Reseña: "Jackass: Best and Last" es un montaje de grandes éxitos y golpes
Sirva una copa en honor al equipo de “Jackass”. Se acabó. “Jackass: Best and Last” ("“Jackass: La última y nos vamos") es un final triste pero apropiado para una franquicia de acrobacias extremas que no fue derrotada por falta de imaginación, sino por el tiempo.
La quinta y última entrega principal tiene todo lo que uno esperaría del Universo Cinematográfico de Jackass, genitales, electricidad, gravedad y baños portátiles, a menudo combinados. Solo que esta vez, los clips de acrobacias pasadas ahogan lo nuevo.
Comienza con una escena de 1998 que en su momento fue demasiado impactante para emitirse: el chiflado de Johnny Knoxville disparándose en el pecho con una pistola Smith & Wesson calibre .38, protegido únicamente por un chaleco de kevlar y unas revistas para chicas como acolchado. (Le advierten: “No seas estúpido”, consejo que decide ignorar durante un cuarto de siglo). La película termina alrededor de una hora y media después con su alegre banda de idiotas preocupada por sus próstatas.
Knoxville, gravemente lesionado después de ser embestido por un toro en la película de 2022 “Jackass Forever”, reaparece en la nueva cinta reconvertido en una especie de maestro de ceremonias desquiciado, con pajarita, mientras crea el caos para los demás pero no participa. Es como un Peter Pan maniático que se queda al margen de una pelea en Nunca Jamás.
“Estoy triste”, reconoce Knoxville y lo llama “un lugar natural para detenerse”.
En el vacío, los habituales de siempre, incluidos Stephen “Steve-O” Glover, Jason “Wee Man” Acuña, Chris Pontius y Ehren “Danger” McGhehey, se someten a cosas que mandarían a la mayoría de los humanos a terapia de por vida, como un examen de próstata realizado por un robot humanoide de 1,20 metros usando mantequilla de maní como lubricante… ¡con trocitos!
Hay reposiciones de clips realmente graciosos, como aquella vez que usaron bocinas de aire para alborotar a golfistas ancianos en 2002, o cuando Knoxville, vestido con un mono naranja de preso y esposas, entró en una ferretería buscando una sierra para metales, provocando una auténtica emergencia policial en el 2000.
También volvemos a 2022 para repetir el segmento en el que el equipo de “Jackass” queda encerrado en una habitación sin luz y hacen creer que una serpiente de cascabel diamondback anda suelta. Se nos recuerda que las primeras acrobacias eran rudimentarias, como el clip, hasta ahora inédito, de Knoxville metiéndose en una endeble caja de cartón con unas almohadas y rodando por un enorme tramo de escaleras de cemento.
¿Quién puede olvidar a Steve-O lanzado por los aires dentro de un baño portátil a reventar y rebotando en cuerdas elásticas hasta quedar completamente empapado en 2010? Reviva eso en cámara lenta. ¿O cuando el fallecido Ryan Dunn se metió un coche de juguete por el recto y luego consultó a técnicos de rayos X atónitos? ¿O cuando Brad Pitt montó su propio secuestro afuera de un local de comida rápida?
Las acrobacias nuevas son menos elaboradas, como Sean “Poopies” McInerney recibiendo tantas inyecciones de ácido hialurónico en los labios que parece una “Real Housewife”. También hay una secuencia divertida en la que un carnero bravo, en una habitación pequeña, embiste repetidamente a Davon “Jasper” Wilson. Se percibe una hermandad palpable en el grupo, forjada por el terror y la humillación.
Lamentablemente, la comediante Rachel Wolfson, la primera mujer en unirse al equipo, queda degradada a animadora en la película final; un paso adelante en 2022 es un paso atrás en 2026. Y Pontius intentando un salto de altura desnudo, recreando las Olimpiadas originales, es, bueno, flácido.
Si usted cree que quizá la desaparición de “Jackass” tiene algo que ver con la “corrección política” o con el fin de la era de los “chicos siendo chicos”, conviene recordar que hace nada la gente estaba haciendo saltos en moto de cross en el Jardín Sur de la Casa Blanca y también hubo un espectáculo de peleas en jaula de la UFC en la residencia presidencial.
Una de las últimas acrobacias de la película deja ver la edad del grupo. En un guiño a que la mayoría ronda los 50 y ahora se enfrenta a colonoscopias, estos maniquíes humanos de pruebas de choque beben laxantes potentes, se ponen pantalones de plástico y luego juegan Twister hasta defecar. Después vomitan. (Con clase, chicos).
En una especie de coda triste, regresamos a la secuencia de “Jackass Forever” que señaló el final: Knoxville contra el toro. Nos enteramos de que, antes de sufrir lesiones cerebrales graves tras una segunda cornada, hubo una primero que se consideró no lo bastante violenta. Así que vemos la primera y luego la segunda. Y después lo vemos ser retirado en una ambulancia.
Quizá la franquicia “Jackass”, nacida antes de las redes sociales, tenga dificultades para competir con el aluvión de locura en internet o con la amenaza de lo falso mediante inteligencia artificial. Pero la edad pasa factura. Esperamos a la próxima generación dispuesta a darse un mazazo de madera en la entrepierna.
“Jackass: Best and Last”, un estreno de Paramount Pictures, tiene una clasificación R (que requiere que los menores de 17 años la vean acompañados de un padre o tutor) de la Asociación Cinematográfica de Estados Unidos (MPAA, según sus siglas en inglés) por “acrobacias extremadamente peligrosas y material grosero de principio a fin, desnudez gráfica, lenguaje generalizado y material sexual”. Duración: 92 minutos. Una estrella de cuatro.





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