El romance de la cuarta temporada de ‘Bridgerton’ es justo lo que la serie necesitaba
La serie de Netflix recupera por fin su chispa y nos entrega el mejor romance desde que Regé-Jean Page encarnó al irresistible Simon Basset y Phoebe Dynevor dio vida a Daphne Bridgerton. Todos queremos que esta historia al estilo Cenicienta tenga un final feliz, escribe Ellie Muir
Bridgerton empezaba a dar señales de desgaste.
Temporada tras temporada, la voz omnisciente de Lady Whistledown nos devolvía a una versión edulcorada del Mayfair de la Regencia, con la alta sociedad pendiente del desfile anual de debutantes. La escena era siempre parecida: jóvenes recién lanzadas a la vida social orbitando a aristócratas solteros en parques y salones, mientras sus familias aguardaban en casa la llegada de pretendientes formales. A eso se sumaban versiones orquestales de Taylor Swift, vestuarios excesivos y los ya clásicos arrebatos de pasión en carruajes. La fórmula, conocida, seguía intacta.
Pero en su cuarta temporada, Bridgerton recupera finalmente su pulso. Y lo hace gracias a la historia de amor más sólida y atractiva que la serie ha ofrecido en años. Esta vez, el centro de la trama es Benedict Bridgerton, el segundo hijo de la familia, un soltero hedonista que se ve envuelto en un romance inesperado, con tintes de Cenicienta, junto a Sophie Baek, interpretada por Yerin Ha. Sophie es una sirvienta con un secreto crucial: es la hija ilegítima de Lord Penwood.
El resultado es, sin exagerar, el mejor romance —y la mejor temporada— de la serie desde la relación entre Simon Basset y Daphne Bridgerton, interpretados por Regé-Jean Page y Phoebe Dynevor, la pareja que convirtió a Bridgerton en un fenómeno global en 2020.
La historia arranca con un clásico giro romántico: Sophie se infiltra en el baile de máscaras de los Bridgerton, vestida con un antiguo vestido de su madrastra, y vive un encuentro breve pero intenso con Benedict. Luego desaparece sin dejar rastro. No hay nombre ni dirección, solo un guante abandonado, la única pista para descubrir quién es la mujer que logró descolocarlo.

Benedict, completamente enamorado y convencido de que ella pertenece a una familia acomodada, pasa semanas —y luego meses— tratando de descubrir la identidad de su misteriosa dama de plata, sin sospechar que en realidad es la sirvienta que trabaja frente a sus propios ojos. Cuando finalmente se besan, después de cuatro episodios genuinamente contenidos y cargados de anhelo a la distancia, confieso que terminé aplaudiendo frente a la pantalla.
Esto es exactamente lo que Bridgerton necesitaba. Las últimas tres temporadas estiraron hasta el cansancio la lenta revelación de Penelope Featherington como Lady Whistledown —un secreto que ya parece no importarle demasiado a nadie— y agotaron por completo la historia romántica entre Penelope y Colin.
Esta trama al estilo Cenicienta aporta aire fresco: pone en tensión la estructura social y el sistema de clases de la fantasía que propone la serie, y por fin conecta dos mundos que hasta ahora se mantenían separados. Por primera vez, Bridgerton corre el telón de terciopelo y baja las escaleras para mirar a la alta sociedad desde la perspectiva de quienes la sostienen en silencio: los sirvientes.

La tensión surge de un límite claro: un Bridgerton nunca podría permitirse una relación con una sirvienta. Pero a medida que avanza la temporada, la serie amplía el foco y deja ver los conflictos sociales que hierven bajo la superficie del Mayfair elegante. Trabajadores de distintos puntos de la ciudad comienzan a reclamar mejores salarios en lo que se conoce como las “guerras de las criadas”.
Varley, la leal ama de llaves de los Featherington, entra en una disputa salarial con su empleadora, mientras que las exigencias desmedidas de la reina quedan en evidencia a través de la mirada cansada de su dama de compañía, Lady Danbury.
La diferencia de clase es uno de los grandes obstáculos entre Sophie y Benedict, pero no es el único. El otro problema es él, porque el interés romántico masculino es, nada menos, Benedict Bridgerton: el soltero indisciplinado al que la serie nos acostumbró a ver entre aventuras pasajeras, amantes que se suceden sin pausa y una vida entregada al placer. ¿Será capaz de dejar atrás esos hábitos por amor verdadero? Es lo que todos queremos creer, aunque el final en suspenso del cuarto episodio deja claro que todavía hay camino por recorrer. Benedict, es hora de reaccionar.
¿Entrará en razón? Con su posición social, no sería descabellado pensar que podría salirse con la suya y sostener una relación con una sirvienta, y que el ton termine aceptándola, más aún cuando ella resulta ser medio aristócrata. Al fin y al cabo, en el universo de Bridgerton todo es posible. Pero si este romance no termina en boda y una avalancha de pequeños Benophie, entonces retiro todo lo dicho y doy por terminado el asunto.
Netflix, no nos falles.
Traducción de Leticia Zampedri







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