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Hallan posibles indicios del consumo más antiguo de cannabis en una tumba de hace 2.800 años

Un nuevo estudio sugiere que la gente usaba cannabis con fines psicoactivos 300 años antes de lo que se pensaba

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Un nuevo estudio sugiere que la gente podría haber estado consumiendo cannabis mucho antes de lo que se pensaba, al menos hace 2.800 años.

Los arqueólogos que dirigieron una excavación en una tumba monumental en Siberia afirmaron haber encontrado pruebas del uso más antiguo conocido del cannabis con fines psicoactivos.

Los hallazgos apuntan a que el consumo de cannabis se remonta al menos 300 años antes que su uso conocido en la vecina China.

El consumo de drogas en la antigüedad ha intrigado a los estudiosos desde hace mucho tiempo. El historiador griego Heródoto escribió sobre los habitantes de Asia Central que fumaban cannabis alrededor del año 440 a. C., y arqueólogos han encontrado recientemente semillas en tumbas de sus tierras altas.

El equipo formado por investigadores de Alemania, Rusia, Suecia y Suiza afirmó que el análisis del cabello hallado en la tumba real donde se encontraron semillas de cannabis arroja nueva luz sobre el papel de la planta en las sociedades antiguas.

“Es extremadamente raro que encontremos partes de plantas y tejido blando humano conservados con sus compuestos activos en un mismo contexto”, dijo el coautor Gino Caspari, arqueólogo de la Universidad de Berna.

No está claro si el cannabis se consumió por inhalación o ingestión, expresó.

El historiador griego Heródoto escribió sobre los habitantes de Asia Central que fumaban cannabis alrededor del año 440 a. C., y arqueólogos han encontrado recientemente semillas en tumbas repartidas por las tierras altas de la región
El historiador griego Heródoto escribió sobre los habitantes de Asia Central que fumaban cannabis alrededor del año 440 a. C., y arqueólogos han encontrado recientemente semillas en tumbas repartidas por las tierras altas de la región (Getty)

La excavación tuvo lugar a partir de 2017 en un gran túmulo funerario en el yacimiento de Tunnug 1, en el valle de Uyuk, en el sur de Siberia, hogar de una de las tumbas monumentales más antiguas que muestran la cultura material de los escitas, antiguos nómadas que emigraron de Asia Central al sur de Rusia y Ucrania.

El equipo, desplegado prácticamente en medio de la nada, vivió en tiendas de campaña durante meses y se enfrentó a una temporada que, desde la primavera hasta el otoño, estuvo marcada por pantanos, tormentas de nieve, heladas y enjambres de mosquitos. Manadas de caballos corrían libremente por la estepa cubierta de hierba.

Entre los objetos de mayor tamaño hallados en el yacimiento se incluyen armas en las tumbas, arreos para caballos y decoración con motivos de animales. Pero el equipo tuvo un hallazgo excepcional, ya que también descubrió pequeñas manchas negras que resultaron ser semillas de cannabis, junto con cabello humano conservado, según Caspari.

“Como arqueólogo, no siempre se tiene la oportunidad de realizar una prueba de drogas a una persona que lleva muerta casi 3.000 años”, dijo.

Según explicó, la datación por radiocarbono de algunas de las más de 1.000 semillas ayudó a establecer su fecha de origen, y “no están allí por casualidad”, sino que fueron depositadas dentro de la tumba, lo que sugiere que el material vegetal tenía importancia en la comunidad.

Los resultados se publicaron el jueves en la revista Science.

El investigador Gino Caspari junto a una planta de cannabis silvestre que crece en las montañas de Altai, en Siberia, Rusia
El investigador Gino Caspari junto a una planta de cannabis silvestre que crece en las montañas de Altai, en Siberia, Rusia (Reuters)

Por otro lado, no todos los expertos independientes estaban convencidos.

Según Volker Auwaerter, jefe de la sección de toxicología forense del Centro Médico Universitario de Friburgo, Alemania, el análisis capilar “carece de rigor científico” y no hay pruebas suficientes para determinar si se consumió cannabis.

“En una parte fundamental del estudio, el artículo se queda muy corto respecto a lo que podría haber sido posible”, afirmó Auwaerter, y continuó: “Esto es importante porque los datos sobre el cabello sustentan las principales afirmaciones del resumen (el consumo de cannabis y su uso por sus propiedades psicoactivas)”.

Hoy en día, los estudiosos no consideran fidedignos los relatos antiguos sin pruebas que los corroboren. Dado que la planta de cannabis tiene otros usos —sus semillas se prensan para obtener aceite y sus fibras se utilizan para fabricar telas—, su sola presencia no confirma el consumo de drogas.

Auwaerter, que no participó en el estudio, afirmó que los datos no permitían distinguir entre consumo y exposición externa; es decir, el cabello podría haber recogido restos de marihuana simplemente por haber sido enterrado junto con ella. Añadió que habría sido recomendable y fácil de organizar un análisis de laboratorio con expertos en toxicología forense.

Traducción de Sara Pignatiello

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Phillipp Jenne informó desde Viena, Austria.

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