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‘Euphoria’ 3: la serie que marcó a una generación ofrece un retrato lúcido y poco halagador del EE. UU. actual

El drama de Sam Levinson regresa tras una pausa de cuatro años, con un reparto —desde Sydney Sweeney y Zendaya hasta Jacob Elordi— formado por los jóvenes talentos más prometedores de Hollywood

Tráiler de la tercera temporada de ‘Euphoria’ adelanta el regreso de su elenco principal
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“Son vaqueros e indios, el hombre civilizado contra el salvaje”, gruñe un capo armado en la tercera y última temporada de Euphoria de HBO Max. A medida que la música empieza a resonar —como la de Ennio Morricone que se cierne sobre el suroeste americano— queda claro que la innovadora serie de Sam Levinson, de vuelta tras cuatro años de pausa, es ahora un western. El western es, después de todo, el género más estadounidense de todos, y Euphoria, ambientada en una frontera atormentada, en medio de la fiebre del oro de la economía de la atención, es un retrato lúcido y poco halagador del EE. UU. moderno: lo bueno, lo malo y lo feo.

Han pasado muchas cosas desde la secundaria. Rue (Zendaya) se ha convertido en mula de drogas, realizando viajes mortales a través de la frontera mexicana, hasta que se le presenta una nueva oportunidad, igualmente letal. Nate (Jacob Elordi) y Cassie (Sydney Sweeney) están comprometidos, viviendo lejos de East Highland, cada uno anhelando algo más que su aislamiento doméstico. Maddy (Alexa Demie) trabaja como asistente de representación de talentos, con sus uñas acrílicas repiqueteando incesantemente contra la pantalla de su teléfono, mientras que Jules (Hunter Schafer) ha abandonado la escuela de arte y ahora vive como sugar baby en un ático de Los Ángeles. Superficialmente, a todos les va bien. “Estoy sobria al estilo de California”, confiesa Rue con una risa irónica, y añade: “Evito las cosas que podrían destruir mi vida”. Y sin embargo, Euphoria siempre ha sido una serie sobre la autodestrucción, y lo único que estos personajes no pueden evitar es a sí mismos.

Pero no solo ha cambiado la vida de los personajes. Fuera de la pantalla, en los cuatro años transcurridos desde la última temporada, algunas de las estrellas de la serie —Elordi, Sweeney y Zendaya— se han convertido en tres de los jóvenes talentos más prometedores de Hollywood. Levinson también ha tenido un camino difícil: su segunda serie, The Idol, fue duramente criticada, atrayendo todas las acusaciones de misoginia lasciva que Euphoria había evitado (por poco). Además, ha habido problemas de personal: las trágicas muertes de los actores Angus Cloud, quien interpretaba a Fez (quien aparece en esta serie como una presencia fuera de pantalla), y Eric Dane (que regresa aquí como el padre de Nate, Cal), han teñido la serie de tristeza. La actriz Barbie Ferreira, quien interpretaba a Kat, y el compositor británico Labrinth han declinado regresar a la serie. Todo esto hizo que el regreso de Euphoria estuviera lejos de ser inevitable. Sin embargo, También se ha convertido en un programa importante, tanto un gran evento televisivo como una piedra Rosetta para comprender a la generación Z, y el público ha estado pidiendo a gritos un capítulo final.

Sydney Sweeney retoma el papel de Cassie en la tercera temporada de ‘Euphoria’
Sydney Sweeney retoma el papel de Cassie en la tercera temporada de ‘Euphoria’ (HBO)

Levinson cumple con creces. Es una prueba de la solidez del universo de Euphoria que estos nuevos episodios (al menos los tres disponibles para la prensa) se sientan fieles a sus personajes y una continuación precisa de la saga. El estrepitoso fracaso de Levinson en The Idol no debería empañar su habilidad para construir tramas tensas, ingeniosas y moralmente complejas. Frente a esos guiones, sus actores (de quienes se rumoreaba que no estaban muy entusiasmados con su regreso a la serie) parecen estar disfrutando enormemente. Zendaya se ha convertido en una auténtica estrella, capaz de cargar con el peso dramático de la serie, pero Sweeney también demuestra que la fama de chica de calendario no es incompatible con un talento interpretativo genuino. De hecho, el reparto es excelente y muy completo, con prácticamente ninguna actuación floja: Demie destaca como la explosiva Maddy (“No soy una víctima, no seré una pesadilla para Recursos Humanos y creo en el capitalismo”, declara en una entrevista de trabajo), al igual que Martha Kelly en el papel de la inquietantemente monótona Laurie. Se percibe claramente que tanto el guion como las interpretaciones comprenden a la perfección a los personajes y sus complejas y, a menudo, contraproducentes motivaciones.

En su esencia más pura, Euphoria plantea un mundo donde todos son bellos, pero también terribles. Es una visión estéticamente maximalista de un EE. UU. corrompido por el capitalismo, el cual lo ha convertido en una sociedad iracunda, ebria y solitaria. “¿Alguna vez sientes que tu vida podría ser mejor?”, le pregunta Cassie a su criada, quien la fotografía vestida como una “bebé adulta”. “EE. UU., mi sueño”, responde la criada, simplemente. Y sin embargo, todos son infelices, todos se sienten perdedores, viviendo al margen de la sociedad. Maddie gana un mísero porcentaje con las chicas de OnlyFans a las que promociona; Cassie se siente empujada a un suburbio sin alma. “Lo que ves en la televisión influye directamente en cómo nos vemos los unos a los otros”, advierte Patty Lance (Sharon Stone), guionista principal de la telenovela donde trabaja la hermana de Cassie, Lexi (Maude Apatow). Y lo que vemos, en Euphoria, es cómo se cae la máscara de la belleza.

“No es porno, es erotismo”, le informa Cassie a Nate cuando empieza a publicar fotografías íntimas. Los críticos de Levinson dirían que tiene la sensibilidad de un pornógrafo, que prefiere imágenes impactantes y clips sensacionales dignos de TikTok a una resonancia emocional más sutil. Sin embargo, la serie critica esta sexualización sin glamour. Rue, que rara vez se enfrenta a una mala decisión que no desea tomar, tiene más autonomía que Cassie, atrapada en el “complejo de la virgen-prostituta” (aquí sus opciones son ama de casa tradicional o modelo de OnlyFans). Y los gustos morbosos de Levinson (no muy diferentes a los de Ryan Murphy, otro autor de la nueva televisión estadounidense) también lo llevan por caminos grotescos. Mujeres vomitan al tragar bolas de drogas, un pollo es decapitado sumariamente, un cerdo barrigón defeca a quemarropa frente a la cámara. Se trata de una cinematografía descarada y sin sutilezas que captura el momento que estamos viviendo, donde la atención se ha mercantilizado y solo los contenidos extremos —¡lo más obsceno! ¡lo más sexy! ¡lo más asqueroso! — consiguen captar la atención del público.

Euphoria es una serie que define a una generación. No solo para los zoomers, a quienes esta transición a la vida real les puede resultar incómodamente burguesa, sino también para nuestro tiempo. Una serie superficial sobre la superficialidad, una serie materialista sobre el materialismo: Euphoria asume sus contradicciones y, en esta última temporada, demuestra haberlas dominado.

Traducción de Sara Pignatiello

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