Cazadores de eclipses: el grupo que llegó a España persiguiendo “el mayor espectáculo de la naturaleza”
El primer eclipse total en un siglo atraerá a muchos entusiastas. Graham Keeley entrevista a los veteranos que gastan miles de dólares persiguiendo la emoción de este espectáculo natural
Fue el regalo de un pequeño telescopio a la edad de siete años lo que despertó la fascinación de Alberto Villa por la astronomía. Años después, cuando vio su primer eclipse solar, quedó cautivado: ya no había vuelta atrás.
“En 1998, decidí ver mi primer eclipse total porque nunca había visto uno. La emoción fue tan grande que casi ni siquiera saqué una foto”, recuerda, y añade: “Quedé hechizado, como todos los que tienen la suerte de ver un eclipse total. Desde ese momento, me prometí a mí mismo que seguiría esa magia”.
Villa forma parte de un grupo cada vez mayor de “cazadores de eclipses” que viajan por todo el mundo en busca del próximo momento extraordinario en el que la luna oculte momentáneamente el sol.

El 12 de agosto tendrá lugar en España el primer eclipse total en un siglo, cuando el sol desaparecerá durante un máximo de dos minutos sobre una amplia franja del cielo ibérico, desde la isla balear de Menorca en el sur hasta Segovia, Bilbao y Gijón en el norte.

Se estima que medio millón de personas, desde astrónomos profesionales hasta simples curiosos, viajarán a España para presenciar el espectáculo en primera persona, con lentes de plástico para eclipses sujetos a los ojos.
Desde que quedó prendado cuando viajó a Aruba, en las Antillas Neerlandesas, en 1998, Villa ha viajado a Graz (Austria), Formentera (España), Tobruk (Libia) , Hanjin (China), Siberia (Rusia), la Isla de Pascua, Cairns (Australia), las Islas Feroe, Wyoming (EE. UU.), Chile, Exmouth (Australia Occidental) y Durango (México).
Cuando viaje a Menorca en agosto, presenciará su decimotercer eclipse solar.
Pero nunca viaja solo. En cada ocasión, Villa está acompañado por su “familia solar”, que comparte su fascinación. Le cuesta unos 2.900 dólares ver eclipses si tienen lugar en Europa —viajando desde su casa en la Toscana, Italia— y unos $5.800 si ocurren fuera de Europa, en lugares como Chile o Australia.

Sin embargo, Villa (67), quien es jubilado de un banco, insiste en que todo vale la pena.
“El encanto de un eclipse es mágico. Y cada eclipse es único e irrepetible por las sensaciones que evoca”, dice Villa, y agrega: “Sé que sueno exagerado al decir esto, así que invito a la gente a que me acompañe en este viaje; pero les advierto: ¡tengan cuidado, porque la magia de los eclipses no tiene antídoto!”.
Sin embargo, Villa es un novato comparado con Ralph Chou, quien ha presenciado 20 eclipses totales en todo el mundo desde 1963 hasta 2024, desde Brasil hasta China, Australia y Finlandia.

“A lo largo de los años he presenciado muchos eclipses memorables. Uno de los mejores fue en Filipinas, porque estaba sentado junto al entonces jefe de defensa, [Fidel] Ramos, quien más tarde se convirtió en presidente. También estuve en Libia con el coronel [Muamar el] Gadafi”, dijo Chou (75), profesor jubilado de optometría originario de Ontario, Canadá.
“Hay muchos lugares interesantes a los que puedes llegar y a los que normalmente no querrías ir”, añadió.
“Dentro de la comunidad de cazadores de eclipses, los llamados umbrófilos, nos conocemos muy bien. Umbra es la palabra latina para ‘sombra’ y philos es la palabra griega para ‘entusiasta’”, explicó.
“Mi esposa no deja de recordarme que si hubiera invertido todo el dinero que he gastado en estos viajes, ¡sería rico! Pero es fascinante ver estas cosas”, comentó.

Paolo Volpini es otro aficionado. Su trabajo habitual es el de empleado municipal en la ciudad toscana de Piombino, en Italia. Es relativamente nuevo en el selecto grupo de cazadores de eclipses; solo ha visto cuatro: en Austria, la Isla de Pascua, el desierto del Sahara en Libia y Wyoming, en EE. UU. El de España será su quinto eclipse.
“Tengo 61 años, pero me apasiona la astronomía desde niño. Los eclipses solares son el mayor espectáculo de la naturaleza. La luz especial, la reacción de la gente, son algo único”, afirma.
“Ahora vamos a Menorca, donde queremos tomar una foto del sol sobre el mar. Pero en 2006, estuvimos en el desierto del Sahara, en Libia, donde compartimos esto en medio del desierto”, prosiguió.
“La Isla de Pascua fue lo mejor. Fue el primer eclipse que se vio sobre esas estatuas. Estábamos en la costa, sabiendo que no había nada en miles de kilómetros a la redonda. Estábamos en medio de la nada”, contó.
Volpini suele viajar con su “otra familia” de aficionados a los eclipses. Este año viajará con su esposa a España.
“Me gusta que me llamen cazador de eclipses. Iría más a menudo, pero no tengo suficiente dinero ni vacaciones. ¡Y mi esposa no estaría contenta!”, dijo, riendo.
A diferencia de muchos de sus compañeros aficionados a la observación de eclipses, Ilana Macdonald ha dedicado la mayor parte de su vida al mundo de la astronomía. Es doctora en astrofísica y trabaja en el Instituto Dunlap de Astronomía y Astrofísica de la Universidad de Toronto, Canadá. Su labor consiste en divulgar las maravillas del estudio de las estrellas y la luna.
Viaja a Segovia, en España, para observar el eclipse durante un minuto como máximo; es solo su segunda experiencia. Pero sospecha que el hechizo ya la atrapó.
“Creo que me ha picado el gusanillo. El primero me impactó muchísimo, tanto a nivel emocional como profesional. Entiendo por qué la gente viaja por todo el mundo para ver estos eclipses. Creo que quiero ser cazadora de eclipses”, dice Macdonald (40).

Según ella, los verdaderos cazadores de eclipses solo viajan para ver la “totalidad”, es decir, cuando el sol queda completamente oculto por la luna. Los eclipses parciales simplemente no merecen la pena.
“Ver ese círculo negro con esa corona alrededor es una experiencia alucinante. Además, provoca muchos cambios ambientales. Se pueden ver estrellas y planetas durante el día. Vi Júpiter y Venus. La temperatura baja notablemente, unos 10 °C. De repente, toda la fauna reacciona. Los pájaros se quedan en silencio. Las ranas empiezan a cantar como si fuera de noche. Los perros empiezan a ladrar”, cuenta.
“Uno no pensaría que tendría tanto impacto. Se entiende por qué las civilizaciones antiguas lo veían como un presagio de fatalidad”, expresa.
Macdonald explica que los eclipses solares totales ocurren en diferentes partes del mundo aproximadamente cada dos años, pero en este momento la atención se centra en el eclipse que tendrá lugar el próximo miércoles.
En cuanto a los mejores lugares para ver el eclipse en España, Villa comenta: “Sin duda, las Islas Baleares, tanto por las estadísticas meteorológicas como porque el eclipse tendrá lugar al atardecer. ¡Por lo tanto, la imagen del eclipse se reflejará en el mar!”.
Explica que hasta ahora nunca se habían tomado fotografías de eclipses sobre el mar. Sin embargo, otros aficionados a la observación de eclipses, que conocen los mejores lugares para presenciarlo, se dirigen a Castilla y León, una región al norte de Madrid. Ilana Macdonald, por su parte, irá a Segovia, una pintoresca ciudad al norte de la capital española.
Traducción de Sara Pignatiello





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