarrolladas de lo que cabría esperar en un individuo sedentario”, afirmó.

Daga del antiguo rey Tutankamón
Daga del antiguo rey Tutankamón (AFP vía Getty)

Es posible que las princesas participaran en cacerías de élite, sirvieran en demostraciones ceremoniales de poder e incluso actuaran “para proteger el orden divino de la corte”.

Resulta particularmente llamativo el empeño que las princesas pudieron haber puesto en dominar el tiro con arco, ya que es una habilidad difícil de perfeccionar.

“Dominar la tensión de un arco simple y pesado requería no solo fuerza en la parte superior del cuerpo, sino también un agarre especializado y estable que remodelaba permanentemente los huesos de la mano a lo largo de los años de práctica”, detalló Hashesh.

“Estos hallazgos desafían por completo la visión tradicional de que las mujeres egipcias de élite llevaban vidas pasivas, sedentarias y de lujo”, continuó, y agregó: “Nuestro estudio demuestra que un alto estatus social puede, en efecto, ‘redefinir’ o ampliar los roles de género esperados”.

Vista más detallada de la daga de la princesa Ita
Vista más detallada de la daga de la princesa Ita (Sameh Abdel Mohsen)

También hay indicios de que las mujeres de la realeza egipcia se entrenaban en el manejo de dagas y mazas. “La princesa Ita era una mujer joven de entre 28 y 34 años con una musculatura superior muy desarrollada, lo que sugiere que utilizaba habitualmente armas como mazas o dagas”, afirmó el antropólogo.

“La princesa Khenmet era una mujer de entre 30 y 40 años que presentaba signos de adelgazamiento óseo, pero con ligamentos muy resistentes. La princesa Itaweret era una joven de entre 20 y 34 años que sobrevivió a fracturas de costillas y de pie. Su esqueleto demuestra que era una arquera experta”, prosiguió.

El estudio también sugiere que el cuidado de las heridas en aquella época fue más avanzado de lo que se pensaba.

“El nivel de atención que recibieron estas personas era, sin duda, el mejor del mundo antiguo. La princesa Itaweret, por ejemplo, sobrevivió a costillas rotas y fracturas en los pies”, explicó Hashesh, e incorporó: “El hecho de que estas lesiones —así como la fractura en la mano del faraón Hor I— sanaran sin rastro de infección ni mala alineación es una prueba directa, a nivel esquelético, de la alta eficacia de la intervención médica. Es probable que esta atención incluyera la reducción de fracturas, la inmovilización con férulas y el tratamiento de las heridas”.

Traducción de Sara Pignatiello

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