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¿Por qué los bostezos se contagian tan fácilmente?

El bostezo es una forma de comunicación no verbal ancestral

Descubre La Razón Por La Que Bostezas Cuando Ves A Alguien Hacerlo

Abres la mandíbula por completo, inhalas profundamente, luego exhalas brevemente y cierras la mandíbula. ¡Ah! Este es uno de los ritos más antiguos del reino animal.

La mayoría de vertebrados bostezan, lo que significa que el bostezo tiene un linaje antiguo. Aquí vemos varios ejemplos: hipopótamos, serpientes, búhos, chimpancés y leones. Robert Provine (2005).

Sí, del reino animal. Lo que quiere decir que las mascotas también bostezan. Algo que seguro has visto si tienes gatos o perros en casa. Pero eso no es todo. La mayoría de animales con columna vertebral lo hacen: aves, cocodrilos, tortugas… ¡Incluso los peces! Es más, se ha descubierto recientemente que los peces se contagian los bostezos.

Y es que esa es una de las propiedades más notables de este fenómeno: su contagio. Pero resulta que los seres humanos no solo bostezamos al ver a alguien hacerlo, sino que simplemente leer sobre ellos o pensar en ellos puede provocarlos. La cuestión entonces es: ¿por qué se nos “pegan” con tanta facilidad?

El verbo bostezar deriva del latín oscitāre, que significa abrir la boca
El verbo bostezar deriva del latín oscitāre, que significa abrir la boca (Alamy/PA)

Abriendo boca con los primeros bostezos

El verbo bostezar deriva del latín oscitāre, que significa abrir la boca (el gesto más característico). Una vez abierta, el bostezo progresa con la inevitabilidad de un estornudo. Es decir, cuando empieza, no se puede frenar.

Gracias las ecografías en 4D, se pueden distinguir los bostezos del feto durante el tercer trimestre de gestación, lo que demuestra aún más sus orígenes ancestrales. Se cree que su función es influir en la maduración cerebral temprana. Nadja Reissland et al. (2012).

En el desarrollo humano, surge en el tercer trimestre de gestación. A este lo llamamos bostezo espontáneo y persiste tras el nacimiento. Después, a medida que crecemos, la frecuencia y sus desencadenantes aumentan. Y surge el otro tipo de bostezo: por contagio.

Pero sucede algo curioso: no es posible contagiárselo a una niña o niño menor de 5 años (aproximadamente). Asimismo, leer o escuchar un cuento sobre bostezos tampoco tiene efecto antes de los 6 años. Esto se debe a que las dos capacidades cognitivas más importantes para entender a otros seres maduran más tarde: hablamos de la empatía y la cognición social.

Una señal para facilitar la supervivencia

Efectivamente, la neurociencia apunta a que los bostezos están vinculados a la empatía (comprender los sentimientos y emociones de otra persona) y la cognición social (inferir sus pensamientos e intenciones) porque sincronizan el comportamiento de los grupos. Es decir, han llegado hasta nuestros días porque comunican sin necesidad de palabras un mensaje casi universal. Pero ¿cuál?

Se trata de un mensaje relacionado con estados desagradables: somnolencia, aburrimiento, hambre y estrés.

Especialmente, el bostezo serviría como aviso para facilitar la supervivencia. Esto es, al observar a una persona abrir la boca, instintivamente intuyes que está experimentando uno de esos estados, por lo que se activa en ti una señal automática de aumentar la vigilancia. Y, además, su contagio permitiría sincronizar una mayor vigilancia en todo el grupo, mejorando así la preparación colectiva contra amenazas externas.

¿Cuáles son las características más potentes para provocar bostezos contagiosos? Los estudios indican que ver bostezos tiene el doble de probabilidades de generar contagio que ver una serie de sonrisas. Pero lo realmente sorprendente es que ver la boca abierta no es el estímulo más potente. Resulta que los bostezos con la boca tapada son igual de efectivos para generar contagio que los bostezos con la boca descubierta. Robert Provine (2005)

También se han ofrecido otras explicaciones para los bostezos: enfriar el cerebro, reestablecer gases pulmonares o igualar la presión auditiva. Pero no tienen consenso entre la comunidad científica. Y, debido a su efecto contagioso, este comportamiento no puede explicarse recurriendo exclusivamente a funciones fisiológicas. Por eso, la hipótesis comunicativa es por el momento la más aceptada.

Desde el punto de vista de quien debe recibir estos avisos, se ha descubierto que el contagio está alterado en personas con trastornos que afectan a la empatía y la cognición social, como el autismo y la esquizofrenia. Y al contrario, las personas más empáticas se contagian más.

Estos resultados indican que el contagio depende de tener buenas aptitudes sociales. Unas aptitudes en las que participan unas células muy especiales del cerebro: las neuronas espejo.

Acerca del autor

Jorge Romero-Castillo es profesor de Psicobiología e investigador en Neurociencia Cognitiva en la Universidad de Málaga.

Este artículo se publicó por primera vez en The Conversation y se publica bajo licencia Creative Commons. Puedes leer el artículo original aquí.

Mecanismos cerebrales del contagio

Las neuronas espejo se activan simplemente cuando observamos a alguien realizar alguna acción. Es como si sus movimientos se recrearan en nuestro cerebro (como si fuera un espejo donde se reflejan), aunque no lleguemos físicamente a hacerlos. Estas neuronas desempeñan un papel fundamental para comprender o imitar las acciones de otras personas.

Al ver una cara de bostezo, las neuronas espejo de una zona del cerebro llamada giro frontal inferior se ponen a trabajar. Y no solo ellas: las técnicas de neuroimagen han identificado otras regiones cerebrales más específicamente relacionadas con el contagio del bostezo. Estas son el cíngulo posterior, el surco temporal superior y la corteza prefrontal ventromedial, todas relacionadas con la empatía y el comportamiento social.

Ilustración esquemática de las regiones cerebrales implicadas en el bostezo contagioso humano en diferentes estudios de resonancia magnética funcional. El bostezo contagioso activa el giro frontal inferior posterior derecho (pIFG, sombreado en gris claro), que forma parte del sistema de neuronas espejo responsable de la observación e imitación de acciones. Además, los sujetos humanos que observan a otras personas bostezar activan específicamente regiones que forman parte de una red responsable de la empatía y el comportamiento social: el cíngulo posterior bilateral (PC), el surco temporal superior bilateral (STS) o la corteza prefrontal ventromedial bilateral (VMPFC), todas en sombreado gris oscuro. Guggisberg et al. (2010)

Para cerrar boca

En suma, el bostezo es una forma de comunicación no verbal ancestral, una manera de decir “permanece alerta tú que yo ahora mismo no puedo”. Y su contagio serviría para transmitir ese mensaje al resto de integrantes de un grupo. Además, no hay que olvidar que está presente en multitud de animales, lo que corrobora la enorme antigüedad de este ritual.

Un detalle final, por si te lo habías preguntado: los bostezos también se pueden contagiar entre especies. Puedes comprobarlo por tu cuenta e intentar “pegárselo” a tu gato, tu perro o tu cocodrilo. O contagiarte tú de sus bostezos. La empatía también actúa con otros animales porque el ser humano nunca ha dejado de serlo.

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