Adolescente que transmitió tiroteo en mezquita de San Diego es acusada de asesinato
En Carolina del Norte, los cargos por complicidad conllevan la misma pena que si la adolescente hubiera cometido el ataque
Una joven de 17 años fue acusada de asesinato por su presunta complicidad en un tiroteo que dejó tres muertos en una mezquita de San Diego, después de que las autoridades determinaran que habría colaborado con los atacantes para transmitir el ataque en vivo y difundir sus escritos de odio, según informó un fiscal de distrito de Carolina del Norte.
La adolescente, cuya identidad no fue revelada, fue arrestada la semana pasada, explicó el fiscal de distrito del condado de Forsyth, Jim O’Neill, durante una conferencia de prensa en Winston-Salem. Días después, el lunes, y justo antes del inicio del año escolar, un gran jurado presentó contra ella tres cargos de asesinato y uno de conspiración.
La gravedad de las acusaciones se debe a que, en Carolina del Norte, una persona considerada cómplice puede enfrentar la misma pena que quien ejecuta el delito, según O’Neill. En este caso, una acusación formal a la que tuvo acceso The Associated Press sostiene que, antes del tiroteo, la joven habría acordado grabar la transmisión en vivo, distribuir las imágenes y publicar un documento escrito por los atacantes.
Según los documentos judiciales, la adolescente habría cumplido con esas tareas y, además, comprado un parche con un símbolo asociado con la supremacía blanca que envió a uno de los atacantes para que lo utilizara durante el tiroteo.
“La persona en cuestión, a nivel local, era quien se encargaba de la transmisión en vivo”, explicó O'Neill. “Ella difundió esa información y publicó su manifiesto”.
Tiroteo en la mezquita de San Diego
La acusación contra la adolescente está relacionada con el ataque perpetrado el 18 de mayo contra el Centro Islámico de San Diego. Cain Clark, de 17 años, y Caleb Vazquez, de 18, abrieron fuego en el lugar y mataron a Amin Abdullah, Mansour Kaziha y Nadir Awad, quienes perdieron la vida mientras intentaban detener a los agresores. Clark y Vazquez también murieron tras el tiroteo.
Kaziha y Awad intentaron alejar a los dos hombres armados del centro islámico para proteger a quienes se encontraban en el interior, pero no consiguieron escapar. “Ambos sospechosos lograron acorralarlos y abatirlos”, explicó el jefe de la Policía de San Diego, Scott Wahl, tras el ataque.
Abdullah, padre de ocho hijos y guardia de seguridad, también intervino para frenar a los agresores. Según las autoridades, consiguió impedir que ingresaran a las zonas principales del edificio, donde se encontraban numerosos menores, y con ello pudo haber evitado una tragedia de mayores dimensiones.
“Sus acciones, sin duda, retrasaron, distrajeron y, en última instancia, impidieron que estos dos individuos accedieran a las zonas principales de la mezquita, donde había hasta 140 niños a menos de 4,5 metros de los sospechosos”, señaló Wahl.
El director de la mezquita, Taha Hassane, coincidió en que la intervención de Abdullah fue decisiva. “Si no hubiera sido por él, la masacre habría sido mucho peor. Él fue quien los detuvo, quien los frenó... Sacrificó su vida”, declaró.
Los escritos atribuidos a Clark y Vazquez ofrecen, además, indicios sobre las ideas que habrían motivado el ataque. En ellos, los jóvenes hicieron referencia a distintas corrientes de extrema derecha y expresaron mensajes de odio contra judíos, musulmanes y el islam, la comunidad LGBTQ+, las personas negras y las mujeres, así como contra sectores de la izquierda y la derecha políticas.
También afirmaron que pretendían acelerar el colapso de la sociedad. Vazquez, por su parte, escribió que tenía “algunos problemas de salud mental” y que se sentía rechazado por las mujeres.
Tras el ataque, la familia de Vazquez señaló en un comunicado que Caleb estaba dentro del espectro autista y que había comenzado a sentir resentimiento hacia ciertos aspectos de su identidad. Según sus familiares, esa situación, sumada a su exposición a discursos de odio en internet, habría contribuido a su radicalización.
Traducción de Leticia Zampedri





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