Rey Haakon VIII: el monarca amante del surf y la guitarra que asciende al trono de Noruega
El nuevo rey de Noruega afronta el desafío inmediato de recuperar el apoyo a la monarquía
Noruega tiene un nuevo monarca tras la muerte del rey Harald V este viernes.
El hasta ahora príncipe heredero Haakon, de 53 años, ascendió al trono como Haakon VIII y comienza su reinado con el desafío de recuperar el apoyo público a una monarquía golpeada en los últimos meses por una serie de escándalos relacionados con la familia real. Entre ellos se encuentran la controversia por los vínculos de su esposa con Jeffrey Epstein y la condena por violación de su hijastro.
Haakon llega al trono con experiencia en las funciones de jefe de Estado, ya que durante los últimos años ejerció en numerosas ocasiones como regente ante el deterioro de la salud de su padre. Con su ascenso, su hija mayor, Ingrid Alexandra, de 22 años, se convierte en la nueva princesa heredera y ocupa el primer lugar en la línea de sucesión.
El cambio de monarca abre así un nuevo capítulo para una institución con más de mil años de historia. La monarquía noruega remonta tradicionalmente sus orígenes al rey Harald Cabellera Hermosa, quien gobernó durante el siglo IX.
Tras independizarse en 1905, Noruega celebró un referéndum nacional en el que cerca de tres cuartas partes de los votantes respaldaron la continuidad de la monarquía.
Aunque el poder político recae en un Parlamento elegido por voto popular, la familia real cumple un papel simbólico y de representación, tanto dentro del país como en el extranjero.
Haakon nació dos años después que su hermana mayor, la princesa Märtha Louise, pero se convirtió en heredero al trono tras la muerte de su abuelo, el rey Olav V, en 1991.
Un año antes, Noruega había modificado su Constitución para establecer la primogenitura absoluta, que da prioridad en la línea de sucesión al primogénito sin importar su sexo. Sin embargo, la reforma no se aplicó de forma retroactiva, por lo que Haakon conservó su lugar por delante de su hermana.
En un libro publicado en 1998, Haakon contó que de niño soñaba con tener una juguetería, hasta que comprendió que su destino como futuro rey ya estaba marcado.
Estudió Ciencias Políticas en la Universidad de California, Berkeley, y posteriormente obtuvo una maestría en Estudios del Desarrollo en la London School of Economics and Political Science, donde se especializó en comercio internacional y África.
También se graduó de la Real Academia Naval de Noruega en 1995 y completó su formación diplomática en el Ministerio de Asuntos Exteriores.
Fuera de sus obligaciones institucionales, Haakon es un apasionado del surf, el esquí y los deportes en general. En una entrevista con la emisora noruega NRK, llegó a decir que, de no haber pertenecido a la realeza, habría intentado dedicarse al surf de forma profesional. Además, es aficionado al rock y al rap y, durante su juventud, solía asistir a festivales de música en distintos países de Europa.
Haakon se casó con una mujer ajena a la realeza
Cuando Haakon conoció a Mette-Marit Tjessem Høiby en un popular festival de música en Noruega en 1999, sabía que la relación no tendría un camino fácil. Ella era madre soltera, el padre de su hijo había sido condenado a prisión por posesión de cocaína y, además, había sido vista en fiestas en las que se consumían drogas ilegales.
La relación dividió a la sociedad noruega: mientras algunos celebraban el romance, otros se mostraban escépticos. En 2000, el periódico noruego VG escribió que Haakon vivía “más cerca de la gente” que cualquier otro heredero al trono antes que él.
En una entrevista concedida a NRK en mayo de ese mismo año, Haakon explicó que a comienzos de la década de 1990 “surgió una cultura juvenil en Oslo” y reconoció que Mette-Marit había sido “parte activa de ese ambiente en aquella época”.
“Está claro que allí había fiestas bastante desenfrenadas”, señaló.

A pesar de la controversia, Haakon obtuvo el consentimiento de su padre, quien también se había casado con una mujer ajena a la realeza, para contraer matrimonio con Mette-Marit. La pareja se casó en agosto de 2001 en la Catedral de Oslo y, con el tiempo, ella se ganó el afecto de buena parte de los noruegos gracias a su espontaneidad, su cercanía con la gente y el cariño que mostraba por Haakon.
Aunque ambos aparecían con frecuencia en las portadas de las revistas del corazón, procuraron mantener una vida familiar relativamente normal y preservar su privacidad, sin renunciar a la elegancia y las obligaciones propias de la realeza.
Haakon y Mette-Marit tienen dos hijos, Ingrid Alexandra y el príncipe Sverre Magnus. La familia también incluye a Marius Borg Høiby, hijo de una relación anterior de Mette-Marit, de quien Haakon es padrastro y que no posee ningún título real.
El juicio de Høiby golpeó la imagen de la familia real

En junio, Høiby fue condenado a cuatro años de prisión tras ser declarado culpable de dos de los cuatro cargos de violación que enfrentaba, así como de agresión y abuso en el contexto de una relación de pareja. Fue absuelto de las otras dos acusaciones y sus abogados anunciaron que apelarán la sentencia.
El juicio agravó un periodo ya complejo para la familia real noruega, sometida a un creciente escrutinio público. A la causa contra Høiby se sumó la controversia por los contactos que Mette-Marit mantuvo en el pasado con Jeffrey Epstein, el fallecido delincuente sexual.
Mette-Marit se disculpó públicamente y reconoció que tuvo “mal criterio” al mantener esa relación, aunque no está acusada de ningún delito. En una entrevista televisiva emitida en marzo, afirmó que Epstein la había manipulado y engañado. Además, relató que se sintió insegura durante un encuentro con él en 2013, en su mansión de Palm Beach, Florida.
La situación de la princesa heredera también está marcada por sus problemas de salud. En 2018, la Casa Real anunció que había sido diagnosticada con una forma poco común de fibrosis pulmonar crónica, una enfermedad que en ocasiones la obliga a reducir sus actividades o suspender temporalmente sus compromisos oficiales.
La enfermedad incurable dificultaba cada vez más la respiración de Mette-Marit y le provocaba síntomas como tos seca, fatiga, pérdida de peso y falta de apetito. Ante el avance de la afección, finalmente se sometió a un trasplante de pulmón en junio.
A pesar de sus problemas de salud y de las controversias que han rodeado a la familia real, Haakon y Mette-Marit han procurado mantener una imagen cercana y familiar. Esa faceta quedó reflejada en una entrevista que la cadena NRK realizó a la pareja con motivo de sus respectivos cumpleaños número 50, en 2023, en la que recuperó antiguos videos familiares. En uno de ellos, Haakon aparecía tocando la guitarra mientras Ingrid Alexandra y Mette-Marit cantaban; en otro, el entonces príncipe heredero y sus hijos imitaban los movimientos de un rapero noruego.
Al volver a ver las imágenes, Haakon soltó una carcajada y afirmó que demostraban que “me entrego por completo a lo que hago”.
Esa cercanía con los noruegos podría resultar muy importante en esta nueva etapa. Uno de los principales desafíos de Haakon como rey será reforzar el respaldo popular a la familia real, que, aunque sigue siendo mayoritario, ha disminuido en los últimos años y sufrió un nuevo golpe durante el juicio de Høiby.
A estas controversias se suma la situación de Märtha Louise, hermana mayor de Haakon, cuya trayectoria también ha generado críticas y contribuido al deterioro de la imagen de la familia real. La princesa ha publicado libros en los que afirma mantener contacto con ángeles y, en 2024, se casó con Durek Verrett, un estadounidense que se presenta en su sitio web como chamán y sanador. Antes de esta relación, Märtha Louise estuvo casada durante 14 años.
Las polémicas en torno a la pareja ya habían llevado a la princesa a distanciarse de sus funciones institucionales. En 2022, anunció que dejaría de representar oficialmente a la Casa Real noruega ante las “muchas preguntas relacionadas con mi papel y el de mi prometido”.
En este contexto, las encuestas muestran un descenso del respaldo a la monarquía. Un sondeo publicado por el periódico noruego Dagbladet a finales de 2022 reveló que el 68 % de los consultados quería mantener la institución, frente al 81 % de apoyo registrado en una encuesta de NRK en 2017.
Traducción de Leticia Zampedri







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