La humillación de Netanyahu en la ONU aumenta la presión sobre su futuro político: ¿están contados sus días?
Netanyahu está cada vez más aislado frente al mundo, señala Chris Stevenson, y, como evidenciaron su poco convincente discurso y la retirada de otra delegación de la ONU en Nueva York, el hombre alguna vez conocido como “el señor de la seguridad” parece estar al límite
No era la primera vez que Benjamin Netanyahu subía al escenario frente a la ONU y hablaba con grandilocuencia sobre las guerras de su país, pero ¿podría ser la última?
Como en muchas de sus recientes intervenciones ante la Asamblea General en Nueva York, Netanyahu volvió a adoptar un tono desafiante. Aseguró que Israel no tiene más opción que seguir adelante, rechazó con firmeza las acusaciones de genocidio en Gaza y defendió los ataques de Estados Unidos e Israel contra Irán con el argumento de que buscan proteger la seguridad mundial.
También arremetió contra los países y líderes que habían criticado tanto su gestión como las acciones de Israel, con un tono combativo similar al que suele emplear Donald Trump. Entre sus principales blancos estuvieron Francia, Gran Bretaña y el presidente turco, Recep Tayyip Erdogan. Acusó a los dos primeros de hipocresía por señalar a Israel de colonialismo, mientras que calificó a Erdogan de “tirano” y lo acusó de apoyar a Hamás. El alcalde de Nueva York, Zohran Mamdani, tampoco escapó de sus críticas.
La imagen de un líder que se resiste al declive de su carrera política cobró aún más fuerza cuando numerosos delegados de la ONU abandonaron la sala. No es una escena inédita durante los discursos de Netanyahu: representantes palestinos e israelíes llevan años retirándose durante las intervenciones de la otra parte. Esta vez, sin embargo, la reacción fue mucho más amplia. Decenas de delegados se levantaron y se marcharon mientras Netanyahu los calificaba de “cobardes morales”. La escena fue contundente: un líder desafiante frente a un mundo cada vez menos dispuesto a escucharlo.
En realidad, el discurso de Netanyahu iba dirigido a solo dos personas: el pueblo israelí y Estados Unidos. A medida que disminuye el apoyo internacional hacia él, Netanyahu se ve obligado a apoyarse cada vez más en el aliado más firme de Israel, de ahí los elogios relativamente efusivos a Trump y a la guerra contra Irán, presentándose a sí mismo y al presidente como los dos líderes dispuestos a defender lo que es justo.
En cuanto a su público local, el discurso de Netanyahu estaba concebido para ser difundido en anuncios y actos de campaña electoral previos a las elecciones del próximo mes. Apenas se habló de paz, ni se mencionó la solución de dos Estados en Gaza. Se trataba de un líder que explotaba la idea, cultivada a lo largo de su carrera política, de ser el protector de Israel, aquel que permanecerá firme incluso estando solo.
A estas alturas, Netanyahu parece enfrentarse al mundo. Su capacidad para sobrevivir políticamente explica en buena medida por qué ha dominado la política israelí durante tantos años, y una vez más intentará sobreponerse a la crisis. Sin embargo, su antigua imagen de “señor de la seguridad” llega muy cuestionada a las primeras elecciones desde los ataques de Hamás del 7 de octubre de 2023 y la posterior guerra en Gaza. Su coalición de extrema derecha afronta una contienda muy disputada, y las imágenes de decenas de delegados abandonando la sala durante su discurso podrían tener repercusiones tanto dentro como fuera de Israel.
Traducción de Leticia Zampedri




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