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‘El poder de la red’: la interpretación de Jeremy Strong como Zuckerberg parece una mala imitación de ‘SNL’

Esta especie de secuela de ‘La red social’ prescinde de David Fincher y Jesse Eisenberg, pero pone al guionista original, Aaron Sorkin, al frente de la dirección. El resultado es un thriller judicial a medio hacer, con el ritmo y la creatividad de una presentación de PowerPoint

EL PODER DE LA RED | TRÁILER
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En mi opinión, no hay una crítica más contundente a Mark Zuckerberg que la escena final de La red social, de David Fincher. Después de conseguir todo el poder y el prestigio que podía desear, el director ejecutivo de Facebook termina sentado a solas, actualizando una y otra vez la página para comprobar si la chica que lo dejó aceptó su solicitud de amistad.

Es una licencia poética —en aquel entonces, Zuckerberg ya mantenía una relación con quien hoy es su esposa, Priscilla Chan—, pero resume a la perfección la lógica de los magnates tecnológicos actuales. Incapaces de despertar simpatía por sí mismos, estos hombres encontraron la manera de manipular el mundo y acumular el reconocimiento social que tanto ansiaban. En el fondo, buscaban una fórmula infalible para volverse populares.

Sin embargo, El poder de la red, una especie de secuela escrita y dirigida por Aaron Sorkin, nunca intenta ofrecer un momento igual de revelador sobre Zuckerberg, ahora interpretado por Jeremy Strong. Jesse Eisenberg, quien rechazó retomar el papel que le valió una nominación al Oscar, estaba harto de que los fanáticos se le acercaran para pedirle que firmara objetos con la frase que Zuckerberg lleva en su tarjeta de presentación en la película: “Soy el jefe, carajo”.

Esta vez, Sorkin no solo escribe el guion, como hizo con la película original, sino que también asume la dirección. El resultado es una obra tan característica de su estilo que bien podría ser una extensión de The Newsroom, su serie marcada por los discursos aleccionadores. El cineasta toma los principales hallazgos de la investigación “The Facebook Files”, publicada por Jeff Horwitz en The Wall Street Journal, y los combina con el posterior testimonio de Zuckerberg ante el Congreso. Pero, en lugar de aportar una mirada propia, se limita a exponer una y otra vez esa información ante el espectador.

La película provoca indignación, sí, pero sobre todo porque los hechos que presenta son indignantes por sí mismos. Facebook modificó su algoritmo para favorecer las publicaciones que se compartían más veces, a sabiendas de que cuanto más escandaloso fuera un contenido, mayores eran sus posibilidades de difundirse. Así, el aumento de la interacción en la plataforma llegó acompañado de la promoción activa de contenidos extremistas.

Horwitz, interpretado por Jeremy Allen White, de The Bear, consiguió pruebas de que la empresa sabía que su plataforma estaba contribuyendo a radicalizar a los usuarios. La información llegó a sus manos gracias a Frances Haugen, una ingeniera de datos que decidió denunciar las prácticas de Facebook y que en la película interpreta Mikey Madison, ganadora del Óscar por Anora.

Jeremy Allen White y Mikey Madison en ‘El poder de la red’
Jeremy Allen White y Mikey Madison en ‘El poder de la red’ (Sony Pictures)

Sorkin presenta toda esta información con el ritmo y la creatividad de una presentación de PowerPoint. Aunque La red social y El poder de la red cuentan con el mismo director de fotografía, Jeff Cronenweth, sus estilos visuales no podrían ser más distintos. En esta última, la cámara se mueve de un lado a otro sin parar, como si Sorkin temiera que, si dejara de hacerlo, el público se quedaría dormido.

La mirada precisa e implacable de Fincher está ausente, ya que el director se encontraba ocupado con su próxima película para Netflix, Las nuevas desventuras de Cliff Booth. Sin embargo, no estoy seguro de que su ausencia sea el único problema. Los personajes que construye Sorkin tampoco tienen demasiada profundidad.

Horwitz y Haugen parecen definidos por una sola peculiaridad cada uno. Ella usa guantes sin dedos porque la celiaquía le provoca frío en las manos, un detalle que también busca transmitir su actitud defensiva. Él, en cambio, es un apasionado del cine clásico, una forma de presentarlo como alguien que valora lo analógico y desconfía de la automatización tecnológica. Pero ninguno de los dos resulta especialmente carismático, ni por cómo está escrito ni por la interpretación de los actores.

Sorkin se mueve con soltura entre personajes que dominan el discurso político, pero no tiene la habilidad de Fincher para convertir a personas socialmente torpes en figuras fascinantes de observar.

Por su parte, Strong interpreta a Zuckerberg como una especie de tortuga malvada, un hombre que esconde su crueldad detrás de una aparente incapacidad para expresar emociones. El actor capta muy bien esa frialdad, pero el guion apenas le permite hacer algo más que repetir las excusas y negativas del empresario. Así, lo que podría haber sido un retrato inquietante termina pareciéndose a una parodia de Saturday Night Live.

Jeremy Strong en ‘El poder de la red’
Jeremy Strong en ‘El poder de la red’ (Sony Pictures)

La película alterna entre la investigación de Horwitz y Haugen y los preparativos de Zuckerberg para declarar ante el Congreso, con Bill Burr y Wunmi Mosaku en los papeles de sus asesores. Sin embargo, todo resulta extrañamente aislado del mundo real, como si lo que ocurre dentro de Facebook no tuviera consecuencias fuera de la empresa.

Incluso cuando Sorkin recrea el asalto al Capitolio de Estados Unidos del 6 de enero, lo hace con una combinación de música sombría de Alexandre Desplat y un montaje fragmentado de banderas y botas que pisan el suelo, sin apenas contexto. ¿No habría sido más impactante recurrir a alguna de las innumerables grabaciones reales de aquel día, muchas de ellas publicadas precisamente en Facebook?

Sorkin parece empeñado en mantener al mundo exterior lejos de sus tres protagonistas, pero tampoco muestra demasiado interés en explorar qué los motiva. Y ahí está, precisamente, una de las grandes ventajas de la ficción frente al documental: la posibilidad de imaginar lo que ocurre en la mente de los personajes y llenar los vacíos que dejan los hechos.

Los documentos internos de Facebook muestran que Zuckerberg está motivado por el dinero, pero ¿qué más pasa por su cabeza? La película nunca nos permite verlo a solas. ¿Qué ocurre cuando sus aduladores se marchan y el empresario se queda frente a su propia conciencia? El poder de la red ni siquiera se atreve a imaginarlo.

Dirección: Aaron Sorkin. Reparto: Mikey Madison, Jeremy Allen White, Jeremy Strong, Bill Burr, Wunmi Mosaku, Betty Gilpin y Billy Magnussen. Clasificación: 15 años. Duración: 112 minutos.

El poder de la red se estrena en cines el 9 de octubre.

Traducción de Leticia Zampedri

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