J. D. Vance prometió calmar la tensión por el asesinato de ICE, pero estalló y culpó a todos menos al tirador
J. D. Vance defendió al agente de ICE, culpó a los medios de comunicación y a los demócratas de emitir juicios sobre la situación y planteó que se trata de una vasta conspiración de izquierda, escribe John Bowden
Enfurecido, el vicepresidente J. D. Vance culpó a los medios de comunicación y al Partido Demócrata de avivar la ira contra los agentes de ICE en todo el país al insistir, sin prueba alguna, en que la mujer asesinada a tiros por un agente en Minneapolis formaba parte de una “red de izquierda” e intentaba lastimar a los funcionarios en el momento de su muerte.
¿A quién no le echó la culpa Vance? Ni a la Casa Blanca ni al hombre que apretó el gatillo.
Aunque Vance afirmó que asistió para hablar con los periodistas el jueves y calmar la tensión en torno a la política estadounidense tras el tiroteo del miércoles, hizo todo lo contrario. Además de acusar a sus oponentes políticos de satanizar de manera injusta a los agentes de ICE y el esfuerzo de deportación masiva del presidente, Vance demostró que la administración estaba más interesada en atacar a los demócratas y echarles la culpa que en buscar algún tipo de unidad o limar asperezas.
“Creo que, el hecho de que los medios de comunicación emitan juicios y hablen de este hombre como si fuera un asesino, es una de las cosas más vergonzosas que he visto”, sentenció Vance.
“Esa mujer estaba allí para interferir en una operación legítima de las fuerzas del orden”, aseguró sobre Renee Nicole Good, la mujer que las autoridades identificaron como la persona asesinada a tiros por el agente de ICE Jonathan Ross mientras movía su vehículo durante una operación de deportación. En ningún momento se ve que el coche de Good acelere hacia los agentes de forma que representara una amenaza inmediata.
“Debería darles vergüenza”, sermoneó el vicepresidente, indignado, a los periodistas reunidos en la Casa Blanca. En una declaración que era una vil mentira, Vance afirmó que “nadie” discrepaba con que Good estaba apuntando con su vehículo a los agentes e intentaba atropellarlos, cuando el video del incidente no parece mostrar que Good pusiera a nadie en peligro inminente.


“Una mujer apuntó con su coche a un agente de la ley y pisó el acelerador. Nadie discrepa. Puedo creer que su muerte es una tragedia y al mismo tiempo reconocer que es una tragedia que ella misma provocó”, insistió Vance.
También afirmó que los demócratas estaban “trabajando incansablemente, a veces utilizando técnicas de terrorismo nacional para tratar de hacer imposible que el presidente de Estados Unidos haga aquello para lo que el pueblo estadounidense lo eligió”.
“Perdón, muchachos. ¿Qué está pasando aquí? Ustedes deben informar la verdad”, se quejó ante los periodistas presentes en la sala. Y agregó: “¿Cómo se dejaron convertir en agentes de propaganda de una franja radical que nos está dificultando el cumplimiento de nuestras leyes?”.
No sorprendería a nadie escuchar una perorata así de cualquiera de la segunda administración de Donald Trump, caracterizada por su obsesión con el ajuste de cuentas y la venganza, excepto que Vance declaró desde un principio que buscaba “calmar las aguas”. Insistió una y otra vez en que eran los medios de comunicación y el Partido Demócrata quienes debían hacerlo. Cuando se le preguntó directamente qué responsabilidad tenía la Casa Blanca al respecto, se limitó a decir que su trabajo consistía en proteger a los miembros de las fuerzas del orden.
Mientras tanto, Vance no pudo responder por qué estaba seguro de que Good era miembro de una vasta conspiración de izquierda ni aportar ninguna prueba que lo demostrara. Tampoco respondió por qué emitía juicios sobre el caso y declaraba a Good culpable de un delito antes de que se llevara a cabo cualquier investigación, fuera de los análisis realizados en los medios de comunicación.
Vance estaba ansioso por asumir los papeles de juez y jurado, mientras los medios de comunicación no pudieran hacerlo.
El vicepresidente tampoco dejó que la falta de pruebas le impidiera suponer que grupos de izquierda estaban inventando respuestas poco auténticas al tiroteo en ciudades de todo el país, donde se celebraron marchas y vigilias en honor de Good.
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“Cuando alguien lanza un ladrillo a un agente de ICE, o alguien intenta atropellar a un agente de ICE, ¿quién pagó por el ladrillo? ¿Y quién dijo a los manifestantes que se presentaran y participaran en actividades violentas contra nuestros agentes de la ley?”, Vance cuestionó. Sus comentarios recordaban una afirmación que surgió durante las protestas de George Floyd en 2020, que insistía en que la aversión y la ira populares contra la derecha debían ser inventadas, fruto de “manifestantes a sueldo” u otras explicaciones que, en general, pretendían negar la idea de un apoyo popular a las ideas progresistas. El comentario del “ladrillo” se refería específicamente a una extraña afirmación de que las redes de izquierda colocaron suministros de ladrillos de forma estratégica alrededor de la ciudad de Minneapolis en 2020 como munición para los manifestantes.
En las redes sociales, sus detractores rechazaron sus comentarios y los describieron como llamados a ignorar las pruebas de video de la situación.
“J. D. Vance es la persona más espantosa de la vida pública desde la segregación[,] se trata de una actuación verdaderamente despreciable”, escribió Tim Miller, de The Bulwark, antiguo director de comunicaciones del Comité Nacional Republicano.

El tiroteo contra Good, una madre de 37 años, dominó plataformas como X y Reddit el miércoles, mientras los conmocionados estadounidenses reaccionaban al video, que se difundió rápidamente.
Las autoridades estatales y municipales no llegaron a calificar el tiroteo de asesinato, como hicieron muchos en las redes sociales, pero lo calificaron de uso “imprudente” de la fuerza por parte del agente.
“Lárguense de Minneapolis”, clamó el alcalde de la ciudad, Jacob Frey, en una rueda de prensa.
Al tiroteo se suma el contexto de que la Administración está siendo criticada por sus propios partidarios por no centrarse suficientemente en la crisis de asequibilidad que afecta a los estadounidenses. Además, las tácticas cada vez más militantes utilizadas por las autoridades de inmigración en todo Estados Unidos han conmocionado a las comunidades y avivado las tensiones entre los residentes.
El partido del presidente tiene cada vez más probabilidades de perder la Cámara de Representantes en las próximas elecciones de mitad de mandato y los funcionarios de la Casa Blanca han redoblado los esfuerzos de deportación para satisfacer a los intransigentes guerreristas de inmigración en la coalición del Partido Republicano.
No obstante, el último incidente relacionado con estos esfuerzos podría ser contraproducente, ya que la furia por el tiroteo del miércoles va en aumento y podría poner a algunos en contra de la administración.
Traducción de Michelle Padilla







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