John Malkovich, un agente de la CIA curtido en "Wild Horse Nine", prefiere la vida en la carretera
En “Wild Horse Nine” ("Caballo Salvaje Nueve"), de Martin McDonagh, John Malkovich interpreta a un agente itinerante de la CIA, Chris, cansado de sus viajes. Pero Chris no tiene nada que hacer frente a los kilómetros de Malkovich.
A lo largo de sus 50 años de carrera, Malkovich ha actuado en vivo en 47 países, según su recuento. Ha interpretado a un asesino en serie en Hamburgo. Ha dirigido “Les Liaisons Dangereuses” en París. Ha hecho a George Bernard Shaw en Bulgaria.
“Probablemente no sea casualidad que la primera película que desarrollé se llamara ‘The Accidental Tourist’ ('El turista accidental')”, dijo Malkovich riéndose. “Simplemente ocurrió y yo seguí la corriente. El mundo es grande”.
Malkovich es conocido por sus trabajos en la pantalla, entre ellos “Empire of the Sun” ("El imperio del Sol"), “Of Mice and Men” ("De hombres y ratoncitos. La fuerza bruta"), “In the Line of Fire” ("En la línea de fuego"), “Being John Malkovich” ("¿Quieres ser John Malkovich?") y la nueva “Wild Horse Nine”, en la que interpreta a un hombre de la CIA moribundo en la Isla de Pascua que, tras toda una vida derrocando gobiernos y llevando a cabo asesinatos, está cada vez más ansioso por contarlo todo. La interpretación —mordaz, socarrona, elegíaca— es un apogeo en la gran pantalla para Malkovich. Es uno de los favoritos para ganar lo que sería su primer Premio de la Academia.
Pero si Malkovich está viviendo un momento de celebración pública a los 72 años, también es un recordatorio de que, si bien no ha rehuido los reflectores, pocas veces se ha quedado quieto el tiempo suficiente como para que se posen sobre él. En cambio, Malkovich ha preferido una vida en la carretera, siempre en movimiento y con una curiosidad inagotable.
“Soy un trabajador, y esto no forma parte de mi trabajo”, señaló Malkovich en una entrevista mientras pasaba por Nueva York. “Casi nunca voy a estrenos. Casi nunca veo una película en la que aparezco. Casi nunca me piden promocionar porque ya me fui”.
Una campaña para el Oscar, entre estancias en México y Japón
Malkovich estuvo momentáneamente quieto en un reciente y luminoso día de otoño. Llevaba un sombrero, no muy distinto al de su personaje en “Wild Horse Nine”, para proteger su cabeza calva del aire acondicionado del hotel. La amenaza de enfermarse era su mayor preocupación. Días antes, había presentado un espectáculo de declamación en la Ciudad de México. Para cuando “Wild Horse Nine” llegue a los cines el viernes, Malkovich estará en Japón, dirigiendo una obra.
“Iré a Japón —no hablo ni una palabra. Dirigí ‘Leopoldstadt’ en letón, no hablo ni una palabra de letón. Bueno, tenía cinco o seis palabras; la principal era ‘cinnamon roll’, que son dos palabras”, cuenta Malkovich. “He estado aprendiendo constantemente”.
Esas experiencias le han enseñado a Malkovich que los países pueden ser distintos, pero el público por lo general es el mismo. Van para sentirse cautivados o divertidos. En su mayoría, dice, van por catarsis. Y él sigue proporcionándosela.
“Te encuentras en Monte Carlo o en Oklahoma City o en Salé o en Porto Alegre”, relata Malkovich. “Son las 4 de la mañana, estás despierto. Son las 5 de la mañana, ya estás en un coche. Para mí, esto son miles de mañanas. Incluso podría decir que quizá son la mayoría de las mañanas. No conoces a nadie y puede que nunca regreses. Esta es mi vida en la carretera”.
Malkovich ha visto a algunos de sus contemporáneos perder el entusiasmo por la actuación, pero él se considera más interesado ahora que cuando tenía 20 años. A finales de la década de 1970, Malkovich fue miembro fundador de la Steppenwolf Theatre Company en Chicago. Sus actuaciones en obras como “True West” ("El verdadero Oeste") y “Death of a Salesman” ("Muerte de un viajante") lo convirtieron en uno de los intérpretes teatrales más emocionantes de su generación.
“Deberías aprender algo cada día”, afirma. “Alguien me pidió que hiciera una línea de moda. He hecho 24 colecciones. ¿Qué sé yo de eso? (Insulto) nada. La cuestión es aprender sobre ello, me parece”.
Durante las dos últimas décadas, Malkovich ha trabajado cada vez más con intérpretes de música clásica en espectáculos escénicos híbridos que combinan parlamentos con orquestas y conjuntos de cámara. En uno de ellos, el satírico “The Music Critic” ("El crítico musical"), el violinista Aleksey Igudesman interpreta obras maestras clásicas junto a las lecturas imperturbables de Malkovich de antiguas críticas demoledoras que hoy resultan cómicas.
“Trabajo mucho en música clásica porque puedo ayudar a vender entradas”, explica Malkovich. “De acuerdo, ¿y qué obtengo yo de eso? Obtengo el placer de estar en el escenario con una música increíblemente hermosa interpretada por músicos increíblemente bien formados y talentosos”.
Los viajes de Malkovich a veces se han topado con la política local. A principios de este año, canceló una presentación de “The Music Critic” en Tel Aviv, Israel, después de que un comunicado de prensa le atribuyera falsamente citas. Hace dos años en Bulgaria, una producción dirigida por Malkovich de la comedia antibélica de Shaw “Arms and the Man” ("Las armas y el hombre") se convirtió en blanco de manifestantes nacionalistas de extrema derecha que agredieron físicamente a asistentes al teatro.
“Creo que todo eso es lamentable y bastante tonto, en general, y no tenía nada que ver con la obra”, sostiene.
Elegir el teatro por encima de Hollywood
Estar tan a menudo de gira inevitablemente ha significado sacrificios. Al no poder encontrar tiempo en su agenda internacional, Malkovich rechazó a McDonagh en dos ocasiones anteriores. Pero McDonagh, el dramaturgo convertido en cineasta de “In Bruges” ("En Brujas") y “The Banshees of Inisherin” ("Los espíritus de la isla"), insistió —aunque el intelecto de Malkovich intimidaba.
“Tuve miedo la primera vez que hice un Zoom con él”, dice McDonagh. “Pero sabía que en los momentos de silencio verías extensiones de tristeza y arrepentimiento cuando aparentemente no está haciendo nada —cuando solo está mirando por una ventana o escuchando una grabadora o fumando un cigarrillo. Eso, creo, es el corazón de la película”.
Cuando leyó el guion de McDonagh, que aborda la implicación de la CIA tanto en el asesinato de John F. Kennedy como en el golpe militar en Chile, Malkovich vio que guardaba paralelismos con algunos de sus trabajos anteriores: una adaptación teatral de “Libra”, de Don DeLillo, y una pieza basada en "La literatura nazi en América", de Roberto Bolaño.
“Esos son los dos extremos de esto: dos enormes traumas nacionales e internacionales que ocurrieron en la era de la televisión y que son como imanes que siguen aplastando a estos personajes y su tránsito por la vida”, explica.
Malkovich podría haberse deslizado fácilmente más hacia la iconografía de estrella de cine. No le habría sido difícil, después de “Being John Malkovich”, explotar más directamente su presencia única en pantalla y su manera entrecortada e idiosincrática de decir los diálogos. Es un camino que Malkovich evitó deliberadamente, prefiriendo dar forma a su propia vida artística antes que esperar a que apareciera un buen papel.
En el estreno de “Wild Horse Nine” en el Festival de Cine de Telluride, Malkovich se encontró con la productora Kathleen Kennedy, quien produjo “Empire of the Sun” en 1987, dirigida por Steven Spielberg. No la había visto desde entonces.
“Probablemente no he visto a Steven en todos esos años. De acuerdo, tuve una vida distinta. Tomé otro camino. Pero sin ningún tipo de malicia o desagrado”, comenta Malkovich. “Es solo que muchas cosas me interesaban y perseguí la mayoría con cierto grado de vigor e interés, como hago con todo”.
“Siempre acepté en mi vida que hacer lo que quieres tiene un precio. Y está bien. Nunca me importó ese precio en absoluto”, afirma Malkovich. “He hecho exactamente lo que quería, más o menos”.
Malkovich creció en un pueblo rural minero de carbón en Illinois. La gran fama del lugar, dice, es su cercanía a una prisión de máxima seguridad. Este mes, como muchos meses, estará al otro lado del globo, dirigiendo a una compañía de actores en un idioma que no entiende.
“A menudo duermo a mi nieta menor cantándole ‘One Too Many Mornings’, de Bob Dylan”, cuenta Malkovich. “One too many mornings / And a thousand miles behind (Demasiadas mañanas/ Y a mil millas de distancia)”.






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