Lo que Trump no entiende sobre las reservas de uranio de Irán, según una experta nuclear
Mientras circulan informes de que Donald Trump podría emprender una arriesgada operación militar para apoderarse de uranio en el interior de Irán, la física nuclear Patricia Lewis le cuenta a Radhika Sanghani la verdadera preocupación con respecto a las instalaciones nucleares iraníes, celosamente custodiadas

Hay dos cosas que debemos separar cuando hablamos de cuestiones nucleares en Irán: la primera es si Irán tiene la capacidad de desarrollar armas nucleares y si aún posee material nuclear altamente enriquecido; la segunda es sobre los posibles ataques estadounidenses e israelíes contra las centrales nucleares de Irán.
Mucha gente no entiende que son dos cosas muy diferentes. Oyen la palabra “nuclear” y piensan que significa bombas que destruyen todo a su paso, pero no es así. Pero las armas nucleares sí son, con mucho, las armas más dañinas y peligrosas de los arsenales actuales.
El primer punto se refiere a Irán y a si posee material nuclear. Sabemos que Irán cuenta con varias instalaciones que han estado enriqueciendo uranio, lo cual es motivo de gran preocupación debido a los temores sobre lo que podrían hacer con él.
Llevamos años preocupados por el programa nuclear iraní. Antes de 2003, los servicios de inteligencia occidentales sugerían firmemente que estaban desarrollando capacidad para fabricar armas nucleares, pero en 2003, las agencias de inteligencia estadounidenses concluyeron que habían dejado de hacerlo. Sin embargo, Irán ha estado enriqueciendo uranio —uno de los materiales utilizados en las armas nucleares— para usarlo en sus reactores y para desarrollar isótopos con fines médicos.
Tienen derecho a hacerlo con fines pacíficos, y así se acordó en el acuerdo nuclear con Irán en 2015. Inspecciones rigurosas demostraron que Irán solo estaba desarrollando el uranio poco enriquecido permitido. Pero cuando Donald Trump retiró a EE. UU. del acuerdo nuclear con Irán en 2018 y reimpuso las sanciones, la situación cambió.
Irán volvió a enriquecer su uranio a niveles más altos. Pronto lo enriquecieron hasta aproximadamente el 20 % y luego hasta el 60 %. A ese nivel, no es apto para un reactor nuclear ni para fines médicos. No se necesita un enriquecimiento tan elevado para nada que no sea un arma.
El OIEA (Organismo Internacional de Energía Atómica) descubrió que Irán posee 400 kg de uranio enriquecido al 60 % , pero desconocen su paradero actual. En junio del año pasado, Israel y EE. UU. atacaron las instalaciones donde Irán enriquecía uranio, pero se desconoce si los iraníes retiraron el material de esos sitios antes del bombardeo o si permaneció bajo tierra en Isfahán, por ejemplo.
Si lo trasladaron, ¿dónde está ahora?
Existen indicios de que podría estar enterrado en las instalaciones nucleares conocidas, o escondido en algún lugar como la montaña Pickaxe, al sur de las mismas. Pero lo cierto es que nadie sabe con certeza dónde se encuentra.
Este uranio es uno de los objetivos de EE. UU. e Israel; quieren inutilizarlo para que Irán nunca pueda usarlo. Pero lo que preocupa ahora es si Irán podrá hacer algo con este uranio al 60 %.
Para desarrollar una bomba nuclear lo suficientemente pequeña como para colocarla sobre una ojiva de misil, se necesitaría un enriquecimiento de aproximadamente el 90 %. La primera bomba lanzada sobre Hiroshima durante la Segunda Guerra Mundial tenía un enriquecimiento del 80 %, y con un 60 % todavía es posible fabricar una bomba nuclear; simplemente no se puede lanzar mediante misiles.
En el peor de los casos, Irán podría convertir ese 60 % de material en bombas para transportarlas en barcos a los puertos, lo que podría provocar una explosión nuclear como la de Hiroshima. Si no explotan correctamente, seguirían siendo bombas sucias, que dispersarían material radiactivo, contaminando una zona durante mucho tiempo y generando pánico generalizado.

Debemos reconocer que Irán siempre ha dicho que no quería desarrollar un arma nuclear —lo ha reiterado recientemente a los negociadores estadounidenses— y que desde hace mucho tiempo existe una fatua en contra de poseer armas nucleares.
En la guerra Irán-Irak a principios de los 80, Irak utilizó armas químicas contra Irán. Irán había desarrollado armas químicas, pero nunca las usó, pues consideraba que eran inhumanas y contrarias a Dios. Se desconoce si esa política se mantendría en estas circunstancias, pero siempre he dado importancia a esa decisión.
Sin embargo, existe el temor de que los ataques estadounidenses e israelíes alcancen accidentalmente las reservas de uranio enriquecido de Irán, y el OIEA está monitoreando los niveles de radiación. Si eso ocurriera, sería más como una bomba sucia que una explosión nuclear, que, si bien es terrible, no se compara con la gravedad de la explosión.
Mi mayor preocupación es el escenario posterior al conflicto, si reina el caos en Irán con facciones enfrentándose entre sí. Actualmente, las instalaciones nucleares están custodiadas; existe una posibilidad real de que los guardias huyan del lugar donde se almacena el material enriquecido, lo que podría dar lugar a intentos de confiscarlo y venderlo en mercados ilícitos. Ya vimos algo similar cuando se desintegró la URSS.
No creo que los grupos terroristas tengan la capacidad de ingeniería para hacer algo con ello; lo más probable es que lo compre Corea del Norte, que ya posee armas nucleares, o algún otro estado que quiera desarrollar un programa clandestino de armas nucleares que no disponga de uranio enriquecido ni de capacidad de enriquecimiento.
Una resolución del Consejo de Seguridad de la ONU podría abordar esta cuestión y otorgar facultades a expertos de la ONU para proteger el material nuclear y garantizar que no caiga en manos equivocadas. Sin embargo, esto podría ser muy peligroso.
También nos preocupan los posibles ataques a las centrales nucleares de Irán y sus consecuencias. Un ataque a una central nuclear no es lo mismo que un ataque con arma nuclear. Simplemente no son comparables. Se produciría una dispersión de material radiactivo, pero el número de víctimas mortales no alcanzaría la magnitud de una explosión nuclear. De nuevo, sería más parecido a los efectos de una bomba sucia, donde explosivos convencionales dispersan material radiactivo.

Recientemente hemos sufrido varios ataques contra centrales nucleares, incluyendo ataques a la planta de Zaporiyia en Ucrania durante la guerra Rusia-Ucrania. La peor experiencia con una explosión nuclear fue el accidente de Chernóbil en 1986. Aquel reactor era muy diferente a los modernos reactores actuales, ya que se trataba de un antiguo reactor de grafito que arde al incendiarse, y las condiciones meteorológicas propiciaron que la radiación llegara a las Islas Británicas. Zaporiyia es mucho más moderna, con un reactor de agua a presión y, por lo tanto, intrínsecamente más segura, como la mayoría de los reactores actuales.
Pero nadie debería atacar reactores nucleares. Esto contraviene el derecho internacional y crea un riesgo de radiación en la región. Irán atacó recientemente la instalación nuclear israelí de Dimona y debe cesar en sus ataques. India y Pakistán tienen un acuerdo por el cual, pase lo que pase, no atacarán las instalaciones nucleares del otro, y durante muchos años, Irán ha estado abogando por un acuerdo similar en Oriente Medio.
Las explosiones nucleares son de una magnitud sin precedentes: pueden destruir una ciudad entera dependiendo de su tamaño, la magnitud de la explosión, la altura de la detonación y la geografía de la ciudad. En la zona inmediata de la explosión —el epicentro— todos morirían al instante. Más lejos, quienes no sean alcanzados por la onda expansiva podrían sufrir quemaduras en los incendios posteriores.
También se produce una explosión inmediata de radiación de alta energía, que puede provocar envenenamiento por radiación. Luego, se genera lluvia radiactiva que circula en la atmósfera y cae sobre las personas, causando cáncer y otros daños a corto y largo plazo. Dependiendo del número de explosiones, una guerra nuclear podría provocar cambios climáticos a largo plazo en todo el mundo —el llamado invierno nuclear—, lo que podría derivar en una hambruna global.
EE. UU. posee más de 3.500 ojivas nucleares, mientras que se cree que Israel tiene armas nucleares, aunque no lo admite. No me preocupa que utilicen estos misiles contra Irán; no veo ninguna ventaja para ellos en hacerlo, y perderían todo el apoyo mundial si lo hicieran.
Esta guerra demuestra que no se puede obligar a los países a no proliferar sus armas nucleares mediante bombardeos. Se necesita negociación. Ojalá la primera Administración Trump hubiera comprendido que toda negociación implica concesiones, antes de retirar a EE. UU. del acuerdo nuclear con Irán de 2015.
Este acuerdo implicaba que Irán se comprometía a no desarrollar armas nucleares y le impedía adquirir uranio altamente enriquecido mediante estrictas medidas de control por parte del OIEA; y funcionó. Incluso en los últimos meses, EE. UU. negociaba con Irán para deshacerse de todo su uranio altamente enriquecido, pero se retiró abruptamente de las conversaciones e inició la campaña de bombardeos contra Israel, y ahora nos encontramos en esta situación. Ahora más que nunca, necesitamos líderes maduros que exijan un nuevo impulso para prevenir la proliferación nuclear y eliminar las armas nucleares del mundo, antes de que la situación se descontrole.
Según lo contado a Radhika Sanghani por Patricia Lewis, física nuclear del Instituto Real de Asuntos Internacionales del Reino Unido y de la ONU.
Traducción de Sara Pignatiello






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