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La profecía sobre Luis Díaz que se cumplió en Europa y continúa en el Mundial con Colombia

Cuando Luis Díaz comenzó a dar sus primeras patadas a una pelota de fútbol en los polvorientos descampados de Barrancas, un pueblo remoto del departamento de La Guajira, en el noreste de Colombia, nadie podía imaginarse que hoy sería uno de los mejores extremos del mundo y que sus compatriotas vibrarían con sus actuaciones con el Bayern Múnich.

Aquel joven excesivamente flaco superó todos los obstáculos que puede enfrentar un habitante de la región caribeña. En ese cálido valle situado entre la Sierra Nevada de Santa Marta y la Serranía del Perijá, las oportunidades y las expectativas de superación son escasas, como era su musculatura en aquel entonces.

Aunque el dinero no sobraba, a Lucho nunca le faltó un plato de comida en el hogar que encabezaban su padre Luis Manuel, “Mane”, y su madre Cilenis, dentro de una familia humilde con raíces wayuu, el pueblo indígena más numeroso de Colombia.

“Él era un muchacho flaquito, pero tenía fuerza. No era un jugador débil, sino que tenía una fuerza natural”, relató a The Associated Press Melquisedec Navarro, uno de sus primeros entrenadores en las categorías inferiores de Junior de Barranquilla. “Desde la primera vez que lo vi, noté que tenía unas condiciones que no se ven todos los días”.

El mentor del “Guajiro” fue su padre, “Mane”, un exfutbolista amateur que fue noticia cuando en 2023 estuvo 13 días secuestrado por el grupo guerrillero Ejército de Liberación Nacional (ELN). Como formador de jugadores en Barrancas, el pequeño Luis tenía al mejor maestro en su propia casa.

Pero al talento precoz de Díaz le quedaban chicas las modestas canchas de su terruño. Por eso, en 2015, con 17 años, asistió a una veeduría, de la mano de su tío Wilson, y allí empezó a mostrar que aquel escuálido jugador se transformaba cuando saltaba al campo de juego.

A las puertas de jugar su primer Mundial con Colombia, con la cual alcanzó la final de la Copa América en 2024 y suma 21 goles en 72 encuentros, Díaz aspira dar un paso más en su carrera.

De enganche al estrellato

“Corredor infatigable y artista del regate”, lo describió el Bayern cuando lo fichó en 2025 por casi 90 millones de dólares desde Liverpool. Quizá, lo que no sabían en Baviera, es que ese extremo que con frecuencia deja atrás a sus rivales en la Bundesliga comenzó a despuntar como enganche.

“Por sus habilidades y su físico, se tiraba como un volante 10, pero se nos prendió la lucecita y decidimos ponerlo como extremo izquierdo para que encarara y jugara hacia adentro, con su regate y con la pelota pegada a los pies”, cuenta Navarro, quien se encargó de pulir la joya que recibió en el Barranquilla FC.

Otro de los primeros en observar las condiciones de Lucho fue Carlos Valderrama, internacional colombiano que lideró a los cafeteros en tres mundiales entre 1990 y 1998.

El “Pibe” Valderrama lo convocó en 2015 para un combinado que disputaría la Copa América de Pueblos Indígenas en Chile, donde empezó a convencer de que su delgadez no era un obstáculo para brillar en el verde.

“A mí me sorprendió cuando lo tuve en el proceso de selección”, explicó Valderrama. “Y hoy vemos que ese ‘pelao’ no ha cambiado, sino que sigue siendo el mismo jugador alegre. No tengo dudas de que ya me superó”.

Por su parte, Navarro cree que Díaz también ha sobrepasado al brasileño Neymar, con quien lo comparaba hace más de una década. “Yo les decía a mis hijos y amigos que Lucho iba a ser el Neymar colombiano. Ya entonces veía su calidad, cómo regateaba y se iba de los contrarios fácilmente, pero creo que me quedé corto, ya lo superó… y aún no ha alcanzado su techo”.

Talento precoz

Uno de los primeros registros que se tienen de Díaz fue unos años antes de que en Junior descubrieran todo su potencial. A comienzos de 2009, Díaz pisó por primera vez el estadio Metropolitano de Barranquilla con la academia El Cerrejón para disputar un torneo infantil. Y los lugareños aún recuerdan cómo tomó la pelota, esquivó a varios contrarios e hizo un tanto como el que le permitió ganar el año pasado el premio al Gol del Año en Alemania.

“Fue un golazo”, se limitó a decir el tímido futbolista, según contó la reseña del diario El Heraldo, que lo describió como “un delantero veloz, delgado y habilidoso, que agarró el balón desde tres cuartos de cancha, eludió a cuatro rivales con amagues y gambetas y definió con un remate suave y certero”.

“La primera vez que lo vimos nos sorprendió a todos. No impresionaba con su físico, pero sí por todo lo que hacía con el balón”, recuerda Fernel Díaz, actual director de la cantera de Junior.

Predicción cumplida

En Barranquilla también evocan una carta que fue una suerte de vaticinio sobre el diamante que tenían entre manos.

Navarro, entonces técnico de las fuerzas básicas de Junior, no solo acompañó a Díaz en su proceso de formación, que incluyó ayuda económica para el transporte que lo llevaba a los entrenamientos, alguna comida proteica y apoyo para que terminara el undécimo grado. También fue uno de los primeros en anticipar la carrera que su pupilo realizaría en Europa, desde su llegada al Porto en 2019, su paso dos años después al Liverpool y el presente exitoso en el Bayern.

Cuando iba a ser llamado por la selección indígena, en 2015, Navarro recibió una solicitud para el permiso de la convocatoria. De inmediato, alertó a Junior con una carta, que aún hoy conserva como una reliquia, en la que escribió: “Jugador de excelentes condiciones, por lo que sugerimos que se proteja, ya que estará bajo la mirada de muchos empresarios”.

El club barranquillero tomó nota y no solo le hizo su primer contrato formal, sino que al poco tiempo creó una categoría especial Sub18 para que el “Guajiro” pudiera competir con rivales de su misma edad.

“Una vez, lo trajimos con la Sub20. Él estaba en el banco y perdíamos en el entretiempo. Entonces, me dijo ‘profe, métame que yo le resuelvo’”, narra Navarro. “Y así fue, le di confianza, entró y sacó su magia para empatar el partido”.

A ese Lucho había poco que enseñarle, pero en su club terminaron de darle forma al crack que hoy ilusiona a 50 millones de colombianos. “Era humilde y tranquilo, de pocas palabras, pero en la cancha ya era un adelantado”, revela el técnico, quien reconoce que apenas tuvo que aconsejarle que fuera menos individualista para que potenciara su juego y el de sus compañeros.

Díaz anhela cumplir con “La Promesa", el título de la canción con ritmos urbanos y caribeños que lanzó a finales del año pasado y que proclama sus intenciones: “Esta noche yo tengo que salir campeón, ya estoy acostumbrao".

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Cobertura de AP sobre el Mundial: https://apnews.com/hub/mundial-de-futbol-fifa

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