Brad Pitt resiste a los escándalos: por qué las polémicas no parecen afectar su poderosa carrera en Hollywood
El turbulento divorcio de Brangelina continúa entre acusaciones de ambas partes, aunque es probable que poco trascienda fuera de internet. Mientras tanto, la maquinaria de Hollywood y una serie de decisiones profesionales muy calculadas han llevado la fama de Brad Pitt a nuevas alturas, escribe Adam White
Brad Pitt no habló sobre lo ocurrido en aquel avión. Angelina Jolie tampoco. Sin embargo, lo que sucedió durante aquel vuelo de Francia a Los Ángeles en septiembre de 2016 todavía genera una intensa controversia en internet. En documentos judiciales presentados tras solicitar el divorcio ese mismo año, Jolie acusó a Pitt de maltrato físico y emocional durante el vuelo, acusaciones que él negó. Varias agencias investigaron el caso y no presentaron cargos contra el actor. Pitt, por su parte, acusó a su exesposa de distanciar a sus seis hijos de él, algo que Jolie también negó.
Ya pasó una década desde la mediática separación que puso fin de forma abrupta a una relación que convirtió a Pitt y Jolie en la pareja dorada de Hollywood, conocida por el ridículo apodo de Brangelina. Aun así, fuentes anónimas cercanas a ambos siguen ofreciendo declaraciones a la revista estadounidense People, considerada uno de los medios a los que suelen recurrir los publicistas de Hollywood para impulsar determinadas versiones sobre sus clientes. Aunque el divorcio concluyó en 2024, los dos todavía mantienen una batalla legal por la propiedad de una bodega francesa. Además, en los últimos meses, cuatro de sus hijos eliminaron legalmente el apellido “Pitt”.
En internet, todo esto sigue alimentando el debate y convirtió a Pitt en una figura cada vez más polarizante. Fuera de ese ámbito, sin embargo, ocurre casi lo contrario: como estrella de cine, el actor parece gozar de más popularidad y reconocimiento que nunca. Sus apariciones ante la prensa también siguen una estrategia muy cuidada que evita abordar los asuntos más delicados.
Este viernes estrena El corazón de la bestia, una película de supervivencia sobre un hombre y un perro, y durante la promoción repitió su fórmula habitual. En agosto, un extenso y elogioso artículo de portada de Esquire incluyó algunas referencias vagas a problemas familiares y dificultades personales, pero nada concreto. Pitt, en cambio, habló mucho sobre su coprotagonista canino.
En otras palabras, Pitt consiguió superar, al menos de cara al gran público, un escándalo que bien podría haber acabado con la carrera de otra estrella. ¡Ed Sheeran debe estar furioso!

En esta construcción de su propia leyenda, Pitt contó además con una serie de papeles recientes que parecen pensados para consolidar su imagen de veterano de Hollywood, atormentado pero sensible. Ya no interpreta tanto personajes como variaciones de su propia figura en pantalla, una imagen a la que se aferra en lugar de transformarla o desafiarla, como hacía antes.
En Érase una vez en Hollywood, de Quentin Tarantino, interpretó al carismático y despreocupado hombre para todo de una estrella de cine, un papel que le valió un Oscar en 2020 y en el que resolvía los problemas de Hollywood con ingenio y fuerza bruta. En una escena, se quita la camiseta casi tres décadas después de Thelma y Louise y sigue resultando tan impactante como cualquier efecto especial.
Wolfs, una película de Apple TV de 2024 que pasó casi inadvertida, parecía construida alrededor del simple atractivo de ver a Pitt y a otro veterano galán, George Clooney, intercambiar comentarios con toda naturalidad. Después llegó F1, éxito de taquilla del verano pasado, en la que Pitt encarnó a un piloto nómada y curtido que sale del retiro para enseñar a una nueva generación cómo ganar.
La fórmula continúa con El corazón de la bestia, una historia marcada por la resistencia y la dureza masculina estadounidense. Pitt ahora interpreta a tipos: hombres atractivos, misteriosos y con estilo. Y esos personajes terminaron por convertirse en una distracción muy eficaz frente a todo lo demás.
Quizás siempre iba a ser así. Pitt salió prácticamente ileso de su primer gran escándalo mediático hace más de 20 años, cuando surgieron rumores de que él y Jolie tuvieron un romance durante el rodaje de la película de acción Sr. y Sra. Smith, mientras el actor seguía casado con Jennifer Aniston. Pitt y Jolie negaron que hubiera una infidelidad, aunque sí reconocieron que se enamoraron mientras trabajaban juntos.
Los tabloides no tardaron en construir su propio relato y siguieron la relación con ferocidad. Jolie quedó retratada como la seductora que conquistó a un hombre casado; Aniston, como la esposa abandonada y condenada al desamor. ¿Y Pitt? Quedó al margen de la historia.
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Por exasperante que resulte, esos clichés siguen vigentes. Los tabloides parecen empeñados en atribuirle a Aniston una nueva ruptura sentimental cada cierto tiempo. Jolie, en cambio, ya sea por su labor humanitaria o por su falta de interés en seguir las reglas de Hollywood, parece cada vez más alejada de la industria. Trabaja sobre todo en películas independientes de escasa repercusión comercial, mientras que su última gran apuesta por los Oscar, la película biográfica de 2024 sobre Maria Callas, quedó fuera de las principales categorías de los premios más importantes. Pitt, por su parte, sigue siendo una presencia habitual en las grandes producciones de estudio y conserva una imagen pública casi intacta.
El corazón de la bestia es la primera de las dos películas protagonizadas por Pitt que se estrenan este año. La otra es un spin-off de Érase una vez en Hollywood dirigido por David Fincher, que incluso podría devolverlo a la conversación de los Óscar.
En sus entrevistas, Pitt también hizo algunas referencias a momentos difíciles de su pasado. El año pasado habló, aunque sin entrar en demasiados detalles, de su camino hacia la sobriedad durante una aparición en el podcast de Dax Shepard, un espacio distendido y frecuentado por celebridades. El mes pasado contó a Esquire que había puesto fin a siete años de sobriedad, pero no explicó demasiado los motivos. “Puedo tomar algunas copas. Pero no muchas. Tengo que ser responsable con eso”, señaló.
Algo parecido ocurrió cuando reveló que atravesó “un breve periodo” con pensamientos suicidas. El periodista Ryan D’Agostino le preguntó si esa etapa coincidió con “asuntos relacionados con los niños”, en una alusión indirecta a la ruptura de su matrimonio. Pitt asintió. “Asuntos familiares”, respondió. “Podríamos dejarlo ahí”. Y eso fue exactamente lo que hizo.
Esa forma de abordar los escándalos, al revelar apenas lo suficiente para proyectar una imagen introspectiva, consciente de sí mismo y, en definitiva, humana, podría explicar parte de la capacidad de Pitt para conservar su popularidad. El contraste resulta aún más evidente porque su última gira promocional coincidió con la de otra gran estrella de cine que también carga con años de controversias y particularidades personales, desde su relación con la Cienciología hasta las constantes especulaciones sobre su vida sentimental. Además, su hija Suri, de quien se dijo que estaba distanciada de él, también cambió su apellido este año.
Se trata de Tom Cruise, una celebridad cuya imagen pública siempre tuvo sus propias particularidades y cuyas entrevistas recientes resultaron incluso menos reveladoras que las de Pitt.

Este mes, Cruise habló con GQ sobre la fascinación y el glamour del cine, pero se negó de plano a abordar cualquier otro tema. “¿Qué idea equivocada tiene la gente sobre mí? No lo sé. No tengo idea. La verdad es que no pienso en eso”, respondió. Tampoco reveló demasiado en el podcast del esposo de Taylor Swift y, durante su visita al programa de Jimmy Fallon, terminó colgado de una máquina de garras gigante. Mientras tanto, las proyecciones de taquilla apuntan a que su nueva película, Digger, podría convertirse en uno de los mayores fracasos del año.
A Pitt y Cruise se los suele considerar dos de las últimas grandes estrellas de cine, símbolos de una industria que prácticamente ya no existe. La diferencia es que Pitt todavía sabe proyectar cierta normalidad y entiende cuándo recurrir a esa masculinidad atractiva y bien conservada que ayudó a convertirlo en una estrella. Cruise, en cambio, provoca una impresión muy distinta cuando posa para GQ con la camisa abierta y una mano bajando de forma insinuante por la cintura de sus jeans, como si estuviera a punto de mostrarle al mundo su Xenu.
Cruise parece no entender del todo qué funciona hoy, mientras que Pitt, o al menos quienes manejan su carrera, se adaptó mucho mejor. La fórmula es sencilla: apostar por la nostalgia, insinuar cierta introspección, mantener la ambigüedad y elegir papeles que sabes que atraerán a tus seguidores. Y listo: los titulares más perjudiciales empiezan a perder fuerza.
Es de suponer que Johnny Depp, quien se prepara para estrenar el próximo mes su primera película de estudio en años, observa la estrategia con mucha atención.
El corazón de la bestia ya está en cines.
Traducción de Leticia Zampedri






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