Por qué la supuesta “nota de suicidio” de Epstein abrió una nueva caja de Pandora
La aparición de una supuesta “nota de suicidio” deja más preguntas que respuestas: si Epstein escribió ese mensaje antes de un intento fallido, ¿dónde está la nota del día en que murió?, cuestiona Sean O’Grady
Podríamos llamarlo humor negro. Un juez federal de Nueva York hizo pública una supuesta nota de suicidio de Jeffrey Epstein. Sin embargo, no sería la nota definitiva, ya que las autoridades la encontraron después de su fallido intento de ahorcamiento en la cárcel, en julio de 2019. Epstein se suicidó un mes más tarde y, hasta ahora, no se sabe si dejó otro mensaje antes de morir.
Además, las autoridades estadounidenses nunca autentificaron el documento. Aun así, es probable que distintos sectores ligados a teorías conspirativas lo utilicen para respaldar todo tipo de interpretaciones. Para algunos, la nota reforzaría la versión oficial: que Epstein estaba decidido a evadir la justicia y poner fin a su vida. Para otros, abre una nueva incógnita: si ya había escrito una nota antes, ¿dónde está la que debió dejar en agosto de 2019?
Esa ausencia alimenta nuevas especulaciones: mientras algunos creen que la nota pudo contener información comprometedora sobre otras personas, otros sostienen que Epstein fue asesinado por orden de figuras poderosas o incluso afirman, en teorías todavía más extravagantes, que sigue vivo.
La procedencia del documento también resulta llamativa y añade más combustible a las sospechas que rodean la muerte del financiero y delincuente sexual. Según los reportes, otro recluso encontró la nota: Nicholas Tartaglione, un expolicía condenado a cadena perpetua por el asesinato de cuatro hombres en una presunta trama de narcotráfico y por ocultar posteriormente los cuerpos. Un detalle que, para muchos, solo amplía el terreno fértil para nuevas teorías y relatos paralelos.

Por lo general, no solemos hablar mal de los muertos, pero Epstein parece ser una de esas excepciones. Y la nota que dejó transmite una imagen bastante patética. Como podía esperarse de alguien marcado por una enorme vanidad, el texto mezcla autocompasión con arrogancia, insiste en una defensa poco convincente de su inocencia y, además, no aporta nada nuevo.
“Me investigaron durante meses. ¡¡¡NO ENCONTRARON NADA!!!”, escribió. Luego agregó: “Es un placer poder elegir el momento de decir adiós. ¿Qué quieren que haga? ¡¿Que me ponga a llorar?!”.
La nota termina con otra frase subrayada: “¡¡NO ES DIVERTIDO!! ¡¡NO VALE LA PENA!!”.
Además, el uso constante de mayúsculas y múltiples signos de exclamación recuerda el estilo de escritura de cierta figura pública, aunque el autor del texto prefiere no profundizar en esa comparación.
Más allá del impacto mediático, esta revelación aporta poco a las víctimas de Epstein en su búsqueda de justicia. Sin embargo, vuelve a poner el foco sobre los llamados “archivos Epstein” y sobre la posibilidad de que documentos, imágenes e incluso videos más comprometedores sigan ocultos o censurados.
Todavía quedan numerosos documentos pendientes de publicación tanto en Estados Unidos como en el Reino Unido. Entre ellos aparecen archivos vinculados a Peter Mandelson, quien negó cualquier conducta irregular durante su extensa relación con Epstein.
Asimismo, otros procesos judiciales, sobre todo en Gran Bretaña, podrían arrojar algo más de luz sobre el caso, aunque no existe certeza de que eso ocurra. Por ahora, Ghislaine Maxwell sigue siendo, de manera sorprendente y para muchos injustificable, la única persona encarcelada por los delitos cometidos durante años, en gran parte por hombres poderosos contra mujeres y niñas vulnerables.
Esa red de abusos, visible para muchos desde hace tiempo, terminó siendo real. Y, hasta ahora, Epstein logró llevarse gran parte de sus secretos a la tumba.
Traducción de Leticia Zampedri






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