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La guerra con Irán frena el flujo de petróleo y gas y expone los riesgos energéticos para Asia

IRÁN-GUERRA-ENERGÍA EN ASIA
IRÁN-GUERRA-ENERGÍA EN ASIA (AP)

El comercio mundial de energía está sumido en el caos, ya que la guerra en torno al golfo Pérsico estrangula los envíos de petróleo y gas natural, lo que hace que los precios se disparen.

Asia es la región más expuesta, ya que depende en gran medida del combustible importado, gran parte del cual se transporta a través del estrecho de Ormuz, el angosto paso que canaliza una quinta parte del comercio mundial de petróleo crudo y gas natural licuado, o GNL.

Unos 13 millones de barriles de petróleo al día transitaron por ese corredor en 2025, según la consultora energética Kpler. Eso equivale a cerca de un tercio de todo el crudo transportado por mar, el petróleo sin refinar que se procesa para convertirlo en combustibles como la gasolina y el diésel.

Aproximadamente una quinta parte del GNL mundial —gas natural enfriado hasta convertirse en líquido para facilitar su almacenamiento y transporte— también fluye por el estrecho. Más del 80% del GNL enviado a través del estrecho en 2024 se dirigió a Asia, según la Administración de Información Energética de Estados Unidos.

El precio del crudo Brent, el referente internacional, ha subido un 15% desde que comenzó la guerra con Irán, hasta situarse en torno a 84 dólares por barril, el nivel más alto desde julio de 2024.

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, afirmó el martes que Estados Unidos ofrecerá seguros contra riesgos a las navieras y que podría desplegar su armada para proteger a los buques si fuera necesario. Pero las interrupciones se están propagando más allá de la región. Cuando la oferta se reduce, los países más ricos superan en pujas a los más pobres por los escasos cargamentos, dejando a las economías más vulnerables con falta de combustible. Esto se vio durante anteriores crisis energéticas provocadas por la invasión de Ucrania por parte de Rusia en 2022.

“La crisis, con el cierre del estrecho de Ormuz como el último acontecimiento, no solo elevaría los precios del petróleo y el gas, sino que también paralizaría la actividad económica mundial”, apuntó Zulfikar Yurnaidi, del Centro de Energía de la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático.

China e India podrían enfrentar grandes riesgos

Para los dos países más poblados de Asia, su enorme tamaño amplifica los riesgos.

China es el mayor importador de crudo del mundo e India ocupa el tercer lugar. Aumentos sostenidos en los precios del petróleo se propagarían por sus economías en general, presionando el transporte, la industria y los hogares.

China es el mayor comprador de petróleo iraní, pero Beijing ha priorizado la seguridad energética y cuenta con alternativas, incluido un uso importante de energías renovables. El año pasado importó de Irán alrededor de 1,4 millones de barriles diarios, aproximadamente el 13% de sus importaciones totales de crudo transportado por mar, según Kpler.

La mayoría de esos envíos ya están en el mar y cubrirán otros cuatro a cinco meses de demanda, estima Kpler. China también cuenta con importantes reservas estratégicas de petróleo, aunque la cantidad exacta es un secreto de Estado.

Puede comprar más a Rusia: las refinerías independientes de China —conocidas en el sector como “teapots”— han sido los principales compradores de petróleo iraní, ruso y venezolano, a menudo con grandes descuentos debido a los riesgos asociados a las sanciones occidentales. Pese a las interrupciones relacionadas con la guerra, el suministro mundial es suficiente en términos generales.

“Por lo tanto, es poco probable que China tenga dificultades para conseguir suficiente crudo para impulsar su economía o satisfacer la demanda interna", comentó Muyu Xu, analista sénior de crudo en Kpler. "La verdadera pregunta es a qué precio”.

India podría reanudar las compras de crudo ruso, pese a la presión de Trump para que no lo haga.

El país tiene reservas de crudo suficientes para menos de un mes. Las próximas dos semanas serán críticas y la situación podría deteriorarse rápidamente, elevando los costos del combustible y la inflación en general si el conflicto se prolonga, según la analista energética Vibhuti Garg, del Instituto de Economía Energética y Análisis Financiero, o IEEFA, en Delhi.

“Es una situación muy, muy volátil”, indicó Garg.

El principal riesgo es el aumento de los precios de los alimentos perecederos, vulnerables a los shocks de oferta. Al mismo tiempo, una rupia más débil y mayores costos de endeudamiento podrían desacelerar la economía, añadió.

Japón, Corea del Sur y Taiwán son los más expuestos

Pocas regiones están tan expuestas a las interrupciones del flujo energético desde Oriente Medio como Asia oriental.

Japón importó 2,34 millones de barriles de crudo al día en enero, alrededor del 95% de sus importaciones totales ese mes, según su Ministerio de Economía, Comercio e Industria. Japón suele figurar como el segundo mayor importador de GNL del mundo.

Corea del Sur depende casi por completo de las importaciones de energía. La Asociación de Comercio Internacional de Corea afirma que obtiene alrededor del 70% de su crudo y el 20% de su GNL de Oriente Medio.

Taiwán también importa casi todo su GNL. Ha intentado reducir su dependencia de Oriente Medio, pero aún obtiene cerca de un tercio de Qatar, que detuvo la producción de GNL tras ataques contra sus instalaciones.

Japón y Corea del Sur cuentan con grandes reservas de suministro energético. En tanto, Taiwán anunció que tiene suministros suficientes para marzo y planes de contingencia para el futuro.

Pero los analistas señalan que las reservas son amortiguadores temporales y que las industrias de alto consumo energético, como la industria de semiconductores de Taiwán, siguen siendo vulnerables.

Los gobiernos están en modo de “esperar lo mejor, prepararse para lo peor”, dijo Grant Hauber, del IEEFA, y advirtió que algunos podrían lamentar no haber diversificado antes hacia las energías renovables, una “cobertura natural” frente a las interrupciones.

Los combustibles fósiles dominan la matriz energética en las tres economías de Asia oriental. Las renovables aportan menos del 10% de la electricidad en Corea del Sur y Taiwán y alrededor del 22% en Japón, según la Agencia Internacional de la Energía.

El Sudeste Asiático se prepara para problemas energéticos

Los países en desarrollo del Sudeste Asiático, con grandes necesidades energéticas, enfrentan el riesgo de que las naciones más ricas los superen en pujas a medida que se ajusta la oferta.

En Singapur, las autoridades han advertido a empresas y hogares que se preparen para facturas de energía más altas.

En Manila, las autoridades prohibieron los viajes no esenciales y el uso personal de autos del gobierno para reducir el consumo de combustible.

En Tailandia, los funcionarios han instado al público a ahorrar energía, mientras los automovilistas hacían fila en las gasolineras a medida que subían los precios.

Los repartidores y conductores a tiempo completo —esenciales para mantener el movimiento de bienes y personas en los congestionados centros urbanos de Tailandia— dependen del combustible para ganarse la vida. En la ciudad norteña de Chiang Rai, el taxista Sommit Sutar, de 64 años, dijo que no ve cómo ahorrar combustible y seguir trabajando.

“La gasolina ya era cara. Esta guerra hará que el problema sea aún peor”, dijo Sutar.

El gobierno ha suspendido las exportaciones de petróleo para reforzar las reservas internas, que, según afirma, pueden durar hasta 61 días, mientras incrementa la producción de gas natural en el golfo de Tailandia y Myanmar.

Tailandia depende en gran medida del GNL del mercado al contado, lo que la deja “altamente expuesta a la volatilidad de precios y geopolítica”, indicó Amy Kong, del grupo de investigación Zero Carbon Analytics, registrado en Bruselas. Eso la hace vulnerable a guerras de pujas con naciones más ricas.

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Ghosal informó desde Hanói, Vietnam. El redactor de negocios de The Associated Press Chan Ho-him, en Hong Kong, contribuyó a este despacho.

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