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Cientos de turistas quedan varados en Machu Picchu tras suspensión del servicio de autobuses

Un enfrentamiento por el servicio de autobuses dejó varados a unos 1.400 turistas y obligó a las autoridades a desplegar trenes de evacuación de emergencia

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La posición de Machu Picchu como principal atractivo turístico de Perú enfrenta una fuerte presión en medio de una disputa que se intensifica por el control de los autobuses que llevan a los visitantes hasta la antigua ciudadela inca.

El enfrentamiento dejó varados recientemente a unos 1.400 turistas y obligó a las autoridades a desplegar trenes de evacuación de emergencia.

Durante tres décadas, Consettur ha operado la ruta de autobús de 20 minutos desde Aguas Calientes, transportando a unas 4.500 personas al día hasta el sitio en la cima de la montaña. La alternativa, una empinada caminata de dos horas, resulta inviable para la mayoría de los visitantes. Pero la licencia de larga data de Consettur venció en septiembre, lo que abrió la puerta a un operador rival, San Antonio de Torontoy, y generó una dura reacción de grupos locales que afirmaron que el proceso de licitación careció de transparencia.

Cristian Alberto Caballero Chacón, jefe de operaciones de Consettur, reconoce las tensiones recientes y afirma que “ha habido algunos conflictos entre personas de distintas comunidades”.

Los manifestantes bloquearon la vía férrea que conduce a Aguas Calientes, lo que obligó a las autoridades a despejar las vías y evacuar a los viajeros que habían quedado varados.

Aguas Calientes es un pueblo remoto y sin carreteras al que se accede casi exclusivamente en tren, lo que lo convierte en el punto de tránsito clave para los visitantes que se dirigen a Machu Picchu. Allí, los autobuses permiten evitar una empinada caminata de varios kilómetros cuesta arriba hasta el sitio. Las protestas recientes alteraron este sistema al bloquear las vías del tren, el único enlace práctico con Cusco y el Valle Sagrado, lo que incluso llevó a Estados Unidos a emitir una alerta de viaje.

La disputa estalló el 14 de septiembre, poco después de que las autoridades revocaran la concesión de 30 años de Consettur para operar los autobuses a Machu Picchu y se la entregaran a San Antonio de Torontoy, el operador rival. Esa decisión desató choques entre negocios locales del sector turístico, provocó bloqueos y una suspensión del servicio que dejó varados a cientos de visitantes internacionales en Aguas Calientes, el pueblo montañoso que sirve de puerta de entrada al sitio inca del siglo XV.

Varios residentes señalaron que Consettur había mantenido, en la práctica, un monopolio durante años y que el poder simplemente estaba pasando a otro operador exclusivo.

Los boletos para el lucrativo viaje en autobús cuestan 24 dólares para extranjeros y 15 dólares para peruanos.

Archivo: Una vista del complejo de Machu Picchu
Archivo: Una vista del complejo de Machu Picchu (AFP/Getty)

En medio de recursos legales pendientes, Consettur continúa operando su flota mientras San Antonio de Torontoy espera la aprobación final.

“Los dueños del negocio manejaron la empresa durante los últimos 30 años y son personas de aquí”, dijo Caballero, citado por la BBC. “Esto no es un monopolio”.

Consettur está formada por 12 empresas diferentes con “varios socios”, incluido el concejo distrital, que posee el 38 por ciento de las acciones, agregó.

Las tensiones se desarrollan en un contexto de altos costos para los visitantes y una distribución desigual de los ingresos turísticos.

Los viajeros deben primero tomar un tren hacia Aguas Calientes, un trayecto que cuesta entre 140 y 2.000 dólares, antes de pagar una entrada de 57 dólares para acceder al sitio.

Nick Stanziano, director ejecutivo de la operadora SA Expeditions, con sede en Lima y especializada en caminatas a Machu Picchu, dijo a la revista Outside que Perú “camina una línea delicada entre respetar las formas de organización social indígena y equilibrarlas con estructuras modernas de sociedad civil municipal e industria privada”.

Y añadió: “Esa tensión ha influido en la toma de decisiones en Machu Picchu durante mucho tiempo, pero el conflicto más reciente revela un problema más profundo. Intereses locales y regionales superpuestos siguen interviniendo en la gestión sin la experiencia técnica ni la planificación a largo plazo que una responsabilidad así exige”.

Turistas visitan el complejo de Machu Picchu
Turistas visitan el complejo de Machu Picchu (AFP/Getty)

La turista australiana Annalise Jaksic comentó: “Pensábamos que era un solo tren… y que, si había otro tipo de transporte para subir, todo estaría incluido”. Su amigo Todd Carland añadió que conseguir los boletos de entrada fue una “pesadilla”.

Las autoridades locales comparten esas frustraciones. El alcalde de Aguas Calientes, Elvis La Torre, afirma que solo el 10 por ciento de los ingresos por boletos de entrada permanece en la región y sostiene que se necesita más financiamiento para infraestructura y servicios básicos.

De regreso en Aguas Calientes, Caballero señala que Consettur está dispuesta a convivir con San Antonio de Torontoy. “Si les dan la aprobación final, no tenemos problema en trabajar con ellos. No vamos a impedirlo”.

Mientras tanto, Jean-Paul de la Fuente, director de la organización New 7 Wonders of the World, señaló: “La situación en Machu Picchu lleva años gestándose, y la seguimos con preocupación”.

“En los últimos cinco años presentamos propuestas claras a las autoridades peruanas para una solución integral… Pero no hubo avances y, como siempre, cuando finges que un problema no existe, solo empeora”, dijo a la revista Outside.

El conflicto por los autobuses ocurrió la misma semana en que la organización New 7 Wonders of the World advirtió que Machu Picchu corre el riesgo de perder su “credibilidad” como maravilla del mundo. Por su parte, el Ministerio de Cultura de Perú señaló en un comunicado que “la Unesco es el único organismo competente para promover, a nivel mundial, la identificación, protección y conservación del patrimonio cultural y natural considerado de valor universal excepcional para la humanidad”.

Traducción de Leticia Zampedri

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