El superalimento ancestral rico en antioxidantes que vuelve a las dietas y gana popularidad por sus beneficios
Este fruto seco forma parte de la cocina de Estados Unidos desde hace miles de años
Mucho antes de que los cacahuates y las almendras llegaran a Estados Unidos en el siglo XVIII, las bellotas ya formaban parte de la alimentación del continente.
Este versátil fruto seco de los robles formó parte de la alimentación de los pueblos indígenas de Estados Unidos durante miles de años y, en tiempos recientes, comenzó a recuperar protagonismo en blogs gastronómicos y libros de cocina, en parte por su valor nutricional.
Las bellotas aportan vitaminas, minerales y otros nutrientes que contribuyen al funcionamiento del cerebro y el sistema nervioso, así como a la salud cardiovascular e intestinal. Según University Hospitals, en Ohio, una porción de una onza (28 gramos) contiene 152 miligramos de potasio, importante para el funcionamiento del corazón y los músculos, además de dos gramos de proteína.
“Las bellotas pueden consumirse de forma segura si se preparan correctamente y aportan algunos beneficios para la salud”, explicó la dietista Trista Best a USA Today el otoño pasado.

Antioxidantes y minerales
Las bellotas también aportan antioxidantes, entre ellos las vitaminas A, E y B6, que ayudan a proteger las células frente al daño oxidativo y la inflamación.
Además, contienen minerales y nutrientes esenciales como manganeso y folato, importantes para procesos como el desarrollo de los huesos y la formación de nuevas células.
Según los investigadores, estos frutos secos también son una buena fuente de fibra, que favorece el funcionamiento intestinal, y contienen ácidos grasos omega-3, importantes para el funcionamiento del cerebro.
En Corea del Sur, las bellotas forman parte de distintos platos y se consumen en preparaciones como gelatinas, polvos y fideos.
Entonces, ¿por qué no es habitual encontrarlas hoy entre los alimentos que se consumen, por ejemplo, en un estadio de béisbol?
Taninos y otros obstáculos
Una de las principales razones son los taninos, compuestos vegetales naturales que les dan su característico sabor amargo y que, consumidos en grandes cantidades, pueden resultar perjudiciales y causar daños renales, según los expertos.
Para hacer comestibles las bellotas, es necesario eliminar buena parte de esos taninos mediante un proceso que puede incluir hervirlas o remojarlas en agua antes de pelarlas y secarlas. El procedimiento, sin embargo, requiere tiempo y trabajo.
Y ese no es el único obstáculo.
Los robles producen más bellotas en unos años que en otros. A esto se suman las sequías y las lluvias intensas asociadas con el cambio climático, que afectan a estos árboles, según investigadores de la Universidad de California en Los Ángeles.
Los cambios en la gestión de los bosques también influyeron, explicó a NPR Frank Lake, miembro de las tribus Yurok y Karuk de California.
“Intentamos recolectar bellotas e incorporarlas a nuestra dieta siempre que podemos”, señaló Lake, ecólogo investigador del Servicio Forestal de Estados Unidos. “Pero debido a los cambios en la gestión forestal y, en particular, en la calidad de las bellotas, pasaron de ser un alimento básico a uno más especializado”.
Aumentar su consumo humano también podría reducir la cantidad disponible para animales como las ardillas y los ciervos, que dependen de ellas como fuente de alimento.
En Corea del Sur, esta situación ya generó problemas, según explicaron funcionarios gubernamentales a The Wall Street Journal en 2019.

Un sustituto versátil
Sin embargo, si se tienen bellotas a mano y se preparan de forma adecuada, pueden convertirse en un ingrediente versátil para numerosos platos.
Por ejemplo, pueden molerse para obtener harina y utilizarse en panes y pasteles, o picarse para sustituir otros frutos secos en productos horneados y preparaciones como la avena.
Según Miles Irving, autor de Forager Handbook, las bellotas pueden aportar “un sabor ligeramente ahumado, parecido al caramelo” a preparaciones como el arroz con leche y otros postres.
A la hora de recolectarlas, conviene elegir bellotas marrones que todavía conserven su cúpula, aconseja la dietista Makayla Meixner. Las verdes aún no están maduras y contienen una mayor cantidad de taninos.
Traducción de Leticia Zampedri






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