‘Obsesión’: la nueva película de terror explora por qué el “chico bueno” puede convertirse en una amenaza
La nueva película de terror independiente está atrapando al público con su combinación de humor inteligente y gore explícito. Sin embargo, detrás de las risas y los sustos repentinos, hay una reflexión sobre cómo el “amigo” con segundas intenciones puede resultar más aterrador que cualquier otra cosa, escribe Helen Coffey
—Ah, entonces es una historia romántica…
—No, no es una historia romántica. Es una historia de amor.
—¿Y no es lo mismo?
Sería fácil pasar por alto este breve intercambio entre Bear y Nikki, los protagonistas de la nueva película independiente de terror Obsesión. Sin embargo, esa conversación encierra una clave importante de lo que viene después: la confusión de Bear entre el romance, con sus grandes gestos, el drama y esa intensidad adictiva del “no me canso de ti”, alimentada por la dopamina, y un amor más desinteresado, capaz de sacrificarse por el otro.
Quizás esa diferencia sería más fácil de explicar si tuviéramos tantas palabras para hablar del amor como los griegos, que distinguían claramente entre eros y ágape.
La película se convirtió en un éxito inesperado después de que una escena en particular se viralizara en redes sociales. Desde entonces, los espectadores han elogiado su mezcla de humor excéntrico, actuaciones perturbadoras, sustos efectivos y gore explícito. Sin embargo, quizá sean los temas más sutiles (como la autonomía, el control y la naturaleza del consentimiento) los que le dan personalidad a la película bajo toda esa superficie sangrienta.
La premisa de Obsesión es sencilla. Bear, un joven dulce y reservado, lleva enamorado en secreto de Nikki, su amiga y compañera de trabajo, desde la secundaria. Después de años guardándose esos sentimientos, decide que llegó el momento de reunir el valor para confesarlos, pero cuando tiene la oportunidad, se arrepiente. En lugar de hablar con ella, pide un deseo usando una “salsa de los deseos” para que la persona que ama lo quiera “más que a nadie en este maldito mundo”.
Como era de esperarse, el deseo funciona. Demasiado bien. A partir de ese momento, esta nueva versión de Nikki, consumida por un supuesto enamoramiento absoluto, se vuelve cada vez más inquietante, errática y aterradora a medida que avanza la historia.
Pero el horror más profundo de la película no nace de la clásica advertencia de “ten cuidado con lo que deseas”, ni tampoco del viejo estereotipo de la mujer “loca” cuya pasión deriva en violencia extrema. Más bien, proviene de algo mucho más incómodo y familiar para muchas mujeres: la figura del autodenominado “buen tipo”, ese hombre que se gana su confianza, ocupa el rol de amigo y espera su oportunidad mientras esconde otras intenciones.
Esta idea se ha romantizado hasta el cansancio en la cultura popular: la figura del enamorado silencioso y no correspondido aparece una y otra vez, desde Duckie y Andie en La chica de rosa (1986) hasta Chris y Jamie en Solo amigos (2005). De hecho, la dinámica de amigos que terminan enamorándose domina tantas comedias románticas y novelas, como Cuando Harry conoció a Sally, que casi hemos terminado por asumir que ese camino representa la fórmula ideal hacia la felicidad.
Sin embargo, del mismo modo que la narrativa de enemigos que se enamoran puede resultar problemática al presentar el romance como una sucesión interminable de peleas, química instantánea y protagonistas atractivos, esta fórmula también puede distorsionar nuestra forma de entender las relaciones.

Claro que muchas relaciones románticas nacen de amistades reales. Los sentimientos cambian, crecen con el tiempo y las dinámicas evolucionan, pero hay algo muy doloroso en la idea de que un amigo haya ocultado durante años un enamoramiento intenso. No hay nada romántico en descubrir que alguien en quien confiabas, con quien compartías tu intimidad emocional y a quien abriste tu corazón, tenía otras intenciones desde el principio. Tampoco hay nada romántico en pasar años fingiendo una amistad cuando, en realidad, siempre se quiso algo más. Se siente deshonesto. Y más que eso: se siente como una traición. Porque, bajo esa lógica, toda la amistad estuvo construida sobre una mentira.
Aunque muchas veces se presenta como algo “tierno” o incluso admirable, ese deseo reprimido también tiene un costado más oscuro: puede parecerse más a una obsesión que al amor. La obsesión suele estar marcada por la fijación intensa y el deseo de poseer a otra persona, más que por una conexión genuina o un afecto profundo hacia quien realmente es.
Eso queda claro en Bear, el protagonista de Obsesión. A lo largo de la película demuestra una preocupante falta de empatía hacia la mujer que asegura amar. Incluso cuando entiende que Nikki ya no actúa por voluntad propia, sino que está atrapada por sus deseos manipulados, eso no evita que se aproveche de la situación. Hay una escena sexual muy incómoda de ver: Nikki permanece inexpresiva, con la mirada vacía, casi como una muñeca.
La película abre preguntas incómodas sobre el consentimiento y remite a historias anteriores, como la brillante comedia romántica Ruby Sparks (2012), donde un hombre controla cada aspecto de la mujer ideal que él mismo creó. También expone una idea inquietante: que algunos hombres, si tuvieran la posibilidad, elegirían una compañera sin autonomía, diseñada para obedecer, antes que una mujer con deseos propios y capacidad de decidir. Esa idea ya apareció en producciones como Companion (2025) o la serie Humans, de Channel 4, y probablemente resulte cada vez más relevante a medida que los robots impulsados por IA se acerquen a la realidad.
A medida que avanza la historia, también queda claro que la supuesta Nikki “extraña” no es el verdadero problema. Detrás de sus sonrisas exageradas y de esa adoración inquietante hay alguien atrapada en una forma constante de tortura psicológica. “Mátame, por favor”, susurra en una escena. Sin embargo, cualquier señal de culpa por parte de Bear, ya sea consciente o no del daño que provocó, simplemente no aparece. La ausencia de dos palabras, “lo siento”, termina diciendo mucho: para él, Nikki siempre estuvo más cerca de ser un premio que una persona.
Y, sin entrar en spoilers, incluso en el momento decisivo demuestra que no puede hacer lo único verdaderamente desinteresado que podría salvarla.
Olvídense de los cadáveres, los golpes y la sangre. Nikki puede parecer el monstruo de la película, pero el verdadero horror está en la falsa amistad de un hombre dispuesto a quitarle toda libertad a una mujer con tal de vivir su propia fantasía.
Traducción de Leticia Zampedri






Bookmark popover
Removed from bookmarks