Labores mundiales de desminado se ven presionadas por aumento de conflictos y reducción de ayuda
En Poy pastoreaba ganado en un antiguo bastión de los Jemeres Rojos en Camboya cuando le estalló por primera vez una mina terrestre.
La explosión del artefacto oxidado que había recogido le costó un brazo y un ojo. También lo inspiró para iniciar su carrera en la organización sin fines de lucro Cambodian Self Help Demining, la cual se dedica a limpiar o retirar minas terrestres y municiones sin explotar en todo el país, las cuales son restos mortales de las guerras del siglo pasado.
Grupos como el de Poy, que dependen de la ayuda extranjera, atraviesan dificultades a medida que los donantes desvían los fondos destinados al desminado con fines humanitarios y los asignan a conflictos activos en Ucrania, Gaza y Sudán, y hacia guerras más recientes, como las de Siria y Afganistán. Los conflictos actuales también impulsan un mayor gasto en defensa, lo que deja menos recursos para la ayuda.
El desmantelamiento de la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID, por sus siglas en inglés) por parte del presidente Donald Trump, así como la congelación de la ayuda exterior estadounidense durante 90 días el año pasado, agravaron los problemas, aunque el apoyo de Washington al desminado en Camboya se ha reanudado.
La situación de Camboya muestra que los peligros persisten incluso cuando cesan los combates. Las organizaciones de desminado dicen que, sin apoyo internacional, la tarea pendiente de limpiar o retirar minas terrestres y bombas sin explotar en el sudeste asiático mantendrá en peligro a las comunidades, causará mutilaciones y muertes, y frenará el desarrollo durante años.
Poy resultó herido en una segunda explosión de mina terrestre, la cual le atravesó el rostro y el cuerpo con metralla y mató a tres de sus compañeros. Ahora educa a sus compatriotas camboyanos en zonas de alto riesgo sobre cómo evitar estos peligros. No obstante, no sabe cuánto tiempo más lo hará.
“Si algún día los donantes dejan de financiar a mi organización, sin duda me sentiría triste porque aún no terminamos nuestro trabajo”, expresó. “Todavía quedan muchas minas terrestres”.
El legado mortal de la guerra de Vietnam
La guerra de Vietnam se extendió a Camboya y Laos, los países vecinos, y desencadenó conflictos que perduraron mucho después de que los estadounidenses huyeran tras la caída de Saigón —hoy Ciudad Ho Chi Minh—, incluido el régimen de terror de los Jemeres Rojos, que causó la muerte de cerca de 1,7 millones de camboyanos.
Camboya es uno de los países con mayor densidad de minas terrestres en el mundo. Laos es el país que ha sufrido el mayor número de bombardeos per cápita de la historia, y Vietnam aún lidia con las secuelas de las armas químicas.
Desde que las guerras terminaron, las minas terrestres y los artefactos explosivos sin detonar en los tres países han causado la muerte de unas 90.000 personas, y heridas a casi el doble.
Los restos de armamento yacen bajo campos y bosques, lo que obstaculiza la construcción de carreteras y escuelas. Se trata de hallazgos mortales que los niños confunden con juguetes, lo cual explica por qué ellos representan más del 40% de las víctimas civiles registradas a nivel mundial desde 1999 por el Landmine and Cluster Munition Monitor, una iniciativa de organizaciones sin fines de lucro creada para monitorear estos temas.
El desminado es una labor lenta y minuciosa.
Los equipos primero inspeccionan y cartografían las zonas contaminadas. Luego, paso a paso, despejan la vegetación y utilizan detectores de metales y equipos especializados para localizar los explosivos y destruirlos. El avance se mide en metros diarios, y el trabajo suele interrumpirse cuando el clima es muy húmedo.
“En realidad, estas cosas no se vuelven menos peligrosas con el tiempo. Se vuelven más peligrosas a medida que se deterioran”, apuntó Charles Ray, veterano de la guerra de Vietnam quien, tras el conflicto, llegó a ser el primer cónsul general de Estados Unidos en Ciudad Ho Chi Minh, y posteriormente, embajador en Camboya.
Al financiar la remoción de minas, Estados Unidos demostró su preocupación, manifestó Ray. “No sólo somos este gigante que irrumpe con su maquinaria militar y destruye cosas. También podemos ayudar a las naciones a reconstruirse”, agregó.
Los conflictos modernos desvían fondos del sudeste asiático
La financiación destinada al desminado humanitario ascendió a 4.300 millones de dólares entre 2020 y 2024, según el Landmine and Cluster Munition Monitor.
Las contribuciones nacionales de los países afectados representaron cerca de una quinta parte del total, mientras que la ayuda extranjera cubrió el resto, del cual la mayor parte provino de Estados Unidos, Alemania, la Unión Europea, Noruega y Suiza, agregó el mismo organismo.
Los conflictos recientes generan una demanda sin precedentes de labores de desminado a medida que se expanden las zonas contaminadas, dijo Maria Vardis, del Servicio de las Naciones Unidas de Actividades relativas a las Minas (UNMAS, por sus siglas en inglés).
Ucrania recibió un tercio de toda la financiación para el desminado humanitario en 2024 —más que cualquier otro país—, según datos del Landmine and Cluster Munition Monitor. Otras zonas de conflicto activo, como Yemen y Gaza, recibieron mayores fondos, y también se intensificaron las labores de desminado en Siria, Sudán y Afganistán, mientras que algunas naciones asiáticas reciben menos financiación.
Alemania sopesa reducir la ayuda al exterior en favor del gasto en defensa y del apoyo militar a Ucrania.
Al mismo tiempo, se colocan más minas terrestres y se lanzan bombas en otros conflictos, tales como la guerra civil en Myanmar y los conflictos fronterizos entre Camboya y Tailandia.
“La financiación sí fluctúa de un año a otro, pero en términos generales —incluso ante los recortes de muchos gobiernos— las grandes crisis siguen recibiendo fondos, mientras que los proyectos más pequeños y más antiguos de acción contra las minas pasan dificultades”, observó Vardis.
La interrupción de la ayuda estadounidense sacudió la confianza construida a lo largo de décadas
Durante el gobierno de Trump, la ayuda de Estados Unidos para el desminado en el sudeste asiático ha sufrido altibajos. Eso ha “sentado un precedente realmente peligroso sobre lo que se puede hacer”, expuso Danae Hendrickson, del grupo activista Legacies of War, con sede en Estados Unidos.
El año pasado, Washington aprobó 56,5 millones de dólares para programas relacionados con el legado de la guerra en Vietnam, según documentos del Congreso, frente a los 197 millones asignados en 2024. En julio, Marco Rubio, el secretario de Estado, anunció una ayuda de 130 millones de dólares para la remoción de minas en el sudeste asiático, sin dar más detalles.
La congelación de fondos del año pasado paralizó brevemente los proyectos sobre el legado de la guerra en Vietnam, y debilitó la confianza de Hanói respecto a los compromisos de Estados Unidos, señaló Nguyen Khac Giang, investigador visitante del Instituto ISEAS-Yusof Ishak, de Singapur.
“El daño duradero afecta a la confianza, arduamente ganada, entre los dos antiguos enemigos”, añadió.
En un correo electrónico dirigido a The Associated Press, un portavoz del Departamento de Estado de Estados Unidos indicó que la asistencia estadounidense “no es caridad” y que el desminado humanitario seguirá contribuyendo a los intereses de Washington en todo el mundo.
Grupo camboyano de desminado se enfrenta al cierre
Entre 1992 y 2025, se localizaron en Camboya cerca de 1,2 millones de minas y 3,2 millones de otros restos explosivos de guerra, según la Autoridad Camboyana de Acción contra las Minas y Asistencia a las Víctimas.
Hasta el año pasado, el país aún tenía 1.749 kilómetros cuadrados (unas 675 millas cuadradas) de terreno sin limpiar. Es posible que todavía queden miles, o incluso millones, de armas sin localizar, dijo Bill Morse, presidente del Landmine Relief Fund, que respalda a Cambodian Self Help Demining.
Apenas a una hora del famoso complejo de templos de Angkor Wat, en Siem Reap, especialistas en desminado —con banderas de Corea del Sur, Suiza y Estados Unidos en sus uniformes y cascos— avanzaron recientemente con cautela por un campo minado y despejaron el terreno paso a paso y con gran minuciosidad.
Encontraron una mina antipersonal de diseño soviético. Otra unidad cercana fue enviada para destruir un proyectil de mortero y una granada propulsada por cohete de una plantación de yuca, situada justo al lado de una carretera que conduce a un nuevo aeropuerto financiado por China.
Es posible que el grupo tenga que interrumpir sus labores para el mes de septiembre debido a los drásticos recortes en las donaciones. “Simplemente nos hemos quedado sin donantes”, refirió Morse.
“Si la gente quiere retirar su dinero, esa es una decisión que deben tomar ellos”, agregó. “Pero si lo hacen, aquí morirá gente”.






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