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Orbán perdió elecciones en Hungría, pero dejó huella y sigue teniendo sus partidarios

HUNGRIA ELECCIONES ORBAN
HUNGRIA ELECCIONES ORBAN (AP)

Antes de perder las elecciones el domingo que pusieron fin a sus 16 años en el poder, el primer ministro Viktor Orbán fue la fuerza dominante en la vida política de Hungría durante dos décadas, y se ganó la lealtad y la admiración de millones.

El líder con más tiempo en el cargo de la Unión Europea y uno de sus mayores antagonistas, recorrió un largo camino desde sus primeros días como un enérgico activista antisoviético hasta convertirse en el nacionalista cercano a Rusia que hoy admira la extrema derecha global.

Aunque Orbán fue derrotado de manera aplastante por el partido de centroderecha Tisza y su líder, el reformista proeuropeo Péter Magyar, muchos de sus seguidores todavía lo ven como uno de los mejores dirigentes de la historia de Hungría, y conserva una base de apoyo significativa: más de 2,3 millones de personas votaron por su partido nacionalista-populista Fidesz.

Entre los creyentes de Orbán destaca Ákos Szilágyi, uno de los partidarios más prominentes y visibles del primer ministro. Szilágyi, de 61 años, con frecuencia estaba en primera fila en los mítines y marchas de Orbán, y ha ganado notoriedad en Hungría por las coloridas camisetas que diseñó en las que retrata a Orbán como “el líder de Europa”.

“No soy partidario de Fidesz... soy orbanista", dijo Szilágyi a The Associated Press en una entrevista en Budapest, dos días después de las elecciones. "Los húngaros rara vez consiguen a un hombre como él. Puedes amarlo u odiarlo, pero creo que todo el mundo reconoce que es un genio”.

De liberal a nacionalista

Amado por muchos húngaros mayores y de zonas más rurales, y detestado por sus detractores, Orbán se ha consolidado como el dirigente más determinante del país desde su transición a la democracia tras el colapso del bloque comunista soviético.

Nacido en 1963, Orbán creció en un hogar modesto en la localidad rural de Felcsút, a unos 32 kilómetros (20 millas) de Budapest. Estudiante talentoso y gran aficionado al fútbol, estudió Derecho y más tarde fue a Oxford para estudiar ciencias políticas con una beca otorgada por una fundación dirigida por George Soros, el financiero nacido en Hungría a quien Orbán después trataría de retratar como un personaje siniestro.

En 1988, Orbán cofundó Fidesz, originalmente un partido juvenil liberal y anticomunista. Al año siguiente, cuando era un estudiante de Derecho de 26 años, pronunció un encendido discurso ante decenas de miles de personas en el que exigió que las tropas soviéticas abandonaran Hungría, un gesto audaz en los últimos estertores de la era comunista.

Tras entrar por primera vez al Parlamento en 1990 como jefe del bloque parlamentario de Fidesz, se convirtió en uno de los primeros ministros más jóvenes de Europa cuando ganó unas elecciones nacionales en 1998, a los 35 años. Pero a medida que cambiaban las dinámicas políticas de Hungría y surgían otros partidos liberales, empezó a llevar a Fidesz hacia la derecha, transformándolo en vehículo de un conservadurismo cada vez más nacionalista.

Muchos observadores consideran que las elecciones de 2002, cuando perdió frente al Partido Socialista de Hungría, fueron un punto de inflexión. Al dirigirse después a miembros de Fidesz, fijó la agenda de cambios importantes que introduciría una vez que regresara al cargo.

“Sólo tenemos que ganar una vez, pero tenemos que ganar a lo grande”, afirmó.

La era Orbán

Hicieron falta ocho años al frente de la oposición en el Parlamento, pero esa gran victoria finalmente llegó. Orbán capitalizó el descontento por las consecuencias de la crisis financiera global de 2008, así como los escándalos y la mala gestión del gobierno socialista, para volver como primer ministro en 2010. Fidesz obtuvo una mayoría de dos tercios en el Parlamento.

Fue un punto de inflexión. Con su abrumador mandato, Fidesz se puso a remodelar Hungría al redactar unilateralmente una nueva Constitución, manipular de nuevo el sistema electoral y copar los tribunales.

Mientras tanto, empezó a desviar contratos públicos, financiados en gran medida por la Unión Europea, hacia empresas propiedad de leales. Esos leales, a su vez, compraron cientos de medios de comunicación y forzaron el cierre de otros. Para finales de la década, se estimaba que Fidesz y sus aliados controlaban hasta el 80% del mercado de medios privados de Hungría.

Al utilizar el poder y los recursos del Estado, Orbán también ha transformado los medios públicos en un altavoz de su partido, y gastó miles de millones en comunicación financiada por el Estado —vallas publicitarias, anuncios y cartas a los hogares— para impulsar sus posturas. La organización de vigilancia mediática Reporteros Sin Fronteras lo ha calificado como un “depredador” de la libertad de prensa.

Pese a que la Unión Europea y organismos internacionales dieron la voz de alarma —el Parlamento Europeo declaró a Hungría una “autocracia electoral” en 2022—, los partidarios de Orbán lo elogian como un defensor de los valores cristianos y de la soberanía nacional frente a la globalización, la migración masiva y lo que él describe como una Unión Europea opresiva.

Con aparente deleite por entorpecer las decisiones de la Unión Europea, Orbán construyó vallas fronterizas y se opuso a la inmigración y el asilo, presentando a migrantes y refugiados como parte de una conspiración para “reemplazar” a la población blanca de Europa.

Szilágyi, partidario de Orbán, coincide firmemente con su enfoque sobre la inmigración y sobre la Unión Europea que se ha “apartado por completo de sus principios originales”.

“Acusan a Hungría de rechazar los valores europeos”, comentó sobre la Unión Europea, y añadió que el bloque de 27 países había “rechazado todos los valores europeos existentes hasta ahora, y de los que surgió la Europa basada en el cristianismo”.

“Por eso apoyo a Viktor Orbán. Porque fue capaz de plantarse ante ellos. Lo hizo tan bien que ahora lo han decapitado políticamente”, expresó.

Amigo de Trump y de Putin

El gobierno de Orbán con frecuencia ha sido criticado por Bruselas por la corrupción, la represión de la libertad de prensa, el recorte de la independencia judicial y la represión de los derechos de las personas LGBTQ+. Más recientemente, ha impedido los esfuerzos de la Unión Europea para apoyar a Ucrania y sancionar a Rusia por su invasión.

El bloque ha congelado miles de millones de dólares en fondos para Hungría por denuncias de que el gobierno está atentando contra el Estado de derecho. En respuesta, Orbán ha hecho una intensa campaña contra la Unión Europea, comparándola con la Unión Soviética, que dominó Hungría durante más de cuatro décadas.

Orbán también ha cultivado vínculos estrechos con líderes también acusados de ser autoritarios, como el presidente estadounidense Donald Trump y el presidente ruso Vladímir Putin. Ha encontrado puntos en común con partidos euroescépticos de extrema derecha, y ha pronosticado la toma “patriótica” de las instituciones de la Unión Europea.

Szilágyi tiene una colección de más de una docena de camisetas pro-Orbán; varias muestran los rostros de Trump y Orbán y los proclaman “pacificadores” y “líderes del mundo libre”.

Szilágyi ha asistido con regularidad a las ediciones húngaras del cónclave derechista llamado Conferencia de Acción Política Conservadora (CPAC, por sus siglas en inglés), y en 2022 viajó a Dallas para el evento nacional de CPAC. También estuvo presente en Washington en febrero para la reunión inaugural de la Junta de Paz de Trump.

Pese a la derrota histórica de Orbán, señaló Szilágyi, su comunidad política conservadora seguirá respaldándolo, incluso si no es ya primer ministro.

“Yo digo que el pueblo estará al lado de Orbán, y si los necesita, estarán ahí para él”, manifestó.

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Esta historia fue traducida del inglés por un editor de AP con ayuda de una herramienta de inteligencia artificial generativa.

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