Thank you for registering

Please refresh the page or navigate to another page on the site to be automatically logged inPlease refresh your browser to be logged in

Jump to content

‘Resident Evil: noche cero’ es un reinicio divertido y delirante que se siente como un gran videojuego

El director de ‘La hora de la desaparición’ creó una película increíblemente fiel a los exitosos videojuegos en los que se inspira, pero con suficiente estilo y violencia para conquistar también a quienes nunca los jugaron

Read in English

La reciente oleada de adaptaciones de videojuegos no logró capturar un aspecto crucial del medio: la experiencia está por completo en manos del jugador. Y, a veces, el jugador es realmente pésimo.

Esa particularidad convierte el reinicio de Resident Evil, la exitosa saga de videojuegos de Capcom, a cargo de Zach Cregger, en dos cosas a la vez: para quienes no juegan, una divertida y delirante sinfonía de volteretas, enormes bolas de carne y hueso y burbujas de sangre que estallan; para los jugadores, una mordaz metacomedia sobre cómo todos se creen expertos exterminadores de zombis hasta que fallan cinco disparos consecutivos a la cabeza y, de algún modo, terminan muertos a manos de una rata.

La película es mucho más fiel a las mecánicas de survival horror del material original que las anteriores entregas protagonizadas por Milla Jovovich, pero sin quedar saturada de guiños para los fans como ocurrió con el fallido reinicio de 2021, Resident Evil: Welcome to Raccoon City. Más importante aún, es una película inconfundiblemente de Zach Cregger, con el mismo dominio del ritmo que mostró en Bárbaro (2022) y en La hora de la desaparición, ganadora del Oscar el año pasado. Una prueba de que el terror no siempre necesita sutileza psicológica cuando el cineasta sabe ejecutar un sobresalto con semejante elegancia.

Austin Abrams en ‘Resident Evil’, de Zach Cregger
Austin Abrams en ‘Resident Evil’, de Zach Cregger (Sony Pictures)

Austin Abrams, conocido por su papel en La hora de la desaparición, interpreta a Bryan, un mensajero médico que está a punto de terminar su jornada y volver a casa para pensar qué hará con su vida tras un embarazo inesperado. Entonces le ofrecen un trabajo por el doble de dinero, con una condición: conducir hasta el Hospital General de Raccoon City, en las montañas, para entregar un paquete de alta prioridad. Decide que sus problemas personales pueden esperar. Ya en la carretera, en medio de la oscuridad y la nieve, atropella a una mujer que cree que está en estado de shock.

Por supuesto, no es así. La mujer está infectada con el virus T, que transforma a sus huéspedes en mutantes repugnantes y voraces. Hasta aquí, todo muy Resident Evil. Solo que Bryan no es el típico héroe que se crece ante la adversidad. Es más bien el personaje que controlaría alguien que acaba de aprender a jugar. Corre en círculos como en Scooby-Doo mientras lo persiguen. Intenta abrir puertas cerradas una y otra vez sin conseguirlo. Se deshace de objetos que necesitará más adelante. Y cuando se encuentra ante una valla electrificada, casi parece el momento exacto en que el juego mostraría un tutorial en pantalla: “Pulsa X para saltar”.

Austin Abrams en ‘Resident Evil’, de Zach Cregger
Austin Abrams en ‘Resident Evil’, de Zach Cregger (Sony Pictures)

Es mérito de Abrams que Bryan resulte cómicamente frustrante en lugar de simplemente irritante. Es un personaje simpático, con cierto trasfondo trágico, aunque Cregger se excede una sola vez con el juego metacinematográfico, cuando hace que Bryan diga en voz alta que es un jugador cuyas habilidades de combate existen únicamente en el mundo virtual. En otras escenas, el director reproduce con mayor sutileza el ritmo narrativo de un juego de Resident Evil: la cámara recorre cada nuevo escenario para que el público descubra la información al mismo tiempo que Bryan y, de vez en cuando, adopta directamente una perspectiva en primera persona.

Ahí está lo esencial de la adaptación. Pero Cregger y su coguionista Shay Hatten también se interesan por los aspectos más peculiares (y, a veces, más absurdos) de los videojuegos. Está, por ejemplo, esa capacidad de los escenarios para provocar una sensación inmediata de pavor cuando Bryan descubre que la única forma de avanzar es atravesar la sala de maternidad (bueno, nada bueno puede pasar ahí dentro, ¿verdad?). O la escena en la que el siempre confiable Paul Walter Hauser aparece en el asiento delantero de un auto para proporcionarle información crucial sobre la misión mientras trasladan a Bryan de un lugar a otro.

Resident Evil, entonces, se acerca todo lo posible a la experiencia de sentarse frente a uno de estos juegos. A menos que seas un genio con el mando, lo que te espera es una extraña y deliciosa mezcla de absurdo sublime, niveles de cortisol por las nubes y el temor cada vez mayor de encontrarte cara a cara con la criatura más repugnante que tu mente pueda imaginar. Para Cregger, supongo, eso cuenta como misión cumplida.

Director: Zach Cregger. Reparto: Austin Abrams, Zach Cherry, Kali Reis, Paul Walter Hauser. Clasificación: +15. Duración: 90 minutos.

‘Resident Evil’ se estrena en cines el 18 de septiembre.

Traducción de Leticia Zampedri

Thank you for registering

Please refresh the page or navigate to another page on the site to be automatically logged inPlease refresh your browser to be logged in