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Padres chinos pagan para enviar a hijos a “campamentos de adversidad” para que valoren sus privilegios

A los niños les confiscan los teléfonos y pueden dejarlos comiendo solo papas si no trabajan

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Los padres chinos están pagando cientos de dólares para enviar a sus hijos a “campamentos de adversidad” rurales donde cortan leña, alimentan cerdos y cultivan papas para aprender el valor del estilo de vida que les proporcionan sus familias.

Los programas de verano, cada vez más populares y que se celebran principalmente en las provincias suroccidentales chinas de Sichuan, Guizhou y Yunnan, prometen ofrecer a los niños citadinos una muestra de la vida rural, al tiempo que los desconectan de los teléfonos móviles e Internet.

Se obliga a los niños a levantarse temprano y realizar tareas que imitan el trabajo diario de los agricultores, como cavar y vender papas, pelar la corteza de los árboles, cortar leña y alimentar al ganado.

Algunos campamentos cobran casi 600 dólares por 10 días, mientras que los programas más largos, que duran hasta un mes, pueden costar casi $1.500.

Archivo: un padre observa cómo sus hijos cenan a la luz de las velas frente a una casa en Gantang, China, tras el corte de electricidad provocado por las inundaciones causadas por el desbordamiento de un embalse en la región de Guangxi, al suroeste del país, el 9 de julio de 2026
Archivo: un padre observa cómo sus hijos cenan a la luz de las velas frente a una casa en Gantang, China, tras el corte de electricidad provocado por las inundaciones causadas por el desbordamiento de un embalse en la región de Guangxi, al suroeste del país, el 9 de julio de 2026 (AFP/Getty)

Los campamentos funcionan bajo normas estrictas.

Los niños pueden ganar puntos con su trabajo y usarlos para obtener artículos de primera necesidad, pero aquellos que no completen las tareas asignadas podrían tener que alimentarse solo de papas.

Los organizadores afirman que el objetivo es enseñar a los niños lo difícil que puede ser ganar dinero y animarlos a valorar la vida que les han proporcionado sus familias.

“Nuestro objetivo era brindarles una vida mejor, pero quizás sin querer los hayamos malcriado. Tal vez enfrentar dificultades sea esencial para que los niños valoren sus vidas cómodas”, escribió un usuario de redes sociales debajo de un video que promocionaba los campamentos.

En videos que circulan por Internet se ve a algunos niños llorando y suplicando que los dejen ir a casa. Otros han dicho que prefieren volver a sus estudios, declarando: “Puedo hacer cualquier cosa con tal de que no sea trabajo agrícola”.

Algunos programas también requieren que los niños escriban cartas a sus padres. El personal de los campamentos ha comentado que los videos y las cartas suelen conmover a los padres, quienes luego recomiendan la experiencia a otros.

Un hombre de apellido Gao, originario de Sichuan, dijo que había enviado a su hija, que acababa de empezar la escuela secundaria, a uno de los campamentos y se sorprendió al descubrir que disfrutaba del trabajo agrícola a pesar de quejarse repetidamente de él, según informó el periódico South China Morning Post.

Un hombre se une a unos niños en una actividad de lucha en el barro en un campo embarrado durante un evento organizado, que incluye carreras en el barro y combates de lucha, celebrado en Hong Kong, China, el 18 de abril de 2026
Un hombre se une a unos niños en una actividad de lucha en el barro en un campo embarrado durante un evento organizado, que incluye carreras en el barro y combates de lucha, celebrado en Hong Kong, China, el 18 de abril de 2026 (AFP/Getty)

Una madre de Shanghái, que inscribió a su hija de siete años en un programa de 10 días, comentó que algunos de los viejos hábitos de su hija, como la pereza y la selectividad con la comida, seguían intactos. Aun así, se mostró satisfecha de que su hija hubiera “salido de su zona de confort y experimentado un estilo de vida diferente”.

Otros padres también han reportado resultados mixtos: algunos afirman que los niños que antes estaban pegados a sus teléfonos cambiaron después de asistir a los campamentos, mientras que otros dicen que los malos hábitos de sueño y alimentación regresaron rápidamente, según informó el medio surcoreano Maeil Business.

Estos programas han suscitado un debate en Internet sobre si obligar a los niños a realizar trabajos físicos intensos es una forma eficaz de educación.

Los expertos en educación han advertido que los periodos cortos de trabajo obligatorio pueden no producir un cambio de comportamiento duradero, argumentando que el aparente remordimiento de un niño o la mejora de su comportamiento en condiciones difíciles podría ser simplemente una respuesta temporal al estrés.

“Muchos niños solo reciben educación en aulas urbanas. El exceso de trabajo podría afectar negativamente su desarrollo físico y mental”, comentó un usuario de las redes sociales.

Otro usuario y empresario, Arnaud Bertrand, que vivió en China durante ocho años, afirma que los campos “en realidad responden a un fenómeno particular chino: la generación de padres y abuelos que construyó la China moderna creció en una pobreza y unas dificultades increíbles”.

“Según su perspectiva —que probablemente sea correcta—, alcanzaron la prosperidad precisamente por esto, porque las dificultades les infundieron temple y los hicieron fuertes. Sin embargo, ahora se enfrentan a la paradoja de su propio éxito: la vida cómoda que tanto se esforzaron por brindarles a sus hijos podría ser precisamente lo que destruya ese éxito, ya que los niños son demasiado débiles e incapaces de sostenerlo”, agrega.

Traducción de Sara Pignatiello

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