Thank you for registering

Please refresh the page or navigate to another page on the site to be automatically logged inPlease refresh your browser to be logged in

Skip to content

‘Verity’: ni Anne Hathaway ni Dakota Johnson logran salvar esta copia barata de ‘La empleada’

La nueva adaptación de Colleen Hoover recuerda demasiado al gran éxito del año pasado con Sydney Sweeney y Amanda Seyfried, pero resulta mucho menos entretenida

Anne Hathaway en 'Verity'
Anne Hathaway en 'Verity' (Sony Pictures Releasing)
Read in English

Verity: La sombra del engaño tiene todos los ingredientes para ser una película que valga la pena. Es otra adaptación del universo literario de Colleen Hoover, aunque se aleja en lo temático de los romances Romper el círculo (2024) y No te olvidaré (2026). En cambio, se parece mucho más al thriller del año pasado, La empleada, basado en la novela de la también exitosa autora Freida McFadden, que recaudó 400 millones de dólares en la taquilla mundial.

Basta con sustituir a Sydney Sweeney y su misteriosa monotonía por Dakota Johnson, y a Amanda Seyfried por Anne Hathaway como la mujer rica, hermosa y algo mayor que la contrata, para tener, en esencia, la premisa de Verity, con una dosis de química homoerótica forzada incluida. Josh Hartnett ocupa el lugar del hombre atrapado entre ambas, objeto de una rivalidad alimentada por el deseo, un papel que en La empleada recaía en Brandon Sklenar.

Una parte de mí agradece que Hollywood parezca empeñado en recuperar el melodrama erótico protagonizado por grandes estrellas, ese que Adrian Lyne perfeccionó en los años ochenta y noventa con títulos como Atracción fatal y Propuesta indecente, y que durante años estuvo casi ausente de los cines. Ojalá Verity estuviera a la altura. Ojalá fuera sensual, extravagante, divertida o, al menos, deliciosamente absurda. Ojalá no recurriera a Hot Ones, el programa de entrevistas a celebridades mientras comen alitas con salsas cada vez más picantes, para explicar parte de la trama.

Verity es, en esencia, un homenaje a Rebecca, de Daphne du Maurier, escrito por una autora que alguna vez decidió llamar Lily Bloom a una protagonista que trabaja como florista. Johnson interpreta a Lowen Ashleigh, una escritora mediocre y con mala suerte contratada para terminar, en nombre de Verity Crawford, una exitosa serie de thrillers elogiada por sus “personajes perturbados”. Hathaway encarna a Verity, una autora superventas que queda incapacitada física y mentalmente tras un accidente automovilístico.

Jeremy (Hartnett), esposo de Verity, invita a Lowen a la casa de los Crawford, una especie de mazmorra brutalista perdida en algún rincón de Vermont, para revisar las notas de la escritora. Allí encuentra una memoria USB que contiene lo que parece ser una autobiografía inédita en la que Verity confiesa un crimen atroz y se presenta como una psicópata de lo más glamorosa.

La fascinación de Lowen por Verity pronto se vuelve morbosa, hasta el punto de que empieza a imitarla. El ejemplo más evidente es la marca de un mordisco en el cabecero de la cama, recuerdo de un apasionado encuentro entre Verity y Jeremy. Cuando Lowen termina, como era de esperar, acostándose con él, hace exactamente lo mismo. Y hasta ahí llega la audacia de la película.

Verity insiste en hacernos creer que en cualquier momento se adentrará de lleno en lo macabro. De hecho, arranca con una escena sangrienta bastante efectiva. Sin embargo, todo ese exceso gótico, desde la atmósfera siniestra hasta las inquietantes apariciones de una Verity pálida y agotada, termina conduciendo a una gran revelación tan absurda que quizá solo cobre sentido después de una o dos botellas de vino.

En La empleada, Sydney Sweeney y Amanda Seyfried casi consiguieron que funcionara el contraste entre la contención de una y la intensidad de la otra. En Verity, esa misma fórmula pierde fuerza. Johnson, que suele brillar cuando puede apoyarse en cierta ironía, como demostró este año en Amores materialistas, queda atrapada en diálogos expositivos sin gracia, interrumpidos de vez en cuando por exabruptos como: “¡Eres una egoísta maquiavélica!”.

Hathaway, en cambio, se mueve en el extremo opuesto: abraza el exceso y convierte a Verity en un personaje de intensidad desbordante, con una sensualidad que por momentos recuerda a su interpretación de Gatúbela. El contraste entre ambas, sin embargo, nunca termina de cuajar.

Quien sale mejor parado es Hartnett, que encaja con naturalidad en el papel de un hombre cuyo encanto casi infantil esconde algo mucho más inquietante. Aun así, es una combinación que ya había aprovechado con mejores resultados en La trampa, el thriller de M. Night Shyamalan en el que interpretó a un padre “ejemplar” con una faceta mucho más siniestra.

Dakota Johnson en ‘Verity’
Dakota Johnson en ‘Verity’ (Amazon MGM Studios)

Al igual que La empleada, Verity está dirigida por un cineasta conocido sobre todo por la comedia. Pero mientras Paul Feig, director de Damas en guerra, supo trasladar su experiencia con las complejas relaciones entre mujeres a la dinámica entre Seyfried y Sweeney, Michael Showalter no encuentra aquí el mismo equilibrio. El director, que ya trabajó con Hathaway en la comedia romántica La idea de ti, tiene dificultades para dar con el tono adecuado, ya sea abrazando el absurdo de la historia o tomándosela en serio.

Al final, Verity deja una lección tan evidente como anticuada: no basta con copiar la fórmula de una película exitosa y esperar que vuelva a funcionar.

Director: Michael Showalter. Reparto: Anne Hathaway, Dakota Johnson, Josh Hartnett, Ismael Cruz Córdova y Brady Wagner. Clasificación: 15. Duración: 117 minutos.

Traducción de Leticia Zampedri

Thank you for registering

Please refresh the page or navigate to another page on the site to be automatically logged inPlease refresh your browser to be logged in