Opinión

Lo siento, Gianni: tu arenga al estilo Trump no borra el fracaso del Mundial

El presidente de la FIFA, Gianni Infantino, cargó contra quienes se atrevieron a cuestionar el éxito del reciente Mundial, escribe Will Castle. Pero su elogio a Donald Trump no cambia el hecho de que sus intervenciones empañaron el torneo

Trump bromea sobre la insólita afirmación de Gianni Infantino de que la FIFA es el “proveedor oficial de felicidad” del mundo
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Sinceramente, resulta casi enternecedor ver hasta qué punto Gianni Infantino parece empeñado en parecerse a Donald Trump. En su discurso se percibía la cadencia del presidente estadounidense e incluso algunos de sus gestos, mientras se embarcaba en una intervención tan extraordinaria como autocomplaciente para cargar contra quienes han criticado el Mundial. Da la impresión de que Trump le ha enseñado el que quizá sea su mantra político favorito: repetir una afirmación una y otra vez, con la suficiente convicción, hasta que parezca cierta.

Pero Infantino no es Trump. Ni siquiera es el mejor imitador de Trump en Suiza.

El presidente de la FIFA aseguró que su “Mundial más extraordinario” transcurrió sin un solo contratiempo. “¡No hubo violencia ni incidentes; seguridad al 100 %; solo alegría y felicidad!”.

¿Creen recordar el caso de Folarin Balogun? ¿El trato vergonzoso dispensado a Irán? ¿La negativa a permitir la entrada al país del considerado mejor árbitro de África? ¿O la muerte de cuatro personas en una estampida durante las celebraciones por la victoria de México sobre Ecuador? Según Infantino, si piensan en todo eso es porque están “consumidos por el odio”. ¡Anímense, almas amargadas!

Gianni Infantino emuló a Donald Trump con su diatriba en redes sociales
Gianni Infantino emuló a Donald Trump con su diatriba en redes sociales (AFP/Getty)

Disfraza su diatriba con palabras grandilocuentes como “alegría, unidad y amor”, que repite una y otra vez, vacías de contenido. Pero, en esencia, no deja de ser un ataque contra quienes han intentado exigirle responsabilidades. También es un intento de retorcer la realidad y reescribir un relato que cada vez le resulta más incómodo: que él mismo está contribuyendo a deteriorar el deporte más importante del mundo.

“A todos los que se perdieron ver a niños, bebés, abuelos y padres reunidos para disfrutar del deporte más hermoso del mundo, les pido disculpas porque los partidos ya terminaron y lamento que se hayan perdido toda esa alegría y esa unión. Lamento que estuvieran tan consumidos por el odio y las críticas que se lo perdieran todo”, afirmó Infantino.

“A quienes, escondidos tras sus plumas y papeles o detrás de una pantalla, difunden odio y falsos rumores, quiero decirles que, mientras ustedes permanecen sentados, nosotros, en la FIFA, estamos en primera línea organizando, trabajando duro y ofreciendo el mejor espectáculo del mundo”.

Las contradicciones se acumulaban una tras otra. Con cada nueva embestida, resultaba difícil no sentir indignación ante un dirigente que presentaba afirmaciones manifiestamente falsas como si fueran verdades incuestionables.

Gianni Infantino está convencido de que el Mundial fue impecable
Gianni Infantino está convencido de que el Mundial fue impecable (Getty)

Según Infantino, “Irán entró en Estados Unidos sin incidentes ni conflictos” gracias a que la FIFA trabajó “incansablemente” para unir a dos países en guerra. ¿De verdad cree que tenemos tan poca memoria?

La realidad fue muy distinta. Desde la denegación de visados a integrantes clave de la delegación hasta el traslado de última hora del campo de entrenamiento a México por las restricciones de ingreso a Estados Unidos, pasando por la presión del Gobierno de Trump para que el equipo abandonara el país de inmediato después de disputar sus partidos, la experiencia de Irán en el Mundial fue, en palabras de su capitán, Mehdi Taremi, “un desastre”.

El presidente de la FIFA también minimizó las dificultades con los visados. Aseguró que el hecho de que “a unas pocas personas se les denegara el visado” era irrelevante frente a los millones de solicitudes aprobadas de personas llegadas de todo el mundo e incluso se felicitó por ello: “Se concedieron visados a países que afrontan graves problemas sanitarios y otros desafíos”.

Pero no fueron unos pocos. “El fútbol es más importante que el odio y la discriminación”, afirmó. Los hechos, sin embargo, apuntan en sentido contrario.

El caso más llamativo fue el del árbitro somalí Omar Abdulkadir Artan, elegido mejor árbitro africano de 2025, quien fue deportado por sus presuntos vínculos con “supuestos miembros de organizaciones terroristas”. Desde entonces, la UEFA lo designó para dirigir la Supercopa de Europa, después de que, según sus propias palabras, se frustrara "el mayor sueño de mi vida", en lo que muchos interpretaron como un claro desaire a Infantino.

La negativa a conceder un visado al árbitro Omar Artan fue uno de los episodios que más titulares acaparó durante el Mundial
La negativa a conceder un visado al árbitro Omar Artan fue uno de los episodios que más titulares acaparó durante el Mundial (AFP/Getty)

Pero, por cada persona a la que se le negó la entrada a Estados Unidos, hubo otras cuya presencia sí fue autorizada. El centrocampista ghanés Thomas Partey, a la espera de juicio tras ser acusado de siete cargos de violación y uno de agresión sexual —de los que se ha declarado inocente—, pudo ingresar al país. Lo mismo ocurrió con el marfileño Elye Wahi, detenido días antes del Mundial por un presunto caso de amaño de partidos y que sigue bajo investigación de la policía francesa.

Luego está el caso Balogun. Mucho se ha escrito sobre un episodio que terminó convirtiéndose en uno de los mayores bochornos del Mundial. Sin embargo, Infantino volvió a restarle importancia.

“Las decisiones arbitrales ‘discutibles’ o las sanciones disciplinarias ‘extrañas’, como tarjetas rojas o amarillas potencialmente erróneas o la decisión posterior de no sancionar a jugadores en determinadas situaciones, son habituales y aceptadas en algunas de las ligas más importantes del mundo”, afirmó. “Resulta curioso que sean los países donde esto ocurre los que ahora lo critican”.

Al repetir el mismo argumento que la FIFA utilizó para responder a las críticas de la UEFA, Infantino parece convencido de haber desmontado las objeciones de sus detractores. Sin embargo, basta examinar el caso con un mínimo de detenimiento para comprobar la fragilidad de ese razonamiento.

Las críticas a la FIFA nunca se centraron en la existencia de decisiones arbitrales controvertidas, sino en que el reglamento del Mundial no contemplaba un procedimiento oficial para recurrir una expulsión como la de Balogun. Cuando Infantino alude a lo que ocurre en otras competiciones, omite un aspecto esencial: esas ligas sí cuentan con mecanismos de apelación; el Mundial, no.

El Gobierno de Trump, sin embargo, encontró la forma de sortear ese obstáculo gracias a su acceso directo a Infantino. Tras la revisión que solicitó, la FIFA recurrió a una cláusula poco conocida para dejar sin efecto la sanción de Balogun, pese a que numerosos expertos sostienen que el artículo 12.7 no debía aplicarse a decisiones disciplinarias adoptadas sobre el terreno de juego, ya que el propio reglamento las considera definitivas y no sujetas a revisión por los órganos judiciales de la FIFA.

La anulación de la tarjeta roja a Folarin Balogun fue una de las mayores controversias del Mundial
La anulación de la tarjeta roja a Folarin Balogun fue una de las mayores controversias del Mundial (Reuters)

Otros equipos intentaron hacer lo mismo, pero, al no existir un procedimiento oficial de apelación, la FIFA pronto perdió el control de la situación y rechazó cualquier nuevo intento. Aquello dio la impresión de un trato de favor y sembró serias dudas sobre la integridad deportiva del torneo.

Así que no, no fue “el mejor espectáculo del mundo”. Aunque tanto Infantino como Trump prometían que este sería un Mundial sin precedentes, el torneo terminó fracasando en uno de los objetivos que más interesaban al presidente estadounidense: mejorar la imagen de su Gobierno.

Al final, todo pareció formar parte de una operación para encubrir los problemas que rodean al deporte. La “Copa Mundial MAGA” buscaba proyectar al mundo una imagen de fortaleza y grandeza de Estados Unidos, al tiempo que reforzaba el apoyo interno al Gobierno en un contexto marcado por un creciente descontento, alimentado por las controversias en torno al ICE, los archivos de Epstein y otros escándalos. Sin embargo, el efecto fue el contrario: para muchos aficionados, el torneo reforzó la idea de que el deporte internacional no debería volver a celebrarse en Estados Unidos.

Qatar demostró que las graves polémicas previas a un Mundial, incluidas las denuncias por violaciones de los derechos humanos, pueden quedar relegadas para buena parte del público si el torneo ofrece un relato convincente y una competición exitosa, libre de interferencias políticas visibles. Incluso después de la codicia, el enorme costo, la guerra y la exclusión que rodearon este Mundial, algo similar podría haber ocurrido en Estados Unidos si el torneo hubiera culminado con una final memorable.

Pero, al permitir que Trump cruzara una línea al intervenir en el desarrollo de la competición, Infantino terminó pagando un alto precio. Trump no solo dejó en entredicho la imagen de su propio país y del jugador cuya ciudadanía cuestiona; también provocó la indignación de buena parte del mundo del fútbol.

Infantino y Trump contribuyeron a que este Mundial no pase a la historia como uno de los grandes
Infantino y Trump contribuyeron a que este Mundial no pase a la historia como uno de los grandes (PA Wire))

Solo en el círculo más cercano de cada presidente parece considerarse un éxito este Mundial. Mientras tanto, ya se plantea ampliar el torneo a 64 selecciones, una propuesta que hace todavía más difícil justificar un campeonato que muchos ya consideran sobredimensionado.

Hay, sin embargo, una certeza: por muchas oraciones y sesiones de meditación que Infantino recomiende a sus críticos, este Mundial no será recordado como uno de los grandes. Pasará a la historia como un torneo fallido, precisamente el desenlace que Trump más quería evitar.

Traducción de Leticia Zampedri

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