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ADN de cementerio islámico muestra que Ibiza estaba conectada con África

Nuevas evidencias genéticas muestran una realidad muy distinta a lo que se conoce de Ibiza medieval

Un estudio analizó el ADN de 13 individuos enterrados en un cementerio islámico de Ibiza entre los siglos X y XII
Un estudio analizó el ADN de 13 individuos enterrados en un cementerio islámico de Ibiza entre los siglos X y XII (Getty/iStock)

Cuando pensamos en la Ibiza medieval, solemos imaginar una pequeña isla en el extremo de Europa. Sin embargo, nuevas evidencias genéticas muestran una realidad muy distinta. Lejos de estar aislada, Ibiza formaba parte de las redes políticas, comerciales y militares del mundo islámico medieval, con conexiones que alcanzaban no solo el norte de África, sino también regiones del África subsahariana.

Las fuentes históricas ya apuntaban en esa dirección. Sabemos que al-Ándalus y el Magreb estuvieron conectados durante siglos por rutas marítimas, intercambios comerciales, movimientos militares y desplazamientos de población. También sabemos que esas redes enlazaban con las rutas transaharianas que llegaban hasta el Sahel y África occidental. Lo que no sabíamos con tanta claridad era hasta qué punto esas conexiones se reflejaban en las personas que vivieron y murieron en lugares concretos como Ibiza.

Relatos desde la tumba

En un estudio recién publicado en Nature Communications, analizamos el ADN de 13 individuos enterrados en un cementerio islámico de Ibiza entre los siglos X y XII. Combinando datos genéticos, arqueológicos e históricos, reconstruimos patrones de movilidad, mezcla genética y enfermedad en esta comunidad insular medieval.

Ibiza se incorporó al mundo islámico en el año 902, en el marco de la expansión omeya desde Córdoba. Todo indica que aquella integración no fue solo un cambio político: también implicó una profunda reorganización social y la llegada de nuevas poblaciones. A partir de entonces, la isla pasó a formar parte de las redes que unían al-Ándalus, el norte de África y el Mediterráneo occidental.

Ibiza se incorporó al mundo islámico en el año 902, en el marco de la expansión omeya desde Córdoba
Ibiza se incorporó al mundo islámico en el año 902, en el marco de la expansión omeya desde Córdoba (Clap House)

Los resultados genéticos reflejan esa integración. Las personas analizadas presentan ascendencias relacionadas con Europa, el norte de África y el África subsahariana, a menudo, combinadas en un mismo individuo. Este patrón no concuerda con la hipótesis de una única migración. Más bien apunta a un proceso continuado de movilidad e interacción entre distintas regiones del mundo islámico.

Mapa de los terrotorios musulmanes mediterráneos y transmediterrános en la península ibérica (a). Plan de la excavación en la calle Bartomeu Vicent Ramon, Ibiza, correspondiente al cementerio de Madina Yabisa. Las etiquetas de los enterramientos estudiados aparecen en rojo. R. R. Varela et al.

Siglo X, tiempo de mestizaje

Al estimar cuándo se mezclaron esas ascendencias, observamos que los componentes genéticos europeos y norteafricanos se combinaron solo unas pocas generaciones antes de la vida de estos individuos. En promedio, esta mezcla parece haberse iniciado poco después de la incorporación de Ibiza al mundo islámico a comienzos del siglo X.

Es decir, la diversidad genética de la isla no fue el resultado de un proceso lento de siglos, sino de una transformación relativamente rápida que, probablemente, ocurrió en Ibiza mismo o en otras regiones del al-Ándalus.

Desde el África subsahariana

Dos individuos resultan especialmente reveladores. Ambos presentan ascendencia subsahariana clara, pero procedente de regiones distintas. Uno muestra afinidades genéticas con poblaciones de Senegambia, en África occidental; mientras que el otro se relaciona más estrechamente con poblaciones del área del Chad, en África central.

Gracias al uso de bases de datos genómicas africanas modernas, hemos podido identificar estos vínculos con una precisión inédita en contextos europeos medievales.

Estos hallazgos encajan bien con el contexto histórico. Ambos individuos datan del periodo almorávide, una etapa en la que las Baleares quedaron integradas en una red política y militar que conectaba el Magreb, al-Ándalus y regiones más meridionales del África occidental. Las fuentes árabes describen precisamente esas rutas de intercambio, comercio y movilidad. El ADN aporta ahora una evidencia biológica directa de que esas conexiones también implicaron desplazamientos humanos.

Acerca de los autores

Ricardo Rodríguez Varela se especializa en investigación en arqueología molecular en el Departamento de Arqueología y Estudios Clásicos de la Universidad de Estocolmo. Anders Götherström es profesor de arqueología molecular en el Departamento de Arqueología y Estudios Clásicos de la Universidad de Estocolmo.

Este artículo se publicó por primera vez en The Conversation y se publica bajo licencia Creative Commons. Puedes leer el artículo original aquí.

Más allá de la ascendencia

Otro resultado importante del estudio es que religión e identidad cultural no pueden reducirse al origen genético. Uno de los individuos enterrados según el rito islámico presenta muy poca ascendencia norteafricana. Esto recuerda que, en la Iberia medieval, la pertenencia a una comunidad dependía también de la conversión, la lengua, la educación, las normas jurídicas o la integración social, y no solo de la ascendencia biológica.

La investigación no se limita al ADN humano. Así mismo analizamos patógenos antiguos presentes en los restos y detectamos varias infecciones virales, entre ellas el virus de la hepatitis B y el parvovirus B19.

Lepra sin señales de exclusión

De forma especialmente relevante, uno de los individuos portaba Mycobacterium leprae, la bacteria responsable de la lepra. A pesar de ello, fue enterrado siguiendo las prácticas funerarias islámicas habituales y sin señales evidentes de exclusión. Si la enfermedad ya se había manifestado en vida, este hallazgo sugiere que la lepra no implicaba necesariamente estigmatización o segregación en esta comunidad.

En conjunto, los datos apuntan a una sociedad formada por varias fases de movilidad, contacto y mestizaje. La Ibiza medieval, lejos de ser un lugar periférico, formaba parte de un mundo interconectado que unía la península ibérica, el norte de África y el África subsahariana.

En este contexto, el ADN antiguo no sustituye a la arqueología ni a las fuentes escritas. Pero añade una nueva línea de evidencia que permite medir la movilidad humana del pasado y comprender mejor cómo se formaron las sociedades medievales.

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