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‘Exterminio’: ‘El templo de huesos’ va más lejos que la original, según la mirada de Nia DaCosta

Danny Boyle cede la dirección a la cineasta de ‘Candyman’ para una secuela posapocalíptica audaz y engañosamente lúdica

‘Exterminio’: El templo de huesos’
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Exterminio: El templo de huesos es la prueba de que los artistas no siempre deberían ser tan territoriales con su obra. Danny Boyle, quien en 2025 volvió al universo que creó con Exterminio (2002), cedió la dirección de esta nueva entrega a Nia DaCosta (Candyman, The Marvels). Y esa nueva voz, esa mirada distinta, ha llevado a El templo de huesos más lejos de lo que su predecesora jamás se atrevió.

Con Alex Garland aún a cargo del guion —aportando el tejido conectivo entre entregas—, ambos han construido una historia de horror que arrastra al espectador directo al corazón del apocalipsis (lo cual, seamos sinceros, no suena tan lejano en estos días). La película es frenética, salvaje, reflexiva, melancólica, sofocante, incendiaria, monstruosa… y profundamente humana. Exterminio seguía a Spike (Alfie Williams), un chico que abandonaba la seguridad de su comunidad aislada en Lindisfarne para arriesgarlo todo en busca de un bien irremplazable: el amor de una madre. Era una historia sencilla, anclada en mitos fundacionales, pero poderosa en su ejecución.

Esta vez, el guion de Garland introduce ecos de Mary Shelley para plantear una pregunta inusual en el cine de zombis: ¿qué separa a un hombre de un zombi? ¿Dónde empieza uno y termina el otro? Esa misma pregunta se la hace el doctor Ian Kelson (Ralph Fiennes), un médico tan sabio como perturbado, responsable del inquietante “templo de huesos”: un osario construido con restos humanos como intento desesperado por preservar la memoria de los muertos.

Kelson se obsesiona con Samson (Chi Lewis-Parry), un infectado "alfa" que observa con creciente fascinación. Vuelve una y otra vez al templo con una expresión difícil de descifrar: ¿es curiosidad? ¿O simplemente más confusión, entre gruñidos, miradas vacías y mordidas de cerebro?

Nia DaCosta es más sutil con la cámara que Danny Boyle. Aquí trabaja junto a su colaborador habitual, el director de fotografía Sean Bobbitt. Algunos quizás lamenten que haya decidido no filmar con un iPhone ni usar imágenes en infrarrojo, como sí lo hizo Boyle. Pero el ingenio de DaCosta no es menor: simplemente se manifiesta de forma más tonal. Se asoma en su manejo del silencio, o en el montaje inesperadamente cómico que muestra las interacciones entre Kelson y Samson como si fueran parte de una comedia romántica, todo al ritmo de ‘Ordinary World’, de Duran Duran.

La escena encaja perfectamente con la interpretación feroz de Fiennes. Kelson parece el coronel Kurtz, pero actúa como Yoda: canta, ríe solo y lanza frases en latín. Y uno se pregunta si, en el fondo, perder la cordura no será la mejor forma de sobrevivir al fin del mundo.

Pero hay otro jugador clave en El templo de huesos: el personaje que apareció al final de Exterminio vestido como Jimmy Savile, con la sonrisa letal de Jack O’Connell. El actor ofrece aquí otra actuación magistral como villano, tras lo que hizo el año pasado en Sinners. O’Connell entiende exactamente lo que se necesita para dar vida a un personaje tan perverso como complejo: una lógica interna y un control absoluto, incluso dentro de toda esa crueldad desbordada.

(Para quienes se lo pregunten: DaCosta no le teme en absoluto a mostrar violencia gráfica cuando la historia lo exige).

El personaje de O’Connell ejerce un poder corruptor evidente sobre su secta de “Jimmys”, en la que el pobre Spike ahora está atrapado. Sus seguidores lo imitan en todo: visten como él, piensan como él y torturan como él.

Alfie Williams, por su parte, encuentra un lugar potente para su interpretación, en ese terreno ansioso entre el niño que aún es y el adulto que el mundo, a la fuerza, lo obliga a ser.

Ritual de huesos: Jack O’Connell encabeza un culto en ‘Exterminio: El templo de huesos’
Ritual de huesos: Jack O’Connell encabeza un culto en ‘Exterminio: El templo de huesos’ (Sony)

Lo que une a Kelson y a Sir Lord Jimmy Crystal, el personaje de Jack O’Connell, es el papel del lenguaje en la construcción (o destrucción) de nuestra humanidad. Lord Jimmy se presenta como el hijo de Satán, un ícono de la perversión total del lenguaje y los símbolos: llama “caridad” a sus actos de violencia. Esta elección se suma a la atrevida y compleja alusión que la película hace a Jimmy Savile, un hombre que ocultó crímenes atroces bajo el disfraz de la filantropía.

El Lord Jimmy de O’Connell también enmascara su barbarie bajo una gran puesta en escena, mientras que Kelson, en contraste, se obsesiona con la incapacidad de los infectados para comunicarse o dar consentimiento. Todo esto nutre un terreno temático riquísimo dentro de la saga, que incrementa, poco a poco, la expectativa del público por el momento en que estos dos personajes finalmente se crucen. Y cuando lo hacen, es tan espectacular como audaz.

DaCosta cederá nuevamente el mando a Danny Boyle para la tercera entrega planeada de la trilogía, donde Cillian Murphy volverá a interpretar a Jim. Será interesante ver si El templo de huesos logra influir, de alguna manera, en el cierre de Boyle. A veces, ver nuestro propio mundo a través de los ojos de otra persona es la mejor forma de entenderlo.

Dirige: Nia DaCosta. Reparto: Ralph Fiennes, Jack O'Connell, Alfie Williams, Erin Kellyman y Chi Lewis-Parry. Clasificación: +18. Duración: 109 minutos.

Traducción de Leticia Zampedri

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