Visité la tienda que desató la polémica en torno a Kelly Clarkson: esto fue lo que encontré
El enfrentamiento viral entre Kelly Clarkson y una exclusiva tienda de regalos de Brooklyn Heights se convirtió en la polémica más insólita de la semana en internet. Ellie Muir visitó el local para descubrir qué hay detrás de la controversia y conocer al héroe olvidado de esta historia
Me resulta extraño estar aquí, frente a ella. Me observa fijamente con sus bonitos ojos marrones y una expresión traviesa. Llevo toda la semana esperando ver su pico brillante y puntiagudo. Por supuesto, hablo de Molly, el pájaro mecánico de 15 millones de dólares que se ha convertido en el centro de una disputa viral que lleva seis días entre Kelly Clarkson y Art of Play, una exclusiva tienda de juguetes y regalos de Brooklyn Heights.
Molly se convirtió en la protagonista del momento el sábado por la tarde, cuando la exganadora de American Idol publicó un furioso mensaje en X dirigido a sus ocho millones de seguidores. Según contó, había manejado hasta Brooklyn (¡qué molestia!) para visitar una tienda que le había parecido “muy bonita”, pero terminó encontrándose con una empleada “grosera” que la miró como si “no pudiera pagar” a Molly, el pájaro amarillo cantor que cuelga de la pared.
Clarkson comparó la experiencia con la famosa escena de Mujer bonita en la que Vivian Ward, el personaje de Julia Roberts, es prácticamente echada de una exclusiva boutique de Rodeo Drive por las vendedoras que la juzgan por su apariencia.
La historia se convirtió en una de esas polémicas triviales, algo exageradas y completamente irresistibles para quienes pasan demasiado tiempo en internet. La tienda publicó su versión de los hechos en Instagram y aseguró que Molly no estaba a la venta y que, en realidad, un empleado le había ofrecido a la cantante de 'Dark Side' buscarle una pieza similar del mismo artista.
Clarkson respondió acusándolos de mentir. Insistió en que el pájaro tenía una etiqueta de 15.000 dólares y que, cuando preguntó por él, un empleado le contestó con condescendencia que podía conseguirle algo parecido.
A partir de entonces, Art of Play recibió una avalancha de comentarios negativos. Uno de sus tres propietarios, Adam Rubin, autor del exitoso libro infantil Dragons Love Tacos, declaró ante varios medios reunidos frente al local: “Kelly Clarkson nos puso en peligro”.
Y no se quedó ahí: calificó lo ocurrido como una “guerra social asimétrica”. Un poco dramático, sí. Pero las cosas tampoco mejoraron cuando la tienda anunció, de manera pasivo-agresiva, que había aumentado el precio de Molly a 15 millones de dólares. Así que, a estas alturas, creo que podemos decir que ninguna de las partes ha estado por encima de las provocaciones.
Hoy, en Art of Play, los vecinos han salido a respaldar al negocio. Mientras estoy allí, un hombre entra y le dice a Rubin que quería mostrarle su apoyo porque “lo que hizo no estuvo bien”. Se estrechan la mano y el hombre se marcha.
Otra clienta, mientras paga su compra, comenta al dueño que ha tenido “una semana bastante movida”. Él le regala una bolsa de tela con el logotipo de la tienda para que pueda “mostrar su apoyo” al negocio. Otros vecinos entran y hacen comentarios similares. Todos sabemos cuál es el tema que nadie quiere mencionar directamente. Y sí, Molly nos observa desde la pared izquierda: es el pájaro más famoso del barrio.
Para ser justos, el ambiente de la tienda es muy agradable. En el centro del local, una niña está sentada junto a su madre, intentando resolver varios rompecabezas de madera. Los empleados se acercan, le dan pistas y la animan a seguir.
Cuando intento resolver un rompecabezas de 35 dólares que consiste en liberar a un pequeño pájaro de madera de una jaula (no, no es Molly), uno de los vendedores también me ofrece una pista. Me siento bienvenida y, para ser sincera, estoy disfrutando muchísimo de resolver rompecabezas artesanales un jueves cualquiera por la tarde.
En esencia, esta tienda está pensada para quienes aprecian los juguetes de lujo y los objetos de diseño. Después de todo, estamos en el mismo barrio donde viven Matt Damon, Emily Blunt y Adam Driver. Los precios de los juguetes, juegos y barajas van desde los 10 dólares hasta casi 15 millones.
En una vitrina descubro un rompecabezas geométrico de metal dorado, diseñado por Charles O. Perry, que cuesta 200 dólares; una caja con 34 “especímenes raros de la Tierra y más allá” (sinceramente, mejor no preguntar), por 499 dólares; y una esfera caleidoscópica del tamaño de un melón, creada por Scott Hronich, que se vende por 4.000 dólares.
Es el tipo de lugar para quienes pueden darse el lujo de gastar en juegos de backgammon de cuero y objetos decorativos para la mesa de centro. Sin embargo, durante mi visita, todos los clientes reciben el mismo trato y me queda la impresión de que los empleados sienten una auténtica pasión por los productos que venden.
Para muchos de nosotros, toda esta polémica ha sido una fuente de entretenimiento. Y lo absurdo del enfrentamiento tampoco ha pasado desapercibido en internet.
Más allá de las extrañas respuestas de Art of Play, no puedo evitar preguntarme qué estaba pensando Clarkson cuando decidió publicar aquel mensaje. Si tuviera que dar mi veredicto, diría que fue ella quien se equivocó.
Clarkson sabe, quizá mejor que nadie, el daño que pueden causar los ataques en las redes sociales, por lo que arremeter contra un pequeño negocio no la deja muy bien parada, sobre todo cuando el motivo de su queja es que no le permitieron comprar un pájaro mecánico de 15.000 dólares, algo que difícilmente puede considerarse una injusticia social o la demostración de poder que tal vez imaginaba.
Su versión de los hechos también me hace preguntarme si lo que realmente le molestó fue que, quizá, no la reconocieran.
Al salir de Art of Play, no puedo dejar de pensar en Molly, la heroína casi olvidada de esta historia. Ahora no tiene precio, pero sí un cartel junto a su jaula que dice: “No tocar”.
Desde su lugar, observa la tienda con una sonrisa burlona. De alguna manera, se ha convertido en la protagonista del momento. Espero que lo sepa.
Traducción de Leticia Zampedri





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