Clive Davis: cómo un abogado de Nueva York se convirtió en una leyenda de la industria musical
El legendario ejecutivo discográfico, fallecido a los 94 años, pasó décadas en la cima de la industria musical. Kevin EG Perry repasa el impacto que tuvo en las carreras de artistas como Aretha Franklin, Janis Joplin, Bruce Springsteen y Aerosmith
Desde que fue nombrado gerente general de Columbia Records Group en 1965, Clive Davis se mantuvo durante décadas en la cima de la industria musical. A lo largo de una carrera de más de 60 años, impulsó las trayectorias de artistas que marcaron una época, como Whitney Houston, Bruce Springsteen y Santana. Sus fiestas posteriores a los premios Grammy llegaron a ser tan famosas que, en ocasiones, eclipsaban la propia ceremonia. Aretha Franklin, una de las voces más influyentes de la música, lo definió como “el mejor productor discográfico de todos los tiempos”. Davis falleció a los 94 años.
Sin embargo, su destino no parecía estar ligado a la música. Nacido el 4 de abril de 1932 en Brooklyn, Nueva York, era hijo de un electricista y creció en una familia judía de escasos recursos.
“En las familias judías con pocos recursos se insistía en que debías ser abogado o médico”, recordó en el documental Clive Davis: The Soundtrack of Our Lives (2017). “Yo quería ser abogado, sin tener realmente idea de lo que significaba”.
En 1955 ingresó al bufete Rosenman, Colin, Kaye, Petschek & Freund, que tenía entre sus clientes a CBS. Más tarde fue contratado como asesor jurídico de Columbia Records, subsidiaria de la compañía, y antes de cumplir los 30 años ya ocupaba un puesto directivo.
Su vida cambió en 1967, cuando asistió al Festival Pop de Monterey y descubrió el auge de la música psicodélica.
En sus memorias, publicadas en 2013, contó que estaba lejos de parecer un hippie. “Llevaba un suéter de tenis con cuello en V en los clásicos colores blanco, granate y negro, combinado con pantalones blancos”, escribió. Aun así, quedó cautivado por la actuación de Big Brother and the Holding Company y, especialmente, por su vocalista, Janis Joplin.
Davis fichó de inmediato a la banda y recordó una anécdota de aquella negociación. Según escribió, el representante del grupo le comentó: “Ella cree que la mejor manera de cerrar el trato es acostarse contigo”. El ejecutivo aseguró que rechazó la propuesta “con la mayor cortesía posible”.
Después del éxito de Joplin, continuó descubriendo talentos que se convertirían en figuras fundamentales de la música, entre ellos Bruce Springsteen, Billy Joel y Santana.
Su capacidad para identificar éxitos era legendaria y no dudaba en exigir más a los artistas cuando consideraba que era necesario. Tras escuchar la primera versión del álbum debut de Springsteen, Greetings From Asbury Park, N.J. (1973), le pidió que escribiera un par de sencillos adicionales.
Años después, el músico recordó aquella decisión: “Fui a la playa y escribí ‘Blinded by the Light’ y ‘Spirit in the Night’. Fue una buena idea. Al final, terminaron siendo dos de mis canciones favoritas del disco”.

Davis fue destituido de su cargo como presidente de CBS Records Group en 1973, aunque siempre negó las acusaciones de haber utilizado fondos de la compañía para cubrir gastos personales, entre ellos el bar mitzvá de su hijo. Poco después fundó Arista Records, un sello con el que incorporó a una amplia variedad de artistas, como Barry Manilow, Aretha Franklin, Patti Smith y Westlife.
En 1983 descubrió a una Whitney Houston de apenas 19 años, quien terminaría convirtiéndose en una de las artistas más exitosas de todos los tiempos.
En sus memorias, Davis recordó el nivel de detalle con el que seguía la evolución de la joven cantante. Incluso le envió una extensa carta con “sugerencias constructivas”, entre ellas: “Está bien improvisar al final de una canción, alargarla y darle un toque emotivo, pero no puede seguir y seguir sin un rumbo claro… da la impresión de que no sabes cómo terminarla”.
La muerte de Houston en 2012, a los 48 años, lo conmocionó profundamente. Davis recordó que apenas unos días antes ella le había asegurado que había superado su adicción a las drogas. La cantante falleció pocas horas antes de presentarse en una de las célebres fiestas previas a los premios Grammy organizadas por el ejecutivo, eventos que contribuyeron a consolidar su reputación como una de las figuras más influyentes de la industria musical.
Él mismo consideraba esas celebraciones una parte esencial de su legado. “Es uno de mis mayores logros que esta tradición continúe hasta el día de hoy”, escribió en sus memorias. “La fiesta sigue más viva que nunca: más exclusiva, más singular y más festiva”.
Como ocurre con muchas carreras tan largas y exitosas, la de Davis tampoco estuvo exenta de controversias. En 1990, cuando Milli Vanilli perdió el Grammy tras revelarse que el dúo había hecho playback con voces de cantantes de estudio no acreditados, el ejecutivo negó de forma categórica haber conocido o participado en el engaño.
También optó por guardar silencio sobre la caída en desgracia de uno de sus antiguos protegidos, Sean “Diddy” Combs, a quien años atrás había concedido 15 millones de dólares para ayudar a financiar el lanzamiento de Bad Boy Records.

Cuando se publicó la autobiografía de Clive Davis, gran parte de la atención se centró en su decisión de declararse bisexual.
“El dicho de que o eres gay o eres heterosexual o estás mintiendo no es cierto”, escribió. “La bisexualidad existe”.
Davis estuvo casado en dos ocasiones: primero con Helen Cohen, entre 1956 y 1965, y después con Janet Adelberg, de 1965 a 1985. Le sobreviven sus cuatro hijos: Fred, Lauren, Mitchell y Doug.
Su influencia en la música fue tan grande que su nombre llegó a aparecer en varias canciones. En “No Surprize”, de Aerosmith (1979), Steven Tyler canta: “El viejo Clive Davis dijo que sin duda nos convertirá en estrellas; te convertiré en una estrella tal como eres”. Por su parte, Bob Weir, de Grateful Dead, solía modificar en sus conciertos la letra de “Jack Straw”, cambiando “Antes tocábamos por plata, ahora tocamos por la vida” por “Antes tocábamos por ácido, ahora tocamos por Clive”.
Ese nivel de reconocimiento alimentó la imagen de un hombre con una enorme confianza en sí mismo. En la industria musical era un chiste recurrente decir que tenía un ego tan grande que creía que las siglas CD significaban Clive Davis. La broma, sin embargo, escondía una verdad: pocos ejecutivos ayudaron a vender tantos discos como él.
En 2008, Jon Landau, mánager de Bruce Springsteen, aseguró a Rolling Stone que dudaba que una carrera como la suya pudiera repetirse.
“Fue un magnate de la industria discográfica en los años sesenta. Estaba en la cima entonces y, 40 años después, seguía en la cima; eso es extraordinario”, afirmó Landau. “No creo que volvamos a ver algo así”.
Traducción de Leticia Zampedri





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