Reseña: "Minions & Monsters" es una oda muy amarilla a Hollywood
De vez en cuando, Hollywood se embriaga con su propio producto y hace una carta de amor al cine. Ocurrió recientemente con “The Fabelmans” ("Los Fabelman"), de Steven Spielberg, y “Jay Kelly”, de George Clooney. Ahora le toca al más improbable de los autores de cartas de amor: mini monstruos de color amarillo canario, que hablan en galimatías y llevan overol.
“Minions & Monsters”, el tercer capítulo de las continuas aventuras independientes de los diminutos facilitadores de “Despicable Me” ("Mi villano favorito"), trata sobre la pura grandeza de hacer cine, y es un tropiezo ensimismado. Pocas industrias, quizá el periodismo, están tan enamoradas de hacer que su profesión parezca heroica.
Esta vez, los Minions se encuentran en los albores tanto del negocio del cine en Hollywood como del último empuje de las sufragistas para conseguir el voto. Es una confluencia extraña que los guionistas Brian Lynch y Pierre Coffin manejan torpemente.
La película tiene referencias juguetonas a viejos dioses de la pantalla, Harold Lloyd colgando de las manecillas de un reloj y Charlie Chaplin tragado por los engranajes de un sistema mecánico, además de guiños hollywoodenses a “Casablanca” y el título con juego de palabras “The Good, the Bad and the Stupid” (El bueno, el malo y el estúpido), pero los niños del público no las entenderán y sus padres están demasiado cansados. Los chistes sobre Harold Lloyd no pegan igual en 2026.
Dos de la legión de Minions sin rostro dan un paso al frente esta vez, los mejores amigos James y Henry, inadaptados creativos en medio de una mancha de drones amarillos, para unirse y hacer una película. (¿Quién iba a pensar que existía una contracultura Minion?)
Al principio, las cosas van muy bien, resulta que añadir uno o dos Minions a una película de vaqueros o a una de atracos los convierte en reyes instantáneos de la taquilla, y pronto se mudan a una mansión en Beverly Hills y se vuelven insoportables. James sueña con ganar un Oscar, que en este caso es una estatuilla de banana dorada, una obsesión Minion.
Pero se topan con un muro cuando el cine mudo pasa a las películas sonoras. Y como no sueltan más que disparates, como su usual “fantástico”, “miso soup” y “piñata", no pueden hacer la transición. Los expulsan del sistema de estudios.
Ahí es cuando James y Henry por fin ponen en marcha la trama: hacer su propia película asesina de monstruos invocando monstruos reales. El primero que intentan resulta un poco raro: el gigantesco y temible pulpo-dragón que piden termina siendo una adorable criaturita verde, tipo Funko Pop, llamada Goomi, con la voz de Trey Parker. Goomi promete conseguirles monstruos de verdad. Pero, ¿deberíamos confiar en él?
Coffin, que hace su primer trabajo en solitario como director tras codirigir las tres películas de “Despicable Me” y la primera de “Minions”, hace la voz de todos los Minions, debe de ser divertido tenerlo en fiestas, y demuestra seguridad. Los niveles de violencia son un poco altos para una película apta para niños, e incluyen una decapitación y varios empalamientos, además del caos sin sentido habitual.
Los guionistas han incluido una subtrama romántica que involucra a una sufragista con la voz de Zoey Deutch, que se enamora de un robot-alienígena (trabajo destacado de Jesse Eisenberg) en una historia que tiene cada vez menos sentido. Y el recurso de encuadre, una guía de museo que explica cómo los Minions moldearon Hollywood, se desploma de manera torpe.
Los adultos pueden mantenerse despiertos buscando los huevos de Pascua que Coffin ha dejado para cinéfilos serios: “20,000 Leagues Under the Sea” ("20,000 leguas de viaje submarino"), “Steamboat Bill, Jr.” ("El héroe del río"), “Le voyage dans la lune" ("Viaje a la luna"), “Metropolis”, “Citizen Kane” ("Ciudadano Kane”) y “The Blob” ("La mancha voraz"). Quizá el mejor momento de la película sea casi un detalle al pasar: el director George Lucas, apareciendo como él mismo.
“Hooray for Hollywood” (¡Hurra por Hollywood!) suena en la banda sonora y bien podría haber sido el subtítulo de la propia película. Hay personas a las que se les humedecen los ojos al pensar en tomar una cámara de cine y seguir a su musa, y en que su trabajo se proyecte en una sala oscura entre vítores. Y luego están quienes solo quieren que esto avance de una vez. “¡Vamos!”
“Minions & Monsters”, un estreno de Universal Pictures, tiene una clasificación PG (que sugiere cierta orientación de los padres) de la Asociación Cinematográfica de Estados Unidos (MPAA, según sus siglas en inglés) por “violencia/acción, lenguaje y humor grosero/macabro”. Duración: 90 minutos. Una estrella y media de cuatro.






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