‘Blue Moon’: Ethan Hawke brilla como letrista de Broadway en un drama ingenioso con marcado tono teatral
Margaret Qualley y Andrew Scott coprotagonizan una historia real que, pese a sus entregadas actuaciones, se siente teatral y rígida
Hay pocos géneros que el cineasta estadounidense Richard Linklater no haya explorado: ha hecho dramas románticos como la trilogía Antes del amanecer, Antes del atardecer y Antes del anochecer; películas animadas y surrealistas para adultos como Despertando a la Vida y Una mirada a la oscuridad; además de varios de los filmes de iniciación más recordados de las últimas décadas, entre ellos Jóvenes, Rebeldes y confundidos, Slacker, Boyhood: Momentos de una vida y Escuela de Rock.
Blue Moon, sin embargo, se siente como una obra menor dentro de su filmografía. La nueva película del autor texano, la número 22 de su carrera, cuenta con una interpretación fina, excéntrica y valiente de Ethan Hawke, pero es un proyecto demasiado teatral y por momentos rígido.
Hawke interpreta al legendario letrista de Broadway Lorenz Hart, autor de clásicos como “Blue Moon” y “My Funny Valentine”. La historia lo sitúa en 1943, cuando sus mejores años han quedado atrás: la película abre con Hart desplomándose en un callejón lluvioso de Nueva York, perdido a los 47 años y en los últimos días de su vida.
A partir de ahí, la narración retrocede siete meses hasta la noche del estreno de Oklahoma!, el musical de Rodgers y Hammerstein que revolucionó el género con su mezcla de canciones, baile y comedia.
Hart asiste a la función, pero se retira en silencio. Después, se dirige a Sardi’s, su bar favorito, donde su figura inspira melancolía: es ingenioso sin esfuerzo, aunque mientras más bromas intercambia con el barman (Bobby Cannavale), más evidente se vuelve su desolación.
Es un alcohólico bisexual que se describe como “ebrio de belleza”, pero pronto queda claro que vive frustrado tanto en lo profesional como en lo afectivo. En ese estado, fija su atención en Elizabeth (Margaret Qualley), una joven aspirante a escritora teatral, aunque él es demasiado mayor y desgastado para ella.
Hawke ha trabajado con Linklater en múltiples ocasiones —incluida la trilogía Antes y Boyhood: Momentos de una vida—, pero nunca había interpretado un papel como este. Esta vez, gracias a efectos y decisiones de cámara, aparece varios centímetros más bajo de lo habitual, como el hombre más pequeño de la sala. Su cabello luce ralo, intenta disimular la calvicie con un peinado forzado y su piel está marcada por los años.
Ese aspecto encaja con un personaje capaz de ser dulce y encantador en un momento y corrosivo al siguiente. Hart ha sido superado por colegas que antes lo admiraban, especialmente por el más joven y carismático Richard Rodgers (un elegante Andrew Scott) y esa conciencia lo tiene atrapado en la autocompasión. Aun así, gracias al trabajo de Hawke, el personaje emerge como alguien profundamente humano.
Por momentos, el clima de la película se acerca más a los relatos de advertencia de Eugene O’Neill sobre bebedores autodestructivos que al mundo efervescente de los musicales de Broadway de aquella época. Escuchamos cómo Hart intercambia historias con el escritor neoyorquino EB White (Patrick Kennedy), a quien admira, o cómo charla con el camarero sobre su amor por Casablanca.
Pero Hart no es Bogart y Elizabeth no tiene intención de ser su Ingrid Bergman.
La destacada Margaret Qualley se queda con el mejor monólogo de la película, en el que relata una larga historia tragicómica sobre una desastrosa experiencia sexual con un atleta universitario.
Hart está fascinado con ella, pero Elizabeth solo lo ve como alguien con quien desahogarse y compartir chismes, no como una posible pareja. Además, sabe perfectamente cuál es su meta y utiliza a Hart únicamente para impulsar su carrera.
Linklater recrea con habilidad el ambiente de Broadway en la década de 1940, con toda su fragilidad ingeniosa y su elegancia. La película también ofrece abundantes diálogos inteligentes, con chistes afilados sobre todo, desde Frank Sinatra hasta Stuart Little. El problema es que, cuanto más tiempo pasamos en el bar con Hart, más claustrofóbica y desalentadora se vuelve la narración.
Director: Richard Linklater. Con: Ethan Hawke, Margaret Qualley, Andrew Scott. Clasificación +15. Duración: 100 minutos.
‘Blue Moon’ ya está en cines.
Traducción de Leticia Zampedri





