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La dislexia tiene una nueva definición por primera vez en más de 20 años: ¿qué cambia y por qué es importante?

Los investigadores señalan que la nueva definición, al igual que las anteriores, debe considerarse un “documento vivo”, sujeto a revisiones y actualizaciones

Qué es la dislexia
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La definición de dislexia se actualizó por primera vez en más de dos décadas, un cambio que podría influir en la manera en que las escuelas, las autoridades educativas y otras instituciones identifican y brindan apoyo a los estudiantes con dificultades de aprendizaje.

Las personas con dislexia necesitan apoyo especializado, y los avances de la investigación en los últimos años han permitido comprender y describir este trastorno del aprendizaje con mayor precisión.

La definición anterior, establecida en 2002, tuvo una amplia aceptación e influyó tanto en la investigación como en las prácticas educativas. Sin embargo, los especialistas siempre la consideraron un documento sujeto a revisión, que debía actualizarse a medida que surgieran nuevos conocimientos.

“Era una buena definición, basada en las investigaciones disponibles en aquel momento”, explicó Malatesha Joshi, investigadora de la Universidad de Texas A&M. “Pero creo que algunas de sus principales limitaciones eran el énfasis en el funcionamiento cerebral y el hecho de que se centraba sobre todo en los sistemas de escritura alfabéticos del inglés y de las lenguas de Europa occidental”.

Una terapeuta del lenguaje utiliza un programa informático para formar palabras
Una terapeuta del lenguaje utiliza un programa informático para formar palabras (Getty)

La definición de 2002 establecía que, para diagnosticar dislexia, debía existir una diferencia de al menos 15 puntos entre los resultados de una prueba estandarizada de coeficiente intelectual y una evaluación de lectura. Este requisito dejó sin diagnóstico a numerosos estudiantes que necesitaban apoyo.

La nueva definición introduce tres cambios fundamentales: elimina la dependencia de las pruebas de coeficiente intelectual, incorpora sistemas de escritura de idiomas distintos del inglés y destaca la importancia de la detección temprana y el acceso oportuno a la ayuda especializada.

“Muchos niños estuvieron cerca de cumplir ese criterio, pero les faltaba apenas un punto para alcanzar la diferencia de 15 puntos. Por eso, no pudieron recibir el apoyo adicional que necesitaban”, explicó Joshi.

“Caminar, hablar y comer son actividades que también requieren actividad cerebral. Eliminamos las referencias al cerebro para evitar que las personas crean que tener dificultades para leer o dislexia significa que existe algún problema en ese órgano”, agregó.

Mientras que la definición de 2002 recomendaba esperar hasta segundo o tercer grado de primaria para establecer un diagnóstico, la actualización promueve una identificación más temprana, ya que cualquier demora puede impedir que los niños reciban la ayuda necesaria en una etapa decisiva de su desarrollo.

“El apoyo al desarrollo del lenguaje y a la lectoescritura antes del inicio de la escolarización y durante los primeros años de enseñanza resulta muy eficaz”, señala la nueva definición, publicada en la revista científica Annals of Dyslexia.

La nueva definición de dislexia deja de depender de las pruebas estandarizadas de coeficiente intelectual (CI) para caracterizar este trastorno del aprendizaje
La nueva definición de dislexia deja de depender de las pruebas estandarizadas de coeficiente intelectual (CI) para caracterizar este trastorno del aprendizaje (Getty)

Joshi destacó que eliminar el requisito de las pruebas estandarizadas de coeficiente intelectual representa uno de los cambios más importantes. “Como la definición anterior daba tanta importancia a estas pruebas, los estados y las escuelas las utilizaban para establecer los diagnósticos. Esperamos que esta sea una de las principales prácticas que cambien”, explicó.

“Es mucho más útil evaluar la capacidad de lectura que realizar una prueba de coeficiente intelectual”, agregó.

Según los investigadores, la nueva definición también incorpora los avances científicos sobre la dislexia en países donde el inglés no es el idioma principal, lo que permite adoptar una perspectiva más amplia sobre este trastorno.

“Los especialistas que elaboraron la definición anterior se basaron en las investigaciones disponibles en aquel momento, pero la mayoría se centraba en las lenguas alfabéticas de Europa occidental”, señaló Joshi. “Desde 2002, contamos con muchos más estudios sobre la dislexia en idiomas como el chino, el japonés, el hebreo y el árabe”.

No obstante, los investigadores subrayaron que, al igual que las versiones anteriores, la nueva definición debe entenderse como un “documento vivo”, sujeto a futuras revisiones a medida que avance el conocimiento científico.

Traducción de Leticia Zampedri

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