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La cocaína en los ríos altera el comportamiento de salmones jóvenes, advierten científicos

Por primera vez, un estudio evidencia cómo la cocaína presente en ríos altera la conducta de peces en su hábitat natural

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Un nuevo estudio revela que la contaminación por cocaína modifica la forma en que los salmones atlánticos jóvenes se desplazan en su entorno, ya que los lleva a nadar distancias más largas y a dispersarse con mayor amplitud.

Según investigadores de la Universidad Griffith, en Australia, es el primer trabajo que demuestra estos efectos en peces en su hábitat natural, lo que aporta nuevas claves para entender cómo los contaminantes químicos influyen en la migración de las especies acuáticas.

En este contexto, la presencia de cocaína y sus metabolitos se volvió cada vez más frecuente en ríos y lagos de distintas partes del mundo; estas sustancias llegan sobre todo a través de sistemas de aguas residuales que no están diseñados para eliminarlas por completo.

Un nuevo estudio muestra por primera vez cómo la contaminación por cocaína afecta el comportamiento de peces en su hábita natural
Un nuevo estudio muestra por primera vez cómo la contaminación por cocaína afecta el comportamiento de peces en su hábita natural (Hans Lucas/AFP via Getty)

El estudio más reciente siguió a más de cien salmones atlánticos jóvenes durante ocho semanas en el lago Vättern, en Suecia, con el objetivo de evaluar cómo la cocaína influía en su comportamiento.

Cada pez fue asignado a uno de tres grupos: uno expuesto a cocaína, otro a su principal metabolito presente en aguas residuales —la benzoilecgonina— y un grupo de control.

Los resultados mostraron que los salmones expuestos a la benzoilecgonina nadaban casi el doble de distancia por semana que aquellos no expuestos y se dispersaban hasta 12,3 kilómetros más a lo largo del lago. Con el paso del tiempo, estos cambios se intensificaron, lo que sugiere que la exposición alteró de forma significativa el uso de su espacio natural, un factor clave para su supervivencia.

“El lugar al que van los peces determina qué comen, qué los depreda y cómo se estructuran las poblaciones”, explicó Marcus Michelangeli, uno de los autores del estudio publicado en Cell Press. “Si la contaminación altera estos patrones, puede afectar a los ecosistemas de formas que recién comenzamos a comprender”.

Crías de salmón
Crías de salmón (Jörgen Wiklund)

Si bien estudios previos mostraron que la cocaína afecta el movimiento de los peces, esos trabajos se limitaron a entornos de laboratorio. En cambio, esta investigación aporta la primera evidencia de que estos efectos también se dan en la naturaleza, lo que sugiere que los enfoques actuales podrían estar pasando por alto impactos biológicos relevantes.

Aun así, los investigadores aclaran que no existe riesgo para las personas que consumen pescado, ya que los salmones analizados eran juveniles y estaban muy por debajo del tamaño permitido para su captura.

“La idea de que la cocaína afecte a los peces puede resultar sorprendente, pero la realidad es que la fauna silvestre ya está expuesta a una amplia variedad de drogas de origen humano todos los días”, explicó el doctor Michelangeli. “Lo inusual no es el experimento, sino lo que ya ocurre en nuestros ríos y lagos”.

De cara al futuro, el equipo espera que nuevos estudios permitan dimensionar mejor estos efectos e identificar qué especies están más expuestas. También buscan comprender cómo estos cambios en los patrones de movimiento del salmón influyen en su supervivencia y reproducción.

Traducción de Leticia Zampedri

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