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Fecundar óvulos en el espacio podría ser más difícil de lo que se pensaba, según un estudio

Según los investigadores, la falta de gravedad podría dificultar que los espermatozoides encuentren el óvulo

Un visitante interestelar captado por los astrónomos
Un visitante interestelar captado por los astrónomos (Copyright 2024 The Associated Press. All rights reserved.)
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Un equipo de investigadores advierte que concebir un bebé en el espacio podría ser más difícil de lo que se pensaba. Según explican, la falta de gravedad podría desorientar a los espermatozoides y dificultar que encuentren el óvulo.

Para llegar a esta conclusión, los científicos analizaron muestras de esperma de tres mamíferos —incluidos humanos— y las sometieron a una máquina que simula condiciones de microgravedad al invertir las células. Luego, los espermatozoides fueron introducidos en un laberinto diseñado para imitar el tracto reproductivo femenino.

Los resultados mostraron que, bajo estas condiciones, los espermatozoides parecían perderse dentro del recorrido y tenían más dificultades para atravesarlo.

“Es la primera vez que podemos demostrar que la gravedad es un factor importante en la capacidad de los espermatozoides para orientarse y desplazarse por un canal como el tracto reproductivo”, explicó la autora principal del estudio, Nicole McPherson, de la Universidad de Adelaida.

Según la investigadora, el equipo observó una reducción significativa en la cantidad de espermatozoides que lograban completar el recorrido del laberinto en condiciones de microgravedad en comparación con la gravedad normal.

La falta de gravedad podría interferir en la capacidad de los espermatozoides para llegar al óvulo
La falta de gravedad podría interferir en la capacidad de los espermatozoides para llegar al óvulo (Getty Images)

Curiosamente, este efecto se registró en todos los modelos analizados, pese a que no se detectaron cambios en la forma en que los espermatozoides se mueven físicamente. Esto sugiere que la pérdida de dirección no está relacionada con la motilidad, sino con otros factores aún por identificar.

Los científicos también descubrieron que añadir progesterona —una hormona sexual— ayudaba a los espermatozoides a compensar los efectos de la gravedad reducida, lo que aumentaba las probabilidades de que lograran atravesar el laberinto.

“Creemos que esto se debe a que la progesterona, liberada por el óvulo, podría ayudar a guiar a los espermatozoides hacia el sitio de la fecundación, aunque aún se necesitan más estudios”, explicó McPherson.

Además, los investigadores observaron una reducción del 30 % en el número de óvulos de ratón que fueron fertilizados tras ser expuestos a condiciones de microgravedad.

“Detectamos tasas de fertilización más bajas después de cuatro a seis horas de exposición a microgravedad. Cuando la exposición se prolonga, los efectos parecen ser aún más perjudiciales, con retrasos en el desarrollo y, en algunos casos, una disminución en las células que forman el feto en las primeras etapas del desarrollo embrionario”, añadió la científica.

Para los autores del estudio, estos resultados muestran lo complejo que podría ser lograr una reproducción exitosa en el espacio y subrayan la necesidad de seguir investigando las primeras etapas del desarrollo.

Comprender cómo los cambios en la gravedad afectan tanto la fecundación como el desarrollo embrionario será clave para los futuros planes de exploración espacial, incluidos los proyectos para establecer presencia humana en la Luna o incluso en Marte.

Aun así, los investigadores señalan que los resultados también ofrecen cierta esperanza. “En nuestro estudio más reciente, muchos embriones sanos lograron formarse incluso después de ser fertilizados en estas condiciones, lo que sugiere que la reproducción en el espacio podría ser posible algún día”, dijo McPherson.

Aunque otros trabajos ya habían analizado cómo se mueven los espermatozoides en el espacio, este es el primero en estudiar cómo logran orientarse y desplazarse a través de un canal que simula el tracto reproductivo.

Los resultados fueron publicados en la revista científica Communications Biology.

Traducción de Leticia Zampedri

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