Lindsay Clancy: defensa insinúa que la psiquiatra era un “robot que solo cumplía los trámites”
El abogado de Clancy describió que la exenfermera recibió atención inadecuada que difirió de las prácticas habituales en la atención de salud mental de EE. UU.
El abogado de Lindsay Clancy cuestionó la pericia y la capacidad de decisión de su psiquiatra con respecto a su tratamiento general, mientras la defensa intentaba sugerir que el sistema de salud mental falló ante el deterioro de la madre de Massachusetts en los meses previos al asesinato de sus tres hijos pequeños.
Durante el interrogatorio del lunes, el abogado defensor Kevin Reddington destacó el uso que hacía la Dra. Jennifer Tufts de videoconsultas de 25 minutos para una terapia verbal limitada, la toma de notas digitalizada para documentar sus observaciones y la serie de fármacos que recomendó a pesar de que Clancy informó de varios efectos secundarios, síntomas y preocupaciones sobre la toma de medicamentos.
Reddington describió la atención que recibió Clancy como mediocre en comparación con las prácticas habituales de salud mental en Estados Unidos. En un momento dado, insinuó que Tufts era un “robot” que simplemente cumplía los trámites.
“¿Qué hiciste? Tenías a una mujer que te decía que se sentía desesperanzada”, preguntó mientras hablaban de una cita que había tenido lugar unos dos meses antes de los asesinatos.
“Le dije que era algo que podíamos abordar, que había esperanza, que existen tratamientos, que hay diferentes tipos de programas” —contestó Tufts— “así que supo que todavía tenía opciones y un motivo para tener esperanza”.
“¿Alguna vez le sugeriste que podía ir a verte en persona, en lugar de hacerlo por la computadora?”, preguntó Reddington.
“No me pareció un problema hablar con ella por videollamada. No sentí que me estuviera perdiendo nada”, respondió Tufts.
Clancy, de 35 años, se declaró inocente de los cargos de asesinato por la muerte de Callan, Dawson y Cora Clancy, cuyas edades oscilaban entre los 8 meses y los 5 años.
Fueron encontrados en el sótano de la casa familiar en Duxbury, Massachusetts, una localidad costera. Su madre yacía en el jardín. Se había arrojado por una ventana del segundo piso y quedó paralizada de la cintura para abajo.
La fiscalía sostiene que la exenfermera de partos fue una asesina intencional que conspiró para sacar a su esposo de la casa enviándolo a hacer diligencias y luego estranguló a los niños con bandas elásticas el 24 de enero de 2023. En su declaración inicial el mes pasado, la fiscal Shannan Buckingham instó al jurado a no considerar el juicio como “un debate público sobre la salud mental de las mujeres y cómo el sistema médico las trata”.
Los abogados de Clancy no niegan que ella mató a los niños. Pero afirman que no debería ser considerada penalmente responsable porque padecía una enfermedad mental y creía oír voces que le ordenaban quitarles la vida a los niños y a ella misma.
La defensa alega que sufría de trastorno bipolar y psicosis postparto, una afección poco común que puede alterar la percepción de la realidad en las mujeres. Un psiquiatra forense le diagnosticó estas afecciones tras los asesinatos.
Sus abogados afirman que Clancy hizo todo lo posible por buscar ayuda: acudió a varios centros de atención ambulatoria, probó diversos medicamentos que le recetaron, llamó a una línea de ayuda para la prevención del suicidio, fue a urgencias y solicitó (sin éxito) ingresar en un programa de tratamiento hospitalario de día completo para mujeres con problemas de salud mental postparto. Clancy incluso se internó de manera voluntaria en un hospital psiquiátrico durante varios días.
En lugar de mejorar, su estado empeoró debido al cóctel de medicamentos psiquiátricos que se mezclaba una y otra vez, algunos de los cuales resultan problemáticos para los pacientes bipolares, según afirman sus abogados y familiares.
Tufts vio a Clancy por videoconferencia desde septiembre de 2022 hasta el día anterior a los asesinatos. Su diagnóstico fue: trastorno de ansiedad generalizada y trastorno de adaptación con estado de ánimo depresivo.
La psiquiatra testificó que Clancy nunca habló de episodios maníacos, un criterio para el diagnóstico de trastorno bipolar, ni de oír voces ni de tener otros signos de psicosis.

Clancy decía a veces que había estado “a punto” de suicidarse, desesperanzada o con la sensación de que iba a morir, recordó Tufts. Pero añadió que Clancy negaba tener planes de quitarse la vida o de hacer daño a nadie, y nunca reveló —como afirma la defensa que sí le reveló a su marido— que hubiera pensado en hacerles daño a los niños.
“Me habría preocupado mucho si hubiera oído eso”, aseguró Tufts.
Clancy demandó a Tufts y a otros profesionales ante un tribunal civil.
“No creo haber sido negligente”, declaró Tufts el lunes en el juicio penal, mientras Reddington cuestionaba su experiencia en el tratamiento de afecciones postparto antes de que Clancy acudiera a ella. Tufts había finalizado su residencia en psiquiatría en julio de 2022 y se incorporó a un consultorio privado el mes anterior a la primera cita de Clancy.
Si Clancy es declarada culpable de asesinato, se enfrenta a cadena perpetua sin posibilidad de libertad condicional. Si es declarada inocente por falta de responsabilidad penal, sería internada en un centro psiquiátrico estatal.
Si resides en Estados Unidos y tú o alguien que conoces necesita ayuda de salud mental de inmediato, llama o envía un mensaje de texto al 988, o visita 988lifeline.org para acceder al chat en línea de la Línea 988 de Prevención del Suicidio y Crisis. Esta es una línea de ayuda gratuita y confidencial disponible para todos las 24 horas del día, los siete días de la semana.
Si te encuentras en otro país, puedes visitar www.befrienders.org para encontrar una línea de ayuda cerca de ti.
Traducción de Michelle Padilla







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