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Opinión

El verdadero villano de ‘El diablo viste a la moda 2’ es el novio terriblemente insulso de Andy

Es australiano, es tedioso y, aun así, la elegante editora interpretada por Anne Hathaway está enamorada de él. Peter, en la esperada secuela, es el fallo más evidente del guion, escribe Adam White

Tráiler de 'El diablo viste a la moda 2'
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El hombre heterosexual encaja en el mundo de El diablo viste a la moda tanto como una hamburguesa de tofu en un asado. Aquí no hay espacio para tipos con cinismo, aburrimiento y vestuario neutro. Lo que importa son los cortes bob impecables y la alta costura. Queremos a Law Roach intentando actuar. ¡Queremos Balenciaga! La secuela incluso presenta a Lucy Liu como una especie de salvadora, lo que resulta casi lo más extravagante en una película donde Stanley Tucci luce un pañuelo de bolsillo con total naturalidad.

Entonces, ¿por qué El diablo viste a la moda 2, una secuela mucho mejor de lo que cabría esperar para un reencuentro veinte años después, insiste en incluir al hombre heterosexual más plano que haya pasado por una película comercial? Diseñado casi como una reacción al criticado novio original, interpretado por Adrian Grenier, aparece Peter, encarnado por Patrick Brammall. Es un contratista inmobiliario australiano que intenta conquistar a Andy, interpretada por Anne Hathaway. Y digo “intenta” porque, en la práctica, se limita a observarla mientras ella reflexiona sobre su vida laboral. Y digo “Peter” porque, sinceramente, hubo que buscar su nombre.

El personaje aparece a mitad de la historia, cuando Andy ya regresó a la revista Runway como editora de reportajes, tras perder su trabajo como periodista en la escena inicial. En ese punto, ella busca un departamento, y Peter destaca solo por ser el único hombre heterosexual disponible que no es ni excesivamente mayor ni un magnate tecnológico al estilo Bezos. Por eso, ella se interesa en él. Sin embargo, la película casi no muestra su relación: apenas incluye una escena de cena sin química y evita darle peso en la trama. Es posible que parte de su historia quedara fuera en la edición, ya que una escena de baile entre ambos, captada durante el rodaje, no aparece en la versión final.

Más adelante surge un leve conflicto cuando Andy cuestiona el valor del periodismo frente al trabajo de Peter en el mercado inmobiliario de lujo. Sin embargo, el tema se aborda de forma superficial. Y quizás con razón: resulta difícil sostener ese debate cuando Emily Blunt entra en escena con su ironía característica para lanzar comentarios mordaces y criticar, por ejemplo, las cejas de Andy.

Patrick Brammall (aburrido, australiano) y Anne Hathaway (deslumbrante, estadounidense) en la esperada secuela 'El diablo viste a la moda 2'
Patrick Brammall (aburrido, australiano) y Anne Hathaway (deslumbrante, estadounidense) en la esperada secuela 'El diablo viste a la moda 2' (GC Images)

Sin embargo, surge una pregunta: ¿por qué incluir a Peter? En una entrevista poco convincente con Vanity Fair, publicada la semana pasada, Brammall lo describió así: “La función de ese personaje es apoyar a Andy Sachs. Hay una química simple y agradable”. Puede ser, pero en la práctica, el resultado es un personaje que remite a una etapa pasada del cine, cuando las mujeres parecían necesitar un final romántico, incluso si nadie lo pedía.

La película original de El diablo viste a la moda ya mostraba cierta conciencia de ese problema. En ese entonces, Adrian Grenier, en pleno auge gracias a Entourage, interpretó a Nate, el novio de Andy, un personaje poco comprensivo. Nate cuestionaba las aspiraciones profesionales de Andy, despreciaba Runway y se molestaba cuando ella faltaba a su fiesta de cumpleaños por exigencias laborales. Esa actitud llevó a que muchos lo señalaran como el verdadero villano de la historia, incluso por encima de Miranda Priestly, la exigente pero brillante editora interpretada por Meryl Streep.

La guionista Aline Brosh McKenna explicó en su momento que Nate representaba una versión masculina del estereotipo de “la pareja que reclama atención”. Según dijo: “Nate era, en el fondo, un rol tradicionalmente asignado a mujeres… ese de ‘¿por qué no estás más en casa?’”.

Hathaway (dazzling, brilliant) and Adrian Grenier (straight, evil) attend a ‘Devil Wears Prada’ event in 2006
Hathaway (dazzling, brilliant) and Adrian Grenier (straight, evil) attend a ‘Devil Wears Prada’ event in 2006

Andy terminó la película soltera, satisfecha y con un gran trabajo nuevo, aunque tras un breve romance —casualmente— con otro australiano igual de plano. Ese cierre marcó una verdadera victoria para el personaje y ayudó a que la historia resultara tan interesante para analizar. Después de todo, el vínculo central no era romántico, sino el que se construía entre Andy y Miranda: ese tira y afloja constante, donde la frialdad de Miranda chocaba con la aparente indiferencia de Andy, hasta que ambas entendían que se necesitaban.

En cambio, Peter no aporta evolución al personaje de Andy, y la secuela tampoco se interesa en desarrollar su relación. No genera conflicto, no interactúa de forma significativa con Miranda ni aporta reflexión o tensión emocional. Para ser justos, esto responde más al guion que al propio Brammall, quien muestra mucho más carisma en la comedia australiana Colin from Accounts, que coescribió con su esposa Harriet Dyer.

Aquí, Peter parece existir solo para que la película diga: “Miren, los hombres heterosexuales también pueden ser agradables”. Un mensaje curioso dentro de una historia que culmina con Meryl Streep y Lady Gaga intercambiando pullas frente a un espejo de maquillaje.

El diablo viste a la moda 2 ya está en cines.

Traducción de Leticia Zampedri

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