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Opinión

El Mundial enfrenta una crisis inédita tras los ataques de EE. UU. a Irán: ¿cómo responderá la FIFA?

Un polémico inicio tomó un giro drástico cuando un país anfitrión bombardeó a uno de los equipos clasificados, y ahora la participación de Irán está en duda, escribe Miguel Delaney

El Mundial enfrenta una crisis sin precedentes tras los ataques de EE. UU. e Israel a Irán, y la FIFA aún no define su respuesta
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Incluso en medio de graves acontecimientos geopolíticos, el fútbol moderno ofrecía un matiz casi absurdo. Mientras drones y misiles continuaban su curso en el Golfo y los titulares empezaban a informar sobre la presunta muerte del líder supremo de Irán, el ayatolá Jamenei, la cúpula de la FIFA buscaba con urgencia detalles ante las posibles repercusiones para el Mundial de 2026.

Sin embargo, había un problema. Debían cumplir con las formalidades en el castillo de Hensol tras la 140.ª Asamblea General Anual del International Football Association Board.

Buena parte de la dirigencia de la FIFA permanecía en el lugar con gesto serio y la mirada fija en sus teléfonos, mientras una cantante de ópera galesa continuaba su actuación. La escena resultaba desconcertante: una banda sonora inusual para leer noticias sobre una crisis sin precedentes, en la que el país anfitrión del Mundial bombardeaba a una de las selecciones clasificadas a solo cuatro meses del torneo. En este contexto, la participación de Irán ha quedado en duda.

Mientras tanto, la FIFA no tuvo más opción que quedarse ahí, inmóvil.

La imagen admite una lectura simbólica: una dirigencia paralizada, incapaz de reaccionar incluso ante uno de los desafíos más serios que haya enfrentado.

Esa misma expresión se ha repetido a lo largo del último año, casi siempre en alusión al Mundial de 2026.

Asimismo, puede interpretarse otro símbolo en la decisión de la FIFA de ampliar el torneo a 48 selecciones, al mismo tiempo que su presidente, Gianni Infantino, asumía un rol de estadista activo en un contexto internacional cada vez más fragmentado, con una intensidad que no se veía en décadas. De este modo, el organismo rector del fútbol se ha expuesto voluntariamente a una sucesión de problemas.

Así puede describirse prácticamente toda la antesala del Mundial de 2026, aunque Gianni Infantino sonría cada vez que habla de la venta de entradas.

En efecto, gran parte de lo ocurrido carece de precedentes. Basta con repasar los principales focos de tensión que han surgido hasta el momento.

La fase de clasificación apenas comenzaba cuando el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, amenazaba con desatar una guerra comercial contra los coanfitriones México y Canadá. Posteriormente, ese escenario dio paso a una presión creciente para excluir a Israel, en gran medida por la situación en Gaza y, en particular, por la presunta vulneración de los propios estatutos de la FIFA en relación con clubes que disputan partidos en territorios ocupados.

En medio de ese escenario, surgió además una polémica relativamente menor —aunque significativa en términos de integridad deportiva— por la decisión de reducir en dos partidos la sanción de Cristiano Ronaldo, lo que le permitió disputar el Mundial. Todo ello ocurrió antes de que la situación se agravara considerablemente este año.

En enero, varios países europeos se vieron obligados a debatir un posible plan de boicot a raíz de la postura del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, respecto a Groenlandia. Esa discusión se produjo después de que Estados Unidos fuera señalado por una operación militar en Venezuela y de que se registrara apenas el tercer acto de agresión cometido por un país anfitrión tras haber recibido la sede de un Mundial. El actual sería, así, el cuarto.

El bombardeo de Irán ordenado por Donald Trump es el último movimiento geopolítico que tendrá repercusiones en el Mundial y la FIFA
El bombardeo de Irán ordenado por Donald Trump es el último movimiento geopolítico que tendrá repercusiones en el Mundial y la FIFA (AFP via Getty Images)

Febrero ya había estado marcado por hechos de violencia vinculados al narcotráfico en Guadalajara, una de las ciudades anfitrionas, a solo cuatro meses del torneo.

Ahora, en marzo, podría imponerse una decisión aún más delicada: cómo actuar ante la situación en la que uno de los 48 equipos clasificados ha sido bombardeado por un país anfitrión, con la presunta muerte del jefe de Estado de facto.

Así, en apenas una semana, desde México hasta Irán, han surgido desafíos sin precedentes en la historia de una Copa del Mundo.

En contextos de esta naturaleza suele existir cierta comprensión hacia los organismos deportivos, permanentemente expuestos a tensiones geopolíticas. No obstante, el problema específico en el caso de la FIFA es que muchos de estos conflictos han derivado de su propia manera de gestionar tales complejidades.

Por un lado, la posibilidad de esta campaña militar se conocía desde hacía semanas. Por otro, resulta inevitable señalar que Gianni Infantino se ha mostrado cercano a Donald Trump.

Y, como en episodios anteriores, la FIFA bajo su liderazgo no ha abierto un espacio para un debate riguroso sobre ninguno de estos asuntos.

Hay preguntas que la FIFA debe responder tras el más reciente problema relacionado con Estados Unidos, uno de los países que albergarán el Mundial este verano
Hay preguntas que la FIFA debe responder tras el más reciente problema relacionado con Estados Unidos, uno de los países que albergarán el Mundial este verano (AFP via Getty Images)

Desde la FIFA sostienen que ese espacio de debate es el Consejo. Sin embargo, distintas fuentes aseguran que el órgano ha quedado relegado. Un miembro de alto rango dijo a The Independent que, hasta la tarde del domingo, no habían recibido ninguna indicación sobre los próximos pasos. El asunto podría terminar en manos del buró del Consejo de la FIFA, integrado por el presidente y los seis jefes de las confederaciones.

Cualquier decisión definitiva dependerá de la evolución de los acontecimientos en una situación de tal gravedad. Precisamente por ello, se vuelve aún más urgente elaborar planes de contingencia.

Como indicó una fuente de alto nivel, “no existen reglas fijas” para sustituir a un equipo en un Mundial.

Hasta ahora, el único pronunciamiento oficial ha provenido del secretario general de la FIFA, Mattias Grafström, quien declaró en Gales que el organismo “monitoreará” la situación.

“Leí las noticias igual que ustedes esta mañana. Tuvimos una reunión hoy y sería prematuro comentar en detalle”, señaló. “Pero, por supuesto, seguiremos de cerca los acontecimientos en torno a todos los asuntos en el mundo”.

Las consultas dirigidas a la FIFA sobre los próximos pasos solo recibieron como respuesta una remisión a esas declaraciones. Algo similar ocurrió la semana pasada en relación con México.

“Es demasiado pronto para decir algo sobre todo esto”, señaló otra fuente. No obstante, ello no impide comenzar a evaluar distintos escenarios, especialmente cuando serán necesarias claridad y una hoja de ruta definida.

Tampoco se ofrecieron detalles sobre el procedimiento en caso de que un equipo deba ser reemplazado, una posibilidad que ahora cobra carácter real. Informes procedentes de Irán apuntan a que el propio Estado podría optar por retirar a la selección del Mundial.

A ello se añade la incertidumbre sobre si el plantel podría ingresar al país anfitrión ante el riesgo de una mayor escalada.

En ese contexto, Andrew Giuliani, jefe del grupo de trabajo de la Casa Blanca para el Mundial, escribió el sábado: “Del fútbol nos ocupamos mañana; esta noche celebramos su oportunidad de libertad”.

Una vez más, el Mundial se enfrenta a una situación de una magnitud sin precedentes.

Mattias Grafström, secretario general de la FIFA, afirmó que el organismo está “monitoreando” la situación en Irán, pero no ofreció detalles sobre cómo planea abordarla
Mattias Grafström, secretario general de la FIFA, afirmó que el organismo está “monitoreando” la situación en Irán, pero no ofreció detalles sobre cómo planea abordarla (David Davies/PA Wire)

Podría argumentarse que la negativa de la FIFA a pronunciarse obedece a una discreción necesaria ante un escenario diplomáticamente complejo, sobre todo por la implicación final de Donald Trump. Sin embargo, persiste la incógnita acerca de si el organismo cuenta con la capacidad para gestionar una situación de tal magnitud.

Desde hace tiempo, este Mundial da la impresión de avanzar al borde de un tropiezo. Y lo hace con más dinero que nunca en juego, además de la propia autoridad de Gianni Infantino. En ese contexto, el denominado Premio de la Paz de la FIFA adquiere un tono inevitablemente irónico.

Muchos anticipan que la organización recurrirá a su estrategia habitual frente a controversias de este tipo: esperar y observar cómo evolucionan los hechos.

Si Irán optara por retirarse, Emiratos Árabes Unidos —también afectado por ataques con drones iraníes— surgiría como reemplazo lógico, al haber sido el siguiente equipo en la clasificación del grupo.

A ello se suma que el fútbol actúa como una fuerza de cohesión social en Irán, y que el voto de la diáspora iraní o persa podría tener incidencia en este escenario.

Tampoco puede descartarse un eventual cambio de régimen, lo que elevaría aún más las implicaciones.

El Mundial, como el mundo, atraviesa un periodo de profunda incertidumbre.

No puede responsabilizarse a la FIFA por ese contexto global, incluso considerando las aspiraciones geopolíticas de Infantino. Sí cabe cuestionar, en cambio, la manera en que está respondiendo.

Por ahora, lo que predomina es un vacío. Ni siquiera se han precisado los procedimientos en caso de que una selección se retire. Ese es el nivel de la crisis. Y ese, hasta el momento, es el nivel de la respuesta.

Traducción de Leticia Zampedri

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